El sexo del bebé influye en el sistema inmunológico de la madre.

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Una investigación relaciona una respuesta del sistema inmunológico con mayor grado de inflamación en embarazadas con fetos femeninos.

Un equipo de investigadores del Wexner Medical Center de la Universidad  de Ohio, tuvo como objetivo encontrar si existe o no una conexión entre el sexo del bebé y la inmunidad de la embarazada.

El equipo fue dirigido por la Dra. Amanda Mitchell, una investigadora del Instituto de Investigación de Medicina del Comportamiento del Centro Wexner y los nuevos hallazgos fueron publicados en la revista Brain, Behavior and Immunity.

La investigación surgió a partir de algunos estudios realizados con anterioridad que sugerían que el sexo del feto influye en otras respuestas fisiológicas de la madre. En los estudios pasados, los niveles de glucemia, de presión arterial y cortisol han demostrado ser diferentes según el sexo fetal.

Para la nueva investigación, se analizaron a 80 mujeres en diversas etapas del embarazo. De estas futuras mamás, 46 estaban embarazadas de niños y 34 de niñas. Luego expusieron sus células inmunológicas a diversas bacterias para ver si respondían de diferente manera de acuerdo al sexo del bebé.

Los resultados demostraron que los fetos femeninos aumentaron los niveles de citocinas pro-inflamatorias. Las citocinas son moléculas de señalización que regulan la inmunidad y los niveles de inflamación.

También son conocidas como “moléculas de emergencia” porque son liberadas por el cuerpo para combatir enfermedades, ayudando a las células a comunicarse entre sí cuando surgen procesos inflamatorios.

Las citocinas forman parte de la respuesta inmunológica natural del cuerpo. Sin embargo, pueden causar enfermedades cuando existe algún desorden que haga liberarlas de forma crónica. La inflación es un componente crucial de la respuesta inmune, pero su exceso puede causar dolor y fatiga.

El estudio analizó los niveles de citocinas en sangre materna como los niveles en la muestra de laboratorio expuesta a diversas bacterias.


Los resultados sugieren que las mujeres embarazadas de niñas pueden experimentar síntomas más severos ante algunas enfermedades.
“Si bien las mujeres no mostraron diferencias en los niveles de citocinas en sangre de acuerdo al sexo fetal, descubrimos que las células inmunológicas de las embarazadas de fetos femeninos producían mayor cantidad de citocinas pro-inflamatorias al ser expuestas a bacterias. Esto significa que las mujeres embarazadas con fetos femeninos tuvieron una respuesta inflamatoria más elevada en comparación con las mujeres de fetos masculinos”.

El aumento de la inflamación detectado en este estudio podría explicar por qué las mujeres embarazadas de niñas tienden a tener síntomas más graves de algunas condiciones médicas preexistentes. Los ejemplos dados por los investigadores incluyen el asma y las alergias que parecen ser exacerbadas cuando la mujer está embarazada de una niña.

El autor principal del estudio explica la importancia de estos hallazgos:
“Esta investigación ayuda a las mujeres y a los obstetras a reconocer que el sexo fetal es un factor que puede afectar la forma en la que el cuerpo de una mujer responde a los desafíos inmunológicos cotidianos, infecciones o condiciones crónicas de salud (como el asma), evaluando además si estas respuestas pueden afectar la salud fetal”.

Sin embargo, son necesarias más investigaciones para comprender exactamente cómo es el mecanismo que produce la inflamación. Mitchell cree que las hormonas sexuales y otras hormonas que se encuentran en la placenta son las responsables de alterar los procesos inflamatorios al ser liberadas en el torrente sanguíneo de la madre.

“Es importante mantener una función inmunológica saludable, lo que no significa necesariamente aumentarla. Es problemático tener una respuesta inmunológica demasiado pequeña o demasiado grande”, agregó Mitchell.

“Dicho esto, la investigación también ha vuelto a demostrar que la actividad física fomenta un funcionamiento inmunológico saludable, al igual que la ingesta de algunos alimentos, como las verduras de hoja verde. También realizar actividades de relajación como la meditación y el yoga son recomendadas. Por supuesto, siempre es importante consultar a su médico antes de hacer cualquier cambio en su rutina o dieta”, señaló.