La lactancia no es sólo una etapa para alimentar y vincularse con el bebé, también es un período donde el organismo materno cambia de diversas formas.

Cuando un madre comienza a amamantar a su bebé, el cuerpo experimenta varios cambios que aparecen inmediatamente luego de dar a luz. Aquí te contamos cuáles son los más importantes.

Reducción del tamaño del útero

Cuando se amamanta el cuerpo empieza a segregar oxitocina, una hormona que contribuye en la contracción del útero luego del parto.

Cuando esto sucede, pueden sentirse cólicos en la parte inferior del abdomen, como si fueran dolores menstruales.

El útero se encogerá hasta su tamaño normal durante este período y el cuerpo se recuperará de los daños provocados en los tejidos durante el parto.

Gasto energético

Se estima que durante la lactancia se queman entre 300 y 500 calorías diarias. Esto equivale a correr durante 30 minutos.

De modo que la lactancia es una buena manera para hacer perder los kilos extras que quedaron luego del embarazo.
Como consecuencia de este gasto calórico puede notarse un aumento del apetito.

Cambios hormonales

Durante la lactancia aumentan los niveles de oxitocina y prolactina, dos hormonas indispensables para la producción de leche materna.

Sin embargo, estos cambios hormonales tienen dos efectos secundarios importantes: baja del deseo sexual y amenorrea (falta de menstruación).

Además, pueden sentirse cambios de ánimo ya que la oxitocina es la hormona que también se libera cuando nos enamoramos.

Otro efecto hormonal que se manifiesta durante la lactancia materna es la somnolencia, especialmente durante los primeros días luego del parto.

Pérdida de leche

Durante los primeros días del postparto aparecen fugas de leche materna en cualquier momento. Es algo natural y que incluso puede “activarse” cuando el bebé llora o al pensar en él.

Es como si los senos estuvieran alertas ante el más mínimo cambio emocional. Esto no es magia: la pérdida de leche ocurre cuando se segrega oxitocina ante los cambios anímicos de la madre al estar pendiente del bebé.

Cambios en la composición de la leche materna

A simple vista, la leche materna parece ser siempre igual. Muchas madres piensan que su composición es constantemente la misma. Sin embargo, esto no es así. La leche materna es una sustancia alimenticia que cambia de forma continua para satisfacer las necesidades del bebé.

Del lado nutritivo, la leche se adapta a los requerimientos del niño. La primera leche que toma el bebé cuando se lo amamanta es muy acuosa y sirve para saciar su sed. Luego viene la leche más espesa, con altos contenidos grasos para alimentarlo.

Del lado inmunológico la leche también cambia. Cuando el bebé se enferma la leche le brinda anticuerpos para combatir las enfermedades que pueden afectarlo. Incluso puede cambiar de composición en pocas horas, presentando diferencias de color muy perceptibles a simple vista.

Menor densidad ósea

Los requerimientos de calcio del bebé generan una disminución de este mineral en las reservas de del organismo materno. Por esta razón, las mujeres pueden perder entre un 3 y 5% de masa ósea durante la lactancia.

El descenso de los niveles de calcio también están relacionados a la baja en los niveles de estrógenos. No obstante, luego de los seis meses posteriores al destete el cuerpo recuperará los valores normales.

Para evitar una pérdida significativa de este mineral se necesita una alimentación completa durante el período de lactancia y en la etapa posterior de seis meses.
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