La intención de la mamá es generar conciencia sobre esta extraña afección que se puede desatar durante o después del embarazo.

Ashley Shaw es una joven de 26 años que vive en Inglaterra. Luego de dar a luz a su tercera hija, sintió que algo no andaba bien. Después del nacimiento de Layla, que ahora tiene dos años, sus períodos eran mucho más intensos y sentía dolores abdominales muy agudos. Dos síntomas que no había experimentado en los dos partos anteriores.

“Tuve la extraña sensación de que algo no estaba bien”, dijo la madre a un periódico local.

Ashley también comentó que sus dos embarazos anteriores habían tenido complicaciones pero que esta vez no había tenido ningún tipo de problemas hasta que nació Layla a las 32 semanas de embarazo.

“Layla nació ocho semanas antes, pesando 2 kilos y 240 gramos y gracias a Dios se fortaleció rápidamente”
Sin embargo, Ashley no tuvo tanta suerte cuando después de haberle realizado un Papanicolau de rutina, los estudios  resultaron positivos para una afección llamada enfermedad trofoblástica gestacional (ETG) o mola hidatiforme. Aunque la mayoría de estos tumores son benignos, el de Ashley lamentablemente no lo fue.

De acuerdo a la Sociedad Canadiense del Cáncer, esta forma de cáncer incluye “varios tumores que aparecen en el útero y comienzan en las células que forman la placenta durante el embarazo”. Se estima que este tipo cáncer representa menos del 1% de todos los cánceres del sistema reproductivo de las mujeres.

Aunque existían muchos tratamientos para atacar la ETG con cirugía, radioterapia o quimioterapia, los oncólogos decidieron realizar una histerectomía completa ya que la enfermedad podía extenderse rápidamente a otros órganos.

Lo que significaba que nunca más podría tener otro hijo, un panorama muy duro para Ashley que planeaba volver a ser mamá con su nueva pareja, que en cambio la acompañó en el diagnóstico y el tratamiento de la enfermedad.

“Los efectos anímicos de esta situación luego de lo que he pasado me han golpeado muy duro”, comentó la madre.

En marzo del año pasado Ashley fue internada en el Royal Hallamshire Hospital en Sheffield para la operación que duró  cuatro horas. Pero durante el procedimiento, el cirujano cortó de forma accidental una de sus arterias, complicando aún más su recuperación. Por esta razón tuvieron que extraerle toda la arteria de su pierna derecha y debió quedar internada diez días más.

“Me diagnosticaron depresión y me recetaron medicamentos y terapia psicológica. Me sentía como una mala madre, ya que no podía estar acompañando a mis hijos mientras me recuperaba, y no tener útero me hacía sentir menos mujer”.

La madre cuenta ahora su historia ya que piensa que puede ayudar a concientizar sobre esta extraña forma de cáncer para que las mujeres puedan obtener un diagnóstico temprano.

“Si puedo incentivar a una mujer a que continúe molestando a su médico cuando note que algo no está bien, valdrá la pena” agregó finalmente.
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