Luis Daniel Rey dice: "Cuando no estoy en el hospital atiendo en la casa, donde atiendo a los viejitos del campo".

"Pienso morirme con la chaquetilla puesta", dice Luis Daniel Rey, el médico que preside el pequeño hospital de Malanzán, un remoto pueblo en La Rioja, una de las provincias más pobres de Argentina.

De 56 años, cejas gruesas y ojeras pronunciadas, Rey se volvió famoso hace unos días luego de que los medios divulgaron una suerte de hazaña: presidió el hospital durante 39 días seguidos. De guardia.

"Pero no es la primera vez que pasa", "Lo que pasa es que ahora con el internet todo se sabe".

Luego de que su historia se viralizó, Rey recibió la llamada del presidente, Mauricio Macri, quien lo felicitó y le prometió que trabajaría por mejorar las condiciones en las que hacen su labor él y muchos médicos rurales en Argentina.

Hace unos días llegó refuerzo al hospital de Malanzán. Ahora, indica Rey, no del todo satisfecho "somos dos médicos haciendo un trabajo que deberían hacer tres".

Su testimonio denota un estilo de denuncia sobre la precariedad en que trabajan los médicos en el interior, pero sus palabras no son vehementes, mucho menos punzantes.

Para él, dice, trabajar jornadas de 18 horas por 39 días seguidos es el deber ser.

"Familia trabajadora"

Cuando niño, explica, acompañaba a su padre a trabajar como mecánico eléctrico por las noches.

"Yo le daba mate mientras trabajaba y luego me quedaba dormido en un banquito".

Al menos una vez por semana, asegura, su padre pasaba la noche en vela reparando autos y motos, porque 
durante el día recorría la provincia de San Juan vendiendo repuestos.

"Fui criado en una familia trabajadora".

La carrera en medicina la hizo en Córdoba, la segunda cuidad del país, donde trabajaba de mesero por las noches para costearse la vida mientras estudiaba.

"La juventud no es para divertirse, sino prepararse", añade.

Desde que se graduó de la universidad trabajó como médico rural; empleado de los gobiernos locales.


                                                                                                                                         
No es el único
La fama de Rey ha generado controversia, no solo porque revela cómo opera la salud en el campo, sino porque al parecer enfureció a las autoridades locales, que según prensa local divulgaron versiones de que era maltratador y mentiroso.

La polémica no se esclareció del todo, pero Rey siente pena: "Me gustaría ser noticia por otra cosa, no por tener un conflicto con (el gobierno) de la provincia".

Lo que él preferiría, asegura, es que se hable de lo que implica un pueblo de 4.000 personas –y otras 6 jurisdicciones– a cargo de un solo doctor.
"Porque médicos rurales que trabajan sin todos los medios hay en todo el país", indica.

 
Problema amplio
"Su caso, en otras palabras, es un granito en una enorme playa", concluye Gonzalo Basile, coordinador de la rama argentina de Médicos del Mundo, una organización internacional que da apoyo a poblaciones vulnerables.

El sistema de salud pública argentino es considerado uno de los más completos y avanzados de América Latina, en parte debido a una expansión que vivió en tiempos de bonanza durante el primer gobierno de Juan Perón en los años 50.

"Pero el mismo sistema que pasó de atender, y de manera eficiente, a 2 millones de personas en los años 60, hoy debe atender a 30 millones", añade Basile.

En medio de crisis políticas y económicas, el sistema de salud dejó de crecer hace 30 años.

"Y hoy está sobredemandado, en emergencia permanente y cada vez se dedica menos a los temas preventivos", dice Basile.

Una de las consecuencias de esto, asegura, es que las condiciones de empleo de los trabajadores del sistema se deteriore, como ilustra el caso de Rey.

Entre risas, el doctor  que hace unos años debió llevar a un recién nacido en su carro a la ciudad más cercana conectando la incubadora al encendedor del Renault 12.

"La ambulancia nuestra no tenía fuente de luz y no podía desconectar al bebé, así que lo llevé así por 200 kilómetros".

Y, según dice, no cobró la gasolina del trayecto.

"El día que esté por morirme –remata– probablemente voy a estar atendiendo desde mi cama".
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