El mosquito Aedes aegypti voló de África a Latinoamérica para causar preocupación entre la población; de los virus que trasmite a los humanos no existe aún un conocimiento pleno de sus consecuencias. Después de la epidemia del dengue, la fiebre amarilla, el chikunguña, y cuando todavía no ha pasado la del zika, científicos de la Universidad del Norte prevén la llegada de dos nuevas infecciones producidas por su picadura: mayaro y usutu.

El mayaro ya ha circulado en América pero con una muy baja incidencia, la enfermedad que causa se parece al chikunguña por el compromiso articular. El usutu, por su parte, se ha presentado solo en Europa y tiene manifestaciones neurológicas serías. Así lo afirmó Hernando Baquero, decano de la División de Ciencias de la Salud de Uninorte, quien agregó que “al continente vienen todos los virus que están circulando en África. Tenemos el vector que los trasmite, entonces solo debe ser cuestión de tiempo para que aparezcan casos a partir de sujetos infectantes que nos visiten”.

Las infecciones trasmitidas por este mosquito llegaron para quedarse, las que se han manifestado tienen una circulación simultánea casi permanente. Para los docentes, eso ha afectado las finanzas del sistema de salud por los recursos que implican los esfuerzos para contener las epidemias y resarcir sus secuelas posteriores. Asimismo, han evidenciado que persisten en América Latina problemas de desigualdad, que se convierten en las condiciones ideales para la reproducción del mosquito.

Criaderos naturales
Toda el área tropical y subtropical del planeta está infectada del mosquito Aedes aegypti, las características climatológicas y ecosistémicas de estas geografías son ideales para su reproducción. “Este insecto trasmite hasta 100 enfermedades que pueden afectar al ser humano, en Colombia solo han llegado cuarto; es decir que tenemos el riesgo de que lleguen las otros 96”, advirtió Alma Solano, secretaria de Salud del Distrito.

A este escenario se le unen dos más. El primero es que gracias a la globalización económica y los viajes transoceánicos, las distancias en el mundo se acortaron, y los grandes eventos masivos que aglomeran personas de todas las regiones propagan enfermedades en zonas donde nunca habían surgido. “Hoy los ciclos de las enfermedades se empiezan a acortar. Lo que antes duraba de 10 a 15 años en aparecer, ahora aparece cada 2 o 3 años”, indicó Baquero.

El segundo tema es de desigualdad social. Aún hoy, muchas áreas rurales y urbanas no cuentan con infraestructura básica en saneamiento ambiental, o sea con agua potable. Datos recientes del Banco Interamericano de Desarrollo reportan que el 33% de los habitantes de zonas rurales del continente americano (tres de cada diez) no cuentan con este servicio.

Los casos más graves se presentan en Bolivia y Haití. En Colombia el porcentaje de cobertura de acueducto promedio es del 82%, en la Costa Atlántica es a penas de un 71%, según cifras del Departamento Nacional de Planeación.

“El hecho de no contar con agua potable permanente ha perpetuado la costumbre entre nuestra población de acumularla por días o incluso semanas, cuando ella está disponible. Esta práctica favorece el desarrollo de criaderos masivos del mosquito. Pues recordemos que este se reproduce en agua limpia estancada en tanques, baldes, botellas, recipientes, piscinas, etc.”, indicó Baquero.

Todos estos aspectos fomentan la aparición y el resurgimiento de virus en epidemias como la que se vive actualmente con el zika, que a la fecha lleva 61.393 casos reportados en el país, de los cuales 401 están investigados por posibles complicaciones de desórdenes neurológicos.

Efectos alternos
La epidemia del zika, a diferencia de las anteriores, prendió las alarmas mundiales al punto de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró una emergencia internacional, por las asociaciones a afecciones neurológicas como la microcefalia y el Guillain Barré. Sin embargo, muchos efectos han pasado sin ser muy evidentes ante la población.

“Un ejemplo de eso es que en la reciente epidemia de chikunguña se diagnosticaron más de 200 recién nacidos con la enfermedad en Colombia, con la gran complicación de que uno de cada dos de los afectados puede quedar con algún grado de parálisis cerebral, por el tropismo por sistema nervioso central que tiene este virus”, indicó el decano Baquero.

Esta situación pone una presión económica adicional al sistema de salud, por el número de personas con discapacidad que pueden generar estas infecciones, y que requieren tratamientos especiales para mantener su calidad de vida.

Docentes de Uninorte calculan que los costos directos que corresponden a la atención en salud, la asistencia institucional y la educación especial de niños con microcefalia podría estar en alrededor de 12 mil dólares por año por paciente.

El Banco Mundial ya había dicho que esta epidemia del zika le costará a América Latina alrededor de cuatro mil millones de dólares, este año; lo que equivale a un 0,07% del Producto Interno Bruto (PIB) de la región.
“Estas enfermedades tienen un componente muy grave y es su relación con desórdenes neurológicos. Pero, además, parece que el zika puede afectar los glóbulos oculares y producir algún tipo de disminución de agudeza visual, y comprometer la audición. Es decir que podríamos tener una gran cantidad de niños ciegos y sordos. Este problema termina costándole plata al sistema de salud, una plata que es finita y que le quita recursos a otros programas como el de nutrición, crecimiento y desarrollo, vigilancia epidemiológica, embarazo de alto riesgo, entre otros”, dijo el pediatra neonatólogo, Hernando Baquero.

Prevención, la clave

Los esfuerzos para evitar nuevas infecciones trasmitidas por el mosquito Aedes aegypti deben estar enfocadas en la disminución de la población del insecto y de su contacto con las personas. Y entre las actividades de mayor impacto están ña eliminación de los criaderos del vector.
“Los caminantes de la salud recorren la ciudad buscando criaderos y sensibilizando a la comunidad. Ellos deben seguir con su trabajo porque el mosquito sigue existiendo, y la única forma de controlar la enfermedad es eliminando los criaderos”, dijo la secretaria de Barranquilla, Alma Solano.

Las recomendaciones siguen siendo las mismas: tapar o botar los recipientes con agua limpia y lavarlos con frecuencia. Para evitar las picaduras algunas acciones efectivas son usar repelente, ropa clara que cubra la mayor parte del cuerpo y toldillos para dormir.

La fumigación masiva es una solicitud permanente de la población, pero esta solo es recomendada en situaciones de emergencia para disminuir la presencia del mosquito adulto. Aunque si se usa en etapas tempranas puede reducir la trasmisión, el mecanismo es transitorio, porque su efecto solo dura unos días y no mata las larvas.

“La fumigación tiene sus indicaciones, porque genera una alta contaminación. Eso es un veneno y es altamente tóxico en humanos. Solo se utiliza en los casos donde encontramos casos positivos de una enfermedad con mosquitos adultos, o en sitios donde va a estar gran aglomeración de personas como se hizo en carnavales”, afirmó Solano.

Para contrarrestar la llegada de nuevos virus y los efectos de los existentes, los científicos de Uninorte, aparte de lo anterior, ven necesario fortalecer los sistemas de vigilancia epidemiológica, descentralizar la realización de las pruebas, regular la atención a los pacientes y consolidar equipos académicos interdisciplinarios que realicen investigaciones.

Mayaro resurge en Latinoamérica

Según un documento del INS, el virus Mayaro produce una enfermedad de síntomas inespecíficos parecidos a los del dengue, a través de la picadura de un mosquito. La diferencia es la artralgias que produce, un dolor agudo de las articulaciones, que puede estar acompañado de enrojecimiento, hinchazón o sensación de calor; y que podría generar incapacidad laboral. Pero la información en la literatura científica aún es escasa, diversa y dispersa.

Los brotes de mayaro registrados han sido esporádicos y localizados en la región selvática de la Panamazonia; es decir, en localidades rurales cercanas a bosques húmedos y a la selva amazónica de Perú, Bolivia, Surinam, Guayana Francesa, Guyana, Colombia, Brasil y Venezuela.
La infección causa fiebre, dolor de cabeza, dolor muscular, dolor retroocular, escalofríos, fuerte artralgia, mareos, náuseas, fotofobia –intolerancia a la luz que produce dolor-, anorexia, dolor abdominal, disminución de leucocitos y plaquetas en la sangre y erupción cutánea principalmente en el pecho, las piernas, la espalda, los brazos y con menor frecuencia en la cara.

En algunos casos se ha presentado diarrea, dolor de garganta, congestión nasal, tos y manifestaciones hemorrágicas. Todos los síntomas duran entre dos y cinco días, con excepción de la artralgia, la cual puede durar hasta dos meses y es capaz de generar incapacidad, afecta principalmente a las articulaciones y la unión de los tendones en las muñecas, tobillos, codos, rodillas y dedos.

Los pacientes se mantienen en reposo y son tratados sintomáticamente con analgésicos simples y/o fármacos anti-inflamatorios no esteroideos, que pueden proporcionar alivio del dolor y la fiebre. Solo se ha reportado un caso mortal a la fecha, que se registró en el 2001 en México, en un paciente que presentó durante 30 días encefalopatía, una pérdida de la función cerebral que ocurre cuando el hígado ya no es capaz de eliminar las toxinas de la sangre.

Usutu, la importación de Europa

La principal característica de la infección de usutu, también llamada fiebre del verano, es que puede pasar desapercibida en la mayoría de los casos. En otros produce fiebre y erupciones, y solo en un caso en Italia produjo meningitis; a pesar de eso se desconoce el potencial de causar en el hombre enfermedades graves asociadas.

Las aves silvestres son sus reservorios naturales, las cuales lo trasmiten a los mosquitos, y viceversa. Se mantienen en zonas rurales o selváticas; sin embargo, pueden producir brotes epidémicos en humanos y animales domésticos. Los casos podrían estar asociados con encefalitis –inflamación del cerebro- y otras afecciones neurológicas, pero la relación no se ha confirmado.
El virus se originó en Sudáfrica en 1959, y ha sido detectado en humanos y en mosquitos en diversos países del África Subsahariana, antes de su aparición en Europa en 2001, durante un episodio de mortalidad masiva de mirlos (aves) en los parques de Viena, Austria.

Desde entonces el virus no ha dejado de expandirse por todo el continente europeo, ya se ha detectado su presencia en Hungría, Suiza, Italia, España y, más recientemente, en Alemania y Reino Unido. Usutu todavía no ha sido reportado en territorio fuera de África, Europa y la zona mediterránea.
Aunque su rango geográfico ha aumentado en los últimos años en regiones donde no había aparecido, que van desde zonas tropicales y subtropicales hacia zonas templadas del planeta. Como en otros virus, su expansión es causada, entre otras cosas, por el calentamiento global y demás cambios climáticos; y por el fenómeno de la globalización que ha permitido un mayor acceso al transporte a nivel mundial.
Baja incidencia de la epidemia

Hasta el 26 de marzo, el Instituto Nacional de Salud había reportado 34 casos de microcefalia y 401 casos de síndromes neurológicos que están investigando. De esas cifras, el INS no registra casos de microcefalia en Barranquilla, pero sí reporta 59 de Guillain Barré. El Minsalud ha anunciado que estos casos se han incrementado en un 60% desde la aparición de la enfermedad. Colombia ya registra 61.393 casos de zika, de los cuales 11.239 se han presentado en gestantes. En la ciudad se presentan 4.186 casos, de los cuales 1.068 fueron en mujeres en embarazo. A la fecha, 34 países de América Latina han detectado transmisión del virus. Colombia es el segundo país más afectado, después de Brasil.
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