Chupar y masticar son conductas que hacen parte de la etapa oral.

Contrario a lo que muchos padres y cuidadores piensan, el comportamiento repetitivo de meterse todo a la boca de los niños entre 0 y 2 años, aproximadamente, no es solo natural y necesario, sino que es un deber de los adultos no restringirlo, prohibirlo o castigarlo, pero sí, tomar precauciones para evitar que los pequeños se hagan daño.

De acuerdo con Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, la etapa oral comienza con el nacimiento y se extiende hasta los 18 meses o un poco más. El autor describía esta fase como el momento en que toda la energía física, emocional y sexual, entendida como aquella relacionada con los impulsos instintivos del ser humano, se enfoca en la boca.

Todo comienza con la succión, pues para el lactante es su primera vía de supervivencia y el principal medio para acercarse a su madre. Además, desde el punto de vista del psicoanálisis, la acción de succionar da al bebé placer y sensación de gratificación por primera vez. Y es precisamente, a partir de esa edad, que el niño comienza a entender que la mejor forma de conectarse con su mundo exterior y sentirse seguro es a través de la boca. 

Por eso, es habitual verlo chupar una manta o un muñeco o, incluso, succionar sin un estímulo cuando está a punto de quedarse dormido.

Según la psicóloga psicoterapeuta, María Carolina Sánchez Thorín, en esta primera parte de la vida no está tan desarrollado el aspecto visual y auditivo. “Un bebé no se contenta solo con mirar o escuchar un objeto, sino que búsca metérselo a la boca para conocerlo. Más adelante también querrá tocarlo y mirarlo”.

Luego de la succión, el menor empieza a explorar otras funciones relacionadas con la boca, como morder, masticar, desgarrar (en la alimentación complementaria) y hasta lamer. Todo lo anterior, además de explorar, favorece el proceso de la dentición, masticación y es el precursor principal del lenguaje.

Ventajas para el desarrollo

Meterse objetos a la boca es un comportamiento indispensable para más adelante logren un desarrollo lingüístico adecuado, lo cual se constituye en uno de los objetivos a cumplir en la infancia. 

Según Milton Eduardo Bermúdez, director del Laboratorio de Psicología de la Pontificia Universidad Javeriana, coartar o limitar el uso de esta conducta exploratoria podría retrasar o desacelerar procesos propios del lenguaje, como el balbuceo, el gorjeo o la construcción de holofrases (cuando se emplea una sola palabra para comunicar una idea completa).

Una opinión similar tiene Carolina Molina, psicóloga especialista en clínica y desarrollo infantil y directora de Mentalizarte, quien asegura que los pequeños que viven esta etapa de manera adecuada pronunciarán mejor las palabras.

Pero también hay ventajas en el desarrollo cognitivo. Cuando el menor toma los objetos y los lleva a su boca empieza a entender que no todos tienen la misma textura, sabor o temperatura. Si el adulto le inhibe, de forma repetitiva, por miedo o inseguridad, puede que el bebé no alcance las metas de la edad en la que está.

En lo emocional, también hay implicaciones. “Impedirle excesivamente que lleve los objetos a la boca o, por el contrario, demorar el destete, puede generar ansiedad y dependencia. Pero si pasa por la etapa con éxito será más seguro y tendrá gran autoestima”, dice Molina. Así mismo,  estimular el sentido del gusto fortalece el sistema inmune. Claudia Lis Villanueva, pediatra de la Clínica Reina Sofía, indica que “es clave que exploren la comida para que más adelante no presenten aversiones a los alimentos”.

En su justa medida                                

Para evitar accidentes o situaciones difíciles, conviene seguir los siguientes consejos:

No deje que un bebé introduzca objetos en su boca que tengan un diámetro inferior al tamaño de un tubo de papel higiénico. Según Milton Bermúdez, por increíble que parezca, es posible que quepa en la garganta del pequeño.

Mientras el niño aprende a tener un mayor sentido del peligro, quite de los espacios que recorre todos los objetos que sean cortopunzantes, tengan sustancias tóxicas o representen una amenaza para él.

Bríndele elementos con diferentes texturas; suaves, rugosas o lisas. Esto no solo favorece la exploración, sino la etapa de la alimentación.

Cuando tome un objeto considerado inapropiado, preséntele otra alternativa en su reemplazo, como una bola de plástico, en lugar de decirle todo el tiempo ‘no’ a todo lo que encuentra.

Evite gritar, alarmarse demasiado y mucho menos golpear al pequeño cuando se meta a la boca algo prohibido. Esta conducta solo le crea inseguridad.

Una conducta típica de los niños en esta etapa es morder. Cuando esto suceda sin control, provéalo de rascaencías para calmar el dolor que produce la salida de los dientes.
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