Hay ocasiones en que el régimen alimenticio no llega a cubrir los requerimientos diarios de azúcar, por lo que el organismo tiene que recurrir a la que se almacena en músculos e hígado (glucógeno) para poder funcionar de manera apropiada.

Por lo tanto, cotidianamente se debe garantizar un consumo adecuado de glucosa mediante el seguimiento de una dieta que incluya los diferentes grupos de alimentos, como lácteos, frutas, verduras, grasas y carnes, ya que impedirá que el cuerpo se vea en la necesidad de producirla transformando grasas y proteínas, elementos vitales que cumplen con otras funciones.
"Es muy importante evitar que los niveles de glucosa bajen porque el principal afectado es el sistema nervioso, ya que no tiene la capacidad de almacenar el azúcar en sus estructuras internas y tampoco puede recurrir a otras sustancias del organismo para nutrirse, lo que podría provocar pérdida del conocimiento", indica el doctor Joel Rodríguez Saldaña, asesor de la Federación Mexicana de Diabetes. 

¿Dónde obtenerla?
 La glucosa es un nutriente perteneciente al grupo de los carbohidratos, los cuales están formados por carbono, hidrógeno y oxígeno, y se les clasifica como simples y complejos. Los primeros se caracterizan por tener sabor dulce, se digieren desde que entran en contacto con la saliva y pasan rápidamente a la sangre, por ello, nos brindan energía de inmediato.

A su vez, se dividen en monosacáridos (por ejemplo, la glucosa, fructosa y galactosa, cuyas fuentes principales son la miel, frutas, leche y jugo) y disacáridos (como la sacarosa, maltosa y lactosa, que se encuentran en azúcar de mesa, leche, cerveza y mermeladas).

Los llamados complejos no son dulces, tardan más tiempo en digerirse y, por tanto, su paso a la sangre es lento; entre ellos se encuentran los oligosacáridos (maltotriosas y dextrinas, contenidas, por ejemplo, en bebidas para deportistas o bizcochos) y polisacáridos. Estos últimos se dividen en feculentos (almidón y féculas, por ejemplo, papas, camote, cereales, pastas, pan y plátano) y fibrosos (celulosa, lignina y pectina, como arroz, tortilla, salvado de trigo y de avena, manzanas y verduras verdes, entre otros).

Debe considerarse que los carbohidratos siempre deben estar presentes en el organismo, ya que además de proveerlo de energía, permiten el "ahorro" de proteínas para construir y reparar los músculos. Deben constituir aproximadamente 60 por ciento de la dieta diaria, independientemente que ésta sea dirigida a deportistas, personas con diabetes, mujeres lactando o niños.
Cuidado con el abuso

El azúcar en su forma más pura contiene porciones de fibra (aportadas por la caña), y se le conoce como mascabado o morena, y su consumo representa doble beneficio al organismo, ya que permite tener mejor digestión y se absorbe en forma lenta, lo cual impide que los niveles de glucosa en sangre se incrementen rápidamente.

Cuando este nutriente es sometido a un proceso de refinamiento pierde toda la fibra, lo cual le resta sus propiedades digestivas y provoca que pase con mayor rapidez al torrente sanguíneo.
Asimismo, "el consumo excesivo de glucosa ocasiona que el organismo la convierta en grasas, las cuales pueden depositarse en arterias y dar lugar a un padecimiento conocido como aterosclerosis", afirma Rodríguez Saldaña. Por otra parte, puede descomponerse en la boca y producir ácidos que atacan el esmalte dental y producen caries, lo que regularmente ocurre cuando hay deficiente higiene dental y/o carencia de fluoruro.

Es importante saber que existen muchos mitos en torno al consumo de azúcar, pues se cree que este compuesto por sí sólo puede ocasionar diabetes, y no es así. Si en México cada vez se presentan más casos de esta enfermedad es porque hay factores de riesgo que la desencadenan, como tendencia étnica, herencia, sedentarismo y deficientes hábitos alimenticios.

La confusión se origina, según el doctor Rodríguez Saldaña, "debido a que el padecimiento se diagnóstica midiendo los niveles de azúcar en la sangre, los cuales se elevan cuando el páncreas deja de producir insulina o no genera la cantidad adecuada".

Puede considerarse que una persona padece diabetes si sus cifras de glucosa (en ayuno de ocho horas) superan 126 miligramos por decilitro de sangre. La clasificada como tipo 1 se presenta cuando las células productoras de insulina (denominadas beta) son atacadas por el propio organismo.
"Se piensa que ello se debe a que el páncreas de algunas personas puede presentar algunas imperfecciones, las cuales son reconocidas como ajenas por los glóbulos blancos y, como éstos se encargan de vigilar y procurar que no haya nada anormal dentro del cuerpo, destruyen las estructuras de dicho órgano", explica Rodríguez Saldaña.

En cambio, la diabetes tipo 2 se presenta cuando los músculos e hígado se muestran resistentes a la acción de la insulina; esto se presenta básicamente cuando las personas tienen antecedentes familiares del padecimiento, sufren obesidad, tienen hábitos alimenticios desequilibrados y no realizan actividad o esfuerzo físico.

Debe tenerse en mente que si los niveles de glucosa no se controlan se corre alto riesgo de desarrollar las complicaciones de la enfermedad, como cataratas, ceguera, daño renal, aterosclerosis (acumulación de grasa en la pared interna de las arterias), infarto de miocardio (tejido muscular del corazón), incremento en los niveles de colesterol, neuropatía diabética (sensación de quemazón en pies y ardor en piernas), amputación de extremidades, infecciones por hongos e hipertensión arterial.
El azúcar no tiene por qué dejar de ser un dulce nutriente y convertirse en una amarga experiencia. Todo depende de medir la cantidad que se consume y buscando el justo medio.

Autora: Karina Galarza Vásquez
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