El desarrollo de la patología quirúrgica ha sido similar al visto en otros lugares del mundo. En la evolución de esta disciplina cabe distinguir un período que puede denominarse clásico, hasta mediados del siglo XX y después, otro donde fue conformada la patología quirúrgica actual.
En el primero, la anatomía patológica se desarrolló conforme al modelo de los fundadores de la patología moderna, Virchow y Rokitanski, modelo que tuvo entonces su apogeo en Alemania. Los progresos consistieron no sólo en nuevos hallazgos, sino también en el mejor conocimiento de la patogenia de las enfermedades, como por ejemplo, tuberculosis, sífilis, tifoidea, endocarditis, glomerulonefritis y malformaciones.
Únicamente un campo permaneció inaccesible a la indagación patogénica: el de los tumores o neoplasias. En ese período alcanzó un gran desarrollo la patología general y se consolidó con Spielmeyer la neuropatología, iniciada el siglo anterior por Alzheimer y Nissl, entre otros. De este período es el tratado de patología especial de Henke-Lubarsch, de 40 volúmenes. Entre los muchos patólogos eminentes de esa época destacó la figura de Aschoff con numerosos aportes devigencia actual, entre ellos los referentes a la tuberculosis pulmonar, miocarditis reumática, sistema éxito-conductor, apendicitis, litiasis biliar y la concepción del sistema retículo-endotelial (1913-1914), hoy englobado en el sistema mononuclear fagocítico. Fuente principal del conocimiento patológico fue la autopsia y de gran importancia fue la correlación clínico patológica en el estudio, análisis y discusión de los casos.
Se debe recordar como el mayor impulsor de la patología quirúrgica a Velpeau, profesor de cirugía en la Universidad de París quien en su libro de enfermedades de la mama sentó las bases para el desarrollo de esta ciencia. Luego, debido en gran parte a los adelantos técnicos de la microscopia óptica así como también en las técnicas de inclusión, corte y coloración de los tejidos, se empezó a estudiar el efecto de la enfermedad en el individuo. Es así como nace la patología quirúrgica propiamente dicha, marcada por el surgimiento de innumerables pioneros de la patología quirúrgica en Europa y América. En Europa por ejemplo, con Carl Rouge y Johann Veit quienes introdujeron la biopsia quirúrgica como herramienta esencial
en el diagnóstico, y en América, primero con William S. Halsted y Welch, después con Stout y Ackerman e instituciones de prestigio como el Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas (AFIP) de Estados Unidos. Fue Lauren V Ackerman (Figura 2.3) quien describió las características básicas de la patología quirúrgica e implementó a los departamentos de patología como piezas clave en el diagnóstico en el medio hospitalario y extrahospitalario; sin embargo en Colombia, como lo reconocería la misión Humphreys en 1940, la gran mayoría de la patología no estaba presentando este cambio.
Tan sólo en Medellín y Bogotá, en esos años, comenzaba a darse un cambio hacia la nueva escuela norteamericana de patología quirúrgica inducido por el Doctor Manuel Sánchez Herrera, especializado en anatomía patológica, medicina tropical y zoología médica en la escuela de medicina de la Universidad de Harvard; fue profesor de anatomía patológica en la Universidad Nacional de Colombia y el pionero de las conferencias clínico-patológicas en el país; con él se comenzaron a hacer autopsias y a procesar especimenes quirúrgicos. Además, estuvo el aporte del Profesor Alfredo Correa Henao, formado en Johns Hopkins y creador del
Instituto de Anatomía Patológica de la Universidad de Antioquia. Gracias a estos dos pioneros, se introdujeron nuevos métodos de examen en los que la principal fuente de conocimiento fue la biopsia, lo que trajo consigo un cambio en la orientación de la patología. Hacia los años cincuenta se introdujeron la microscopía electrónica y la enzimohistoquímica; en los ochenta se incluye la inmunohistoquímica y en los noventa, las técnicas de genética molecular, principalmente la hibridación in situ y la reacción en cadena de la polimerasa, aparecen como herramientas diagnósticas importantes. La orientación se centró en el diagnóstico, aumentaron la precisión, la cantidad y las variantes diagnósticas y nacieron las subespecialidades
(dermatopatología, ginecopatología, neuropatología, entre otras). La incorporación de los métodos de la genética molecular dió origen a la patología molecular, rama de extrema importancia en el futuro y desarrollo de la medicina; y por otro lado, el hallazgo de alteraciones cromosómicas en las lesiones neoplásicas, abrió el campo del estudio de la patogenia tumoral y ha ofrecido un fundamento diagnóstico de gran precisión. A partir de ahí, a comienzos de la década de los noventa se empezaron a descubrir genes alterados en diversos tumores y enfermedades (adenomas intestinales, cáncer de la próstata, cáncer de mama, enfermedad de Alzheimer, neurofibromatosis periférica y central, entre otras).
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