¿QUÉ ES LA ENFERMEDAD DE HUNTINGTON?
La EH es una enfermedad rara que afecta aproximadamente a uno de cada 10.000 habitantes en la mayoría de los países europeos, aunque existe en las demás partes del mundo y en diferentes proporciones. En España, por ejemplo, unas 4.000 personas tienen la enfermedad y más de 15.000 afrontan el riesgo de haber heredado el gen de la EH porque tienen o tuvieron un familiar directo afecto de la misma. La enfermedad pueden heredarla y se desarrolla por igual hombres y mujeres, sin diferencias en clase social ni grupos étnicos.
La mayor parte de las personas desarrollan la enfermedad durante la vida adulta, es decir, entre los 35 y los 55 años, aunque aproximadamente un 10% de las personas desarrollan síntomas antes de los 20 años de edad (EH juvenil) y otro 10% después de haber cumplido los 55 años. Es poco frecuente que aparezcan síntomas antes de los diez años de edad (EH infantil).La EH es una enfermedad mortal que va progresando de forma gradual y lenta. La duración media es de 15 a 20 años, pero varía de una persona a otra.
La EH tiene su causa en la mutación del gen que codifica una proteína llamada huntingtina (Htt). Esta mutación hace que se produzca una forma alterada de la proteína Htt, lo que conlleva la muerte de las células nerviosas (neuronas) en algunas áreas del cerebro. La mayoría de las personas con EH no mueren como consecuencia de esta enfermedad, sino debido a problemas de salud derivados de la debilidad corporal que produce la EH, sobre todo por atragantamiento, infecciones (como neumonía) y fallo cardíaco.


SÍNTOMAS Y PROGRESIÓN DE LA EH
Los primeros signos de la enfermedad son muy leves y pueden consistir en pequeños cambios en la personalidad o el carácter. La falta de memoria, la torpeza y los movimientos "erráticos" de los dedos de las manos o de los pies pueden ser un signo. A menudo, durante estos estadios tan iniciales de la enfermedad, los pacientes no visitan a ningún médico y pueden pasar varios años hasta que se realice un diagnóstico médico. Por lo tanto, el inicio de la EH se describe como "insidioso", pues la enfermedad se manifiesta muy lentamente.
La EH se caracteriza por una combinación de alteraciones motoras (movimiento), psiquiátricas (de personalidad o carácter) y cognitivas (pensamiento). Los síntomas de la EH varían de una persona a otra en amplitud, severidad, edad de comienzo y velocidad de progresión, incluso entre los miembros de una misma familia. Por ejemplo, una persona afectada por EH puede tener una alteración muy llamativa del movimiento, pero solo algunos síntomas psiquiátricos leves y poco deterioro intelectual, mientras que otra puede tener depresión y ansiedad muchos años antes de que aparezcan movimientos anormales.

Una de las primeras alteraciones de movimiento es el corea (movimiento similar a "la danza"). El término "corea" proviene del griego choreia, que significa "danza". Al comienzo de la enfermedad, este exceso de movimiento es poco frecuente y no muy amplio. Los pacientes con EH también muestran lentitud para el inicio de los movimientos voluntarios, lo cual es muy sutil y se denomina bradicinesia (lentitud de los movimientos).

Según va progresando la enfermedad, estos síntomas se hacen más evidentes. En los estadios intermedios de la enfermedad pueden darse movimientos más amplios en los músculos de las piernas, cara y tronco. La lentitud en los movimientos puede que haya empeorado pero esto puede estar enmascarado por el corea. Así mismo, la distonía puede ser evidente. Este término hace referencia a la contracción lenta y exagerada de un músculo, lo que produce movimientos repetitivos y torcidos. Por lo tanto, los síntomas motores de la EH son una combinación de corea, bradicinesia y distonía, lo que afecta de forma importante a la postura, el equilibrio y la marcha. En algunos casos, la persona puede parecer tiesa y rígida. Las alteraciones oculomotoras (movimientos del ojo) también son frecuentes. Gradualmente, el habla del paciente es menos clara y pueden aparecer dificultades para tragar alimentos, lo que conlleva pérdida de peso. Puede ser beneficioso visitar a un logopeda o a un experto en nutrición.
Además de las alteraciones del movimiento mencionadas anteriormente, en la EH se producen cambios en la personalidad y en el comportamiento (carácter). Los síntomas psiquiátricos más frecuentes en la EH son depresión, apatía, ansiedad, irritabilidad, arrebatos de cólera, impulsividad, comportamientos obsesivo-compulsivos, alteraciones del sueño y aislamiento social. De vez en cuando también se observan ilusiones (o falsas creencias) y alucinaciones (ver, oír o sentir algo que realmente no existen).

La EH también se caracteriza por una alteración progresiva de las capacidades cognitivas (de pensamiento), que abarcan la comprensión, el razonamiento, el juicio y la memoria. Los síntomas cognitivos incluyen lentitud de pensamiento, dificultad para la concentración, la organización, la planificación, la toma de decisiones y la capacidad para responder preguntas, así como problemas de memoria a corto plazo y alteración de la capacidad para retener y entender información nueva y para solucionar problemas.
Existe otro tipo de síntomas que aparecen según progresa la enfermedad, como la pérdida de peso, las alteraciones del sueño y la incontinencia urinaria.
Según la clasificación del Dr. Ira Shoulson, la progresión de la EH se divide en cinco estadios:
• Estadio inicial: La persona tiene diagnóstico de EH y puede realizar todas sus tareas, tanto en casa como en el trabajo.
• Estadio intermedio inicial: La persona puede realizar su trabajo pero con menor capacidad. Puede seguir haciendo frente a las tareas diarias, pero con algunas dificultades.
• Estadio intermedio tardío: La persona ya no puede realizar un trabajo remunerado ni hacer frente a sus responsabilidades domésticas. Precisa supervisión o ayuda para llevar su contabilidad diaria. Puede encontrar problemas para realizar otras actividades cotidianas, para las cuales solo requiere una pequeña ayuda.
• Estadio avanzado inicial: La persona es dependiente para sus actividades de la vida diaria, pero puede seguir siendo atendida en casa por sus familiares o cuidadores profesionales.
• Estadio avanzado: La persona requiere ayuda para sus actividades de la vida diaria y normalmente se hacen necesarios cuidados de enfermería profesionales.
Síntomas de EH Juvenil y de comienzo tardío
Cuando la EH tiene un comienzo temprano (es decir, antes de los 20 años), el corea es menos prominente, mientras que la lentitud del movimiento (bradicinesia) y la rigidez se hacen más prevalentes. En la mayoría de los casos, la progresión de la EH juvenil suele ser más rápida que en el adulto. Las primeras características de la EH juvenil pueden ser importantes cambios conductuales, problemas de aprendizaje, fracaso escolar y problemas de lenguaje. Ocasionalmente se pueden dar ataques epilépticos en la EH, y estos son más frecuentes entre los pacientes jóvenes.
Cuando la EH aparece a edades avanzadas, se suele caracterizar por tener más corea, mientras que la lentitud y la rigidez son menos prominentes. Cuando la EH tiene un comienzo tardío, es más difícil trazar una historia familiar, pues los padres de la persona afecta habrán fallecido sin mostrar síntomas de la enfermedad.

HERENCIA
Una persona afectada de EH puede pasar la enfermedad a su descendencia con una probabilidad del 50% en cada embarazo, sin diferencia entre sexos tanto de progenitores como de descendientes. Por ejemplo, en una familia con tres hijos es posible que hereden el gen alterado uno, dos o los tres hijos, así como los tres pueden heredar el gen normal, y por tanto, libarse todos los miembros de desarrollar la enfermedad.

Para poder desarrollar la enfermedad se tiene que haber nacido con el gen alterado de la EH. Ser una persona con riesgo significa que el padre, la madre o alguno de los abuelos de esa persona es portador del gen alterado de la EH, independientemente de que haya desarrollado síntomas o no. Si uno de los progenitores está afecto, se tiene un riesgo del 50% de haber heredado el gen. Si uno de los abuelos está afecto y no se sabe si el padre/madre ha heredado el gen o no, entonces el riesgo de haber heredado el gen es, estadísticamente, del 25%. Por definición un portador no está afectado por la enfermedad, a menos que haya empezado a mostrar síntomas y signos.
Como se ha apuntado, el riesgo de heredar la EH al nacer es del 50%. Dado que la EH suele aparecer hacia la mitad de la vida, al pasar esta época el riesgo de padecer la enfermedad va disminuyendo, si es que usted no se sometió a las pruebas predicativas, y decidió no conocer si heredó o no el gen de la EH. En este caso, si usted cumple 60 años sin síntomas, su riesgo de desarrollar la EH será más bajo.

Puede darse EH sin que haya una historia familiar, pero es muy raro. Los casos cuando se da EH sin que haya una historia familiar se denominan mutaciones "de novo". Esto significa que se ha producido una mutación nueva y espontánea, que no ha sido heredada de los padres.
Si ambos progenitores son portadores del gen anómalo de la EH, esta es una situación extremadamente rara. Si los dos son portadores del gen anormal, los hijos/as tienen un riesgo del 75% de heredar la enfermedad. Dentro de este 75 %, existe el 25% de probabilidad de heredar los genes anómalos de ambos progenitores. A las personas que les sucede esto (que todavía es mucho más extraño) no tienen una edad de inicio diferente, pero pueden presentar una progresión más rápida.


TENER DESCENDENCIA
Cada hijo de una persona portadora del gen de la EH tiene un 50% de probabilidades de heredar el gen alterado. Si usted tiene un riesgo del 50% de haber heredado el gen y decide no pasar el test predictivo, estadísticamente, sus hijos tienen un riesgo del 25% cada uno. Si una persona no hereda el gen alterado de la EH, no desarrollará la enfermedad y no se la puede transmitir a la siguiente generación. La EH no se salta ninguna generación, pero los síntomas de la enfermedad sí pueden hacerlo; por ejemplo, si la persona portadora de la enfermedad fallece antes de que estos empiecen a manifestarse, lo que hace más difícil seguir la historia familiar.
La decisión de tener hijos o no siendo portador/a de la EH es una cuestión personal que solo usted y su cónyuge/pareja pueden tomar. Nosotros aconsejamos que se dirijan a una consulta con un genetista para que les oriente. Hoy en día hay ciertas técnicas genéticas disponibles en algunos países que minimizan el riesgo.
Una de las técnicas genéticas disponibles en la actualidad permite realizar el análisis al feto, es decir, un análisis prenatal (antes del nacimiento). Este tipo de test se debe hacer cumpliendo ciertos criterios médicos y legales que varían de un país a otro.
El análisis prenatal se puede hacer de dos maneras: mediante amniocentesis (también llamada análisis de líquido amniótico), un procedimiento en el que, utilizando una aguja, se extrae y analiza el líquido amniótico, que contiene todo el material genético del feto, habitualmente tras la semana 14.ª de embarazo; o mediante el análisis de una muestra del cordón umbilical (material de la placenta), que se puede hacer antes (entre la 9.ª y la 12.ª semana de embarazo) pero tiene más riesgo para el feto. Existe un análisis que se llama "de exclusión", que compara el patrón genético del feto con el de los abuelos.

Si duda, la forma menos intrusiva y menos traumática, es la posibilidad de concebir un hijo que no tenga el gen de la EH. La técnica empleada se denomina análisis genético preimplantacional (PGD) o análisis embrional, y es un procedimiento moderno que se realiza en combinación con la técnica de fertilización in vitro (FIV) donde los embriones son analizados antes de proceder a su implantación. Mediante esta técnica solo se implantan aquellos que no tienen el gen alterado de la EH, por lo tanto, el PGD proporciona la posibilidad de concebir un hijo sin el gen mutado de la enfermedad, con independencia de que sea la madre o el padre el portador de la mutación. No obstante, el PGD está prohibido en algunos países por leyes que pretenden proteger a los embriones.
Añadiremos a este punto antes de cerrarlo, y en otro orden de cosas, que los niños han de conocer la existencia de la EH a través de sus padres y no de terceras personas. Si no son informados, pueden pensar que el comportamiento de su progenitor afecto se debe al consumo de alcohol o de drogas, o que sus padres no los quieren. Pero, ponga atención en hacerlo de una manera adecuada para su edad y con lenguaje fácilmente comprensible para ellos. En términos generales, es importante que los niños lo sepan tan pronto como su familiar muestre síntomas de la enfermedad; esto evita que saquen conclusiones equivocadas sobre la conducta de dicho familiar.

ASPECTOS GENÉTICOS

Los cromosomas contienen genes, que son las unidades básicas de la herencia. Un gen es una secuencia de ADN (ácido desoxirribonucleico) que codifica para una determinada proteína. El ADN es un polímero (una cadena larga) compuesto de nucleótidos cuya estructura es una doble hélice. Un nucleótido es un compuesto químico con una base de ADN (adenina, guanina, citosina o timina) unida a una molécula de azúcar (desoxirribosa) y a un grupo fosfato. El ADN contiene la información genética, que es traducida a una secuencia específica de aminoácidos que forman las proteínas.
Los humanos somos diploides. Esto significa que tenemos dos copias (también llamadas alelos) de cada gen, cada una heredada de uno de nuestros progenitores. Una célula humana contiene 23 pares de cromosomas. En cada par, un cromosoma viene del padre y el otro de la madre.
La EH es una enfermedad genética hereditaria causada por mutaciones en un gen (el gen de la EH) que se encuentra en todas las células del cuerpo desde el momento de la concepción. Esto significa que la enfermedad va pasando de una generación a la siguiente.
La EH es una enfermedad genética autosómica. Esto implica que afecta tanto a hombres como a mujeres porque el gen alterado se localiza en un cromosoma que es igual en los dos sexos (autosómico o no ligado al sexo).
La EH es una enfermedad genética dominante, lo cual quiere decir que con una sola copia del gen alterado de cualquiera de los dos progenitores es suficiente para heredar la enfermedad. En otras palabras, la mutación del gen de Huntington domina sobre la copia normal del padre sano.
En 1993, los científicos identificaron el gen que causa la EH. Está localizado en el cromosoma 4. Este gen codifica para una proteína llamada huntingtina (Htt). En la primera parte del gen de la EH hay una secuencia de tres nucleótidos, citosina-adenina-guanina (CAG), que se repite varias veces (es decir, CAG-CAG-CAG-CAG…). A esto se le llama "repetición de trinucleótidos". De acuerdo al código genético, el trinucleótido CAG codifica un aminoácido llamado glutamina, por lo que a la secuencia de repeticiones CAG que forman una cadena de glutaminas se le llama "poliglutamina".
Un número de repeticiones de trinucleótidos de hasta 35 unidades CAG se considera normal. Cuando el gen de la EH contiene más de 40 repeticiones CAG, la proteína alterada de huntingtina producida por el gen causará la EH en la vida de la persona. Por lo tanto, la causa de la EH es una repetición expandida de trinucleótidos y forma parte de las enfermedades por poliglutaminas. Las personas con un número de repeticiones intermedias (entre 36 y 39) puede que nunca desarrollen síntomas de la enfermedad o que estos aparezcan a una edad avanzada. Por otro lado, un número elevado de repeticiones CAG se asocia a una edad de aparición temprana (antes de los 20 años de edad), lo que se conoce como enfermedad de Huntington juvenil. Existe una gran variedad en el número de repeticiones CAG, pero los pacientes menores de 10 años (EH infantil) suelen tener más de 80 de ellas.
Algunas familias comienzan a mostrar síntomas a una edad avanzada en comparación con otras. Es complicado determinar los factores implicados en la edad de inicio de la enfermedad y estos se están estudiando actualmente. Existe una relación inversa entre el número de trinucleótidos y la edad de inicio: en general, a mayor número de repeticiones CAG, más temprano comienza la enfermedad. No obstante, este no es el único factor responsable de la edad de inicio, ya que esta relación parece estar influida por otros genes (llamados genes modificadores) y también puede haber factores ambientales implicados.

Referente a la EH juvenial, en el 75% de los casos la mutación se ha heredado del padre y en el 25% de los casos, de la madre. Cuando el gen tiene más de 29 unidades de CAG, el número de repeticiones puede aumentar en la siguiente generación, aunque es muy raro. Cuando el gen tiene un número de repeticiones de CAG suficiente como para producir la enfermedad (36 o más) hay más probabilidades de que esta cifra cambie al pasarlo a la siguiente generación. Cuando las repeticiones de CAG se heredan del padre, es más probable que se produzca un aumento y no una disminución de las mismas. El progresivo incremento de las repeticiones lleva a una aparición de los síntomas de la enfermedad a una edad más temprana; a este fenómeno se lo conoce con el nombre de anticipación. Dado que es más probable que se dé cuando el progenitor afecto es el padre, la mayor parte de los casos de EH juvenil se heredan de él. No obstante, la EH juvenil es rara. Además, tener en cuenta que si el padre es el afecto, eso no implica que sus hijos necesariamente tendrán EH juvenil.
Se han descrito algunas enfermedades, genéticas, parecidas a la EH (desorden neurológico similar a la enfermedad de Huntington [Huntington disease-like neurodegenerative disorder, HDLD por sus siglas en inglés]), pero los genes responsables de las mismas son distintos a los de la EH. Además la naturaleza y los síntomas de dichas enfermedades son ligeramente diferentes.

DIAGNOSTICO

Si usted cree que padece EH debería consultar con un especialista en esta enfermedad (un neurólogo habitualmente) para que le haga algunas pruebas diagnósticas, tanto clínicas como genéticas. Si usted ya tiene síntomas de la dolencia, el médico le diagnosticará en base a la historia médica y a las pruebas clínicas. Los resultados de este diagnóstico se contrastarán con los resultados de las pruebas genéticas (pruebas confirmatorias). Si usted no tiene ningún síntoma pero tiene riesgo porque uno de sus padres tiene EH, puede ser portador asintomático del gen alterado. En este caso, el diagnóstico se basará únicamente en la prueba genética.
La prueba genética que se realiza se denomina "test predictivo", y permite determinar si una persona desarrollará una enfermedad genética. Como su nombre indica, se realiza en personas presintomáticas, es decir, sin signos o síntomas de la enfermedad. Cada persona debe decidir si quiere pasar el test predictivo o no. A algunas personas les produce mucho malestar el no saber si son portadoras o no de la mutación. Para otras, sin embargo, el saber que van a desarrollar una enfermedad mortal es incluso peor.

Puede ser muy preocupante vivir sabiendo que existe riesgo de padecer EH; a veces es mejor saber a ciencia cierta si se tiene o no el gen anormal de la enfermedad. En este punto es muy aconsejable el consejo genético. Acudir a una clínica genética permite disponer de información cierta y actualizada sobre la enfermedad. También da la oportunidad de comentar las distintas opciones disponibles. Habitualmente se mantiene una consulta con un genetista, que le permite comentar todas sus dudas referentes a la EH. Si decidiese pasar el test predictivo, tendría varias citas médicas con el equipo que le guiaría durante todo el proceso. También se le extraería una muestra de sangre. La revelación de los resultados se realizaría a las 2-8 semanas, dependiendo del centro donde le atendiesen.

En general, la edad mínima recomendada para pasar el test predictivo son los 18 años, pues se supone que la persona tiene la madurez suficiente como para ser consciente de lo que significa ser portador del gen anómalo. En casos excepcionales, puede ser aconsejable realizar el test genético a niños que, por ejemplo, muestran signos de EH juvenil o en menores de 18 años si están embarazadas.

El análisis genético solo está disponible en las clínicas genéticas especializadas. Ha de solicitar acudir a ellas a través de su médico de cabecera. Normalmente se extrae el ADN de las células sanguíneas del posible portador, pero a veces se analiza también la sangre de los progenitores para confirmar el diagnóstico de EH. El análisis genético es una prueba de ADN que determina el número de repeticiones CAG del gen de Huntington y, por lo tanto, detecta la mutación de la EH. El análisis puede dar como resultado si se es portador del gen mutado o no, pero no puede determinar cuándo se desarrollará la enfermedad.

Se pueden diferenciar cuatro tipos de resultados:
• Por debajo de 27 repeticiones CAG, significa que se es una persona normal.
• Entre 27 y 35 repeticiones, significa que se es una persona normal pero con un pequeño riesgo de que el número aumente en generaciones futuras.
• Entre 36 y 39 repeticiones, el resultado es anormal, pero hay posibilidad de que la enfermedad se desarrolle a una edad muy avanzada o de que no llegue a hacerlo.
• Por encima de 40 repeticiones, el gen es anormal.

La EH es una de las pocas enfermedades hereditarias en las que es posible realizar un análisis genético. Normalmente estas pruebas se confirman por duplicado con dos muestras de sangre distintas. Los resultados son confidenciales y solo se dan a una tercera persona con un permiso escrito.

Dependiendo del estadio de la enfermedad en el que se encuentre y de si su condición genética afecta a otras personas, puede ser muy importante comunicar su situación a las personas que le rodean. Por ejemplo, su cónyuge o pareja debería saber que usted es portador del gen. Si los síntomas de la enfermedad empiezan a afectar a su rendimiento laboral, debería informar a sus jefes. Pero ha de tener en cuenta que a veces informar a otros implica pérdida de contacto social, así como discriminación en el trabajo y por parte de las compañías aseguradoras. Antes de tomar una decisión al respecto, debería consultar a un especialista en aspectos legales relacionados con la EH. Tenga siempre en cuenta, que la EH es mortal a muy largo plazo. La duración media de la enfermedad desde el comienzo de los síntomas hasta el fallecimiento es de unos 15 a 20 años, por lo que tomar cualquier tipo de decisión desde el momento en que se conozca que se es portador, debe ser realizado con las mayores garantías y seguridad de que es lo que mejor nos conviene.

TRATAMIENTOS

Desgraciadamente, hoy en día no existe ningún fármaco cuya eficacia haya sido probada en el tratamiento de las causas subyacentes a la EH, aunque en los últimos años la investigación básica y clínica ha contribuido a un conocimiento más profundo sobre esta enfermedad. Existen muchos estudios sobre la patogénesis de la EH que intentan encontrar fármacos que puedan prevenir o enlentecer su progresión (llamados tratamientos modificadores de la enfermedad). Hoy en día se están estudiando muchos compuestos desde el punto de vista básico que pueden estar disponibles para realizar ensayos clínicos a corto plazo.
Aunque no hay cura para la EH de momento, algunos tratamientos pueden controlar los síntomas de la enfermedad (tratamientos sintomáticos) y mejorar la calidad de vida. Estos tratamientos se dividen en farmacológicos (medicamentos) y no farmacológicos. Los tratamientos farmacológicos son cualquier medicina que se utilice para tratar los síntomas de la EH. Los tratamientos no farmacológicos pueden mejorar tanto los síntomas físicos como los psicológicos de la enfermedad, y entre ellos se cuentan la psicoterapia, la fisioterapia, la terapia respiratoria, la logoterapia o la terapia cognitiva. Se ha comprobado que estas terapias mejoran el estado de ánimo, el control motor, el habla, el equilibrio o la deglución; en otras palabras la calidad de vida del enfermo.
Los síntomas que causan más problemas son: corea, bradicinesia, irritabilidad, apatía, depresión, ansiedad y trastornos del sueño. Estos síntomas se pueden tratar con diferentes fármacos. Algunos fármacos antipsicóticos (neurolépticos) se utilizan para tratar el corea y las hipercinesias; los antidepresivos para la depresión, la apatía y otras alteraciones del ánimo; los ansiolíticos para la ansiedad; y los somníferos para tratar las alteraciones del sueño. Sin embargo, muchas medicinas pueden tener efectos secundarios o adversos. Además los mismos medicamentos pueden producir diferentes efectos en distintas personas. Por lo tanto, el tratamiento ideal lo ha de determinar para cada persona un especialista con experiencia en la EH, acorde con los síntomas y el efecto de los fármacos.

Por otro lado, y quizá de forma complementaria, se ha discutido mucho sobre los beneficios que tiene una dieta rica en vitaminas, coenzimas y otros compuestos (por ejemplo, creatina, coenzima Q10 y etil-EPA) pero no existen datos clínicos que lo hayan podido probar. Durante los últimos estadios de la enfermedad, se produce una importante pérdida de peso y sería necesaria una dieta rica en calorías. Es de gran ayuda consultar a un nutricionista.

VIDA COTIDIANA
Un resultado positivo para EH puede cambiar su vida en muchos aspectos. Por ejemplo, puede afectar a su decisión de tener hijos, de planificar el futuro, de buscar una vivienda adecuada, modificar el orden de sus prioridades, etc. Puede resultarle más difícil conseguir una hipoteca, un seguro de vida o un seguro sanitario. Por lo tanto, a las personas con riesgo de EH se les aconseja que tomen este tipo de decisiones que afectan a su vida futura antes de someterse al análisis predictivo o antes de que los síntomas aparezcan y se realice el diagnóstico de la enfermedad.
La EH irá afectando de forma progresiva su habilidad para vivir de manera independiente. Le va a resultar más difícil realizar su trabajo, actividades sociales y, en general, las de la vida diaria. Según vaya avanzando la enfermedad necesitará más ayuda y se hará más dependiente de otras personas, como familiares, profesionales de la salud y asistentes sociales. Como ejemplo, en algunos países es obligatorio informar a las autoridades de que ha sido diagnosticado de una enfermedad que puede afectar a su capacidad para conducir. Algunas veces, a las personas que están en los primeros estadios de la enfermedad se les conceden permisos de conducción que se renuevan en un período más corto de tiempo.

Muchos pacientes y cuidadores de EH consideran que los problemas conductuales son más complicados que las dificultades motoras o cognitivas. Entre los primeros se incluyen especialmente la depresión, la apatía, la ansiedad, la irritabilidad y las conductas obsesivo-compulsivas. Además de eso, los problemas cognitivos pueden tener también un gran impacto en la vida diaria. La EH afecta a ciertas regiones del cerebro que normalmente controlan la planificación de tareas para el futuro (funciones ejecutivas) y la capacidad de concentrarse en más de una tarea al mismo tiempo (flexibilidad cognitiva). Por lo tanto, los pacientes con EH pueden verse sobrepasados a la hora de realizar actividades o tener dificultades para prestar atención y adaptarse a situaciones cambiantes. Además, los problemas del sueño pueden afectar la vida familiar, ya sea por una carencia del mismo durante la noche o por un exceso a lo largo del día.

Las estrategias para enfrentarse a la EH han de diseñarse de forma individual teniendo en cuenta a la persona afecta, el estadio de la enfermedad y el contexto familiar. Dado que la esta dolencia progresa muy lentamente, tenemos tiempo para ir adaptándonos a los cambios que produce. Con un mejor conocimiento de las limitaciones cognitivas y conductuales es más fácil poder desarrollar estrategias que nos permitan habituarnos mejor a los cambios y mantener una atmósfera acogedora y una relación agradable con las personas que padecen EH. También puede solicitar información importante y consejos valiosos tanto a los especialistas en EH como a las organizaciones de autoayuda que haya en su país, o región.
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