Un grupo de investigadores del Conicet describió el modo en el que actúa el mecanismo disparador de la sensación de placer. Estiman que con este avance se podrá dar con una droga para controlarla




El trabajo, que acaba de publicar la revista científica Nature Neuroscience, fue experimentado sobre el primer ratón mutante creado en la Argentina con la técnica de genética molecular de ratones.

“Sin duda, entender cómo funciona este sistema puede orientar el diseño de una droga para atenuar fenómenos de adicción”, afirmó el químico Marcelo Rubinstein en una rueda de prensa en el Instituto de Investigaciones en Ingeniería Genética y Biología Molecular.


“El valor de nuestro trabajo es que rompió una pared para estudiar ‘in vivo’ en ratones el feedback inhibitorio, un sistema que encontró la manera de protegerse a sí mismo para mantenerse en escala”, dijo Rubinstein, investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).

El feedback define al conjunto de respuestas que manifiesta un receptor respecto al rol del emisor, las que son consideradas por este para adaptar su mensaje.

“El descubrimiento de los autoreceptores (que reconocen al receptor) es un invento argentino que rompió el dogma de que el flujo de información era unidireccional, y vio que la propia neurona que libera dopamina la recaptura para informar al organismo que ya tiene suficiente”, afirmó Rubinstein, profesor de Fisiología y Biología Molecular y Celular de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

Se trata de un mecanismo que hasta ahora no había sido estudiado en un receptor presináptico, que es el que rompe una droga o sustancia psicoactiva, provocando la liberación sostenida de dopamina.

La sinapsis es el contacto entre neuronas a través del cual se lleva a cabo la transmisión del impulso nervioso, que se inicia con una descarga química y alcanza el extremo del axón (conexión con la otra célula) para segregar neurotransmisores como la dopamina, que se depositan en el espacio sináptico intermedio para excitar o inhibir la acción de la otra neurona.

“Son unos receptores muy particulares que están en neuronas productoras de dopamina, que es un neurotransmisor en el cerebro fundamental para movernos y para organizar nuestras acciones en el espacio y en el tiempo”, explicó el experto.

La dopamina es el neurotransmisor que nos diferencia más de las plantas, que a través de la fotosíntesis se alimentan y no se tienen que mover para salir a buscar el alimento, como sí deben hacerlo los animales.

Como el alimento es un recurso escaso, que implica la lucha cotidiana por la supervivencia, “los sistemas nerviosos fueron evolucionando a partir de poder planificar la organización espacio-temporal de manera más eficiente”, indicó el investigador.

Los animales y el hombre tienen que leer claves conductuales para decidir cuándo salir y cuándo no, y ambientales que predigan cuándo va a haber un evento beneficioso de pocos predadores y comida, o no.

Las neuronas que fabrican y liberan dopaminas como neurotransmisor son relativamente pocas en el cerebro, y están relacionadas con la predicción de estímulos que traen premios y recompensas y la necesidad de movimiento.

Este es el mecanismo que se degenera con el mal de Parkinson, que trae dificultades en el movimiento y en la planificación y organización espacio temporal, y se expresa con alteraciones en la neuronas dopaminérgicas.

“Las vías dopaminérgicas son pocas pero fundamentales, y hay un montón de enfermedades asociadas a su mal funcionamiento, como la esquizofrenia, que padece el 1% de la población de todas las clases sociales, debido a un problema del desarrollo madurativo de este sistema”, agregó el experto.

Así, el psicótico o quien tiene alucinaciones debe tomar bloqueante de receptores de dopamina para disminuir el estímulo dopaminérgico, que produce alteración de la conducta y las sensaciones.

“Demostramos que ante estímulos persistentes, el transportador de dopamina no da abasto para sacar la sustancia”, que se sigue emitiendo.

Rubinstein descontó que el trabajo en el que participaron también Estefanía Bello, Daniela Noaín y Diego Gelman, entre otros investigadores, “va a estimular el estudio de autoreceptores en humanos”.

“El interés está en el mecanismo paradojal que pueden producir sustancias como el metilfenidato, semejante a la cocaína, un psicoestimulante que se le da a chicos hiperactivos con déficit de atención, que los tranquiliza y les permite desarrollar normalmente las actividades”, contó.

Entender cómo funciona este sistema puede orientar el diseño de una droga para atenuar fenómenos de adicción similar a lo que ocurre con la metadona para la morfina (heroína), que es una molécula opioide que se da para que otros opioides que producen un efecto mucho mayor generen una sensación no tan placentera.

“Se podrían pensar terapias parecidas, estimulando este autoreceptor de modo de que, cuando se esté ante cocaína o sustancias parecidas, no esté tan bueno, tal como si se hubiera comido un alfajor que gusta, ante el cual un caramelo ya no gusta tanto”, concluyó Rubinstein.


Fuente: Rubinstein 
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