Estrés. Un poco nos estimula. Fuera de control nos deteriora





El estrés es una respuesta normal del organismo a circunstancias que presentan algún desafío. Un poco de estrés es algo positivo e incluso necesario para vivir bien. Es el que nos impulsa, nos estimula a estar activos y llevar a cabo nuestras actividades diarias.
El problema surge cuando nos encontramos en los extremos:

La falta de estrés. Provoca que nuestro organismo se vea muy poco estimulado, lo que nos deja aburridos, aislados y depresivos.

Demasiado estrés. Puede provocar múltiples problemas de salud, como irritabilidad, dolores de cabeza, falta de concentración, dificultad para dormir o levantarse, dolor de cuello u hombros, comer en exceso, malestar estomacal, incremento en la presión arterial o incluso enfermedades del corazón y depresión.

Un cambio en la vida puede ser la causa para sentirse estresado. Éstos “eventos” pueden ser tanto negativos (muerte de un ser querido, perder un empelo, divorciarse) como positivos (una nueva relación, un nuevo empleo o salir de vacaciones). Ante el descontrol buscamos alguna forma de enfrentar los sentimientos negativos que provoca, pero muchas salidas son inefectivas o insanas como negar el problema, beber alcohol, consumir drogas, comer excesivamente o fumar. Por suerte hay muchas técnicas que pueden ayudarnos a controlar el estrés.

- Estrategias para recuperar el control

• Desacelerar, planificar y priorizar actividades. Pise el freno. Hay que seleccionar lo prioritario, intentando delegar o aplazar el resto. La sabiduría a la hora de planificar nuestras actividades es otra herramienta muy conveniente para bajar tensiones, sabiendo intercalar descansos oportunos para aliviar la ansiedad. Pregúntese:¿Qué es lo más importante para usted y qué objetivos quiere lograr?
• Sueño y alimentación. Una vida desordenada tiene un peso por sí mismo como factor estresante. Las personas se han acostumbrado a una alimentación caótica y horarios de sueño cortos o irregulares lo que, mientras sus fuerzas lo permitan, parecieran no tener consecuencias negativas. Un grado elevado de ansiedad no permite conciliar el sueño porque aparecen ráfagas de pensamientos, exámenes de conciencia o arduos preparativos para el día siguiente que nos desvelan. Regular el sueño y que el cuerpo encuentre un alivio en poder adaptarse a una rutina sistemática, puede ayudar a disminuir la tensión. Muchas personas detectan su grado de angustia y depresión por las sensaciones que les produce en el estómago. Una alimentación variada favorece el control de estos “síntomas gástricos”
• Relajación. Los ejercicios de relajación, respiración y yoga son tan poderosos como un fármaco. Es una buena inversión aprender técnicas que, no sólo serán útiles para afrontar el momento actual sino que, nos ayudarán a cuidarnos ante los agobios que nos depare el futuro
• Sexualidad. Las relaciones sexuales satisfactorias espantan las tensiones acumuladas. Siempre es buen momento para mejorar la comunicación y el arte de amar
• Actividad social. Aumentar la vida social, vincularse y cultivar la amistad, son ideas positivas y no deben dejarse de lado pensando que la soledad nos tranquilizará más
• Ayuda profesional. Los sedantes y ansiolíticos pueden ser de gran ayuda para ayudarnos a cambiar los malos hábitos, suprimir las causas que producen ansiedad y aprender a mejorar nuestro control emocional. Debe, previa evaluación, ser recetada por un médico psiquiatra

- Recuerde: “El secreto está en asumir el control de nuestra vida”

Hasta nuestro próximo encuentro…

Dr. Sergio Zimmer
Director
Editorial Revista Proyecto Salud
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