¿Enfermarse por estar sano?



Hipocondríacos. Con ese nombre se conoce a las personas que suelen interpretar signos y síntomas naturales del cuerpo en forma dramática, trasladándolos a complicaciones reales que pueden ser de gravedad.

Temor a la muerte, exceso de atención en la salud física y cierta habilidad pa-ra encontrar síntomas allí donde no existen son algunas de las características de quienes de padecen hipocondría. Muchas veces el entorno toma estas conductas de manera jocosa o, simplemente, se cansan y dejan de preocuparse. La típica frase “vivís enfermo, ¿no estarás somatizando?” retumba una y otra vez en los oídos de los hipocondríacos, pero ellos no pueden reconocerlo.

“Estas personas piensan constantemente que tienen una enfermedad física grave, terminal, pero en verdad no la tienen, están sanos. Por ejemplo, al sentir los latidos cardíacos normales, los dramatizan y los interpretan como si fuesen a morir inmediatamente”, explica la licenciada Gabriela Martínez Castro, directora del Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad (CEETA).

Continuas citas con el médico, visitas a las guardias de los hospitales en forma frecuente y hasta consultas farmacéuticas casi diarias suelen formar parte del itinerario. Pero ése no es el aspecto más grave de esta conducta. “Estas personas acuden tanto al doctor, que terminan logrando que el especialista dude y, en muchos casos, son sometidos a tratamientos innecesarios y hasta a operaciones”, explica Martínez Castro. Y hay más: “Además, puede llegar a producir iatrogenia, que es cuando, por intentar curar a un paciente sano, se termina enfermando por esa cura mal administrada”.



Relaciones problemáticas
Más allá de los dolores de cabeza ocasionados al médico, esto generalmente afecta mucho a la pareja, llegando, incluso, al divorcio. “Los pacientes con estos problemas suelen terminar en soledad porque el entorno se agota, no hay nadie que lo soporte”, dice la especialista, que va todavía un poco más lejos: “También terminan fuera del circuito laboral, debido a las licencias o permisos para asistir al médico que piden constantemente”.

Por suerte, esta enfermedad (la única que realmente tienen, la hipocondría) tiene cura, pero para eso se precisa mucho apoyo familiar. “Es la familia la que debe realizar, en conjunto, la consulta y acompañar al paciente. De hecho, muchas veces hay tareas específicas que deben cumplir como no hablar sobre temas relacionados a la salud o a la falta de ella, tener cuidado con las noticias que leen o ven, controlar que la persona no se haga autochequeos en forma permanente o, incluso, se les puede pedir a los allegados que lo ignoren”, explica la directora del CEETA.
Un dato alentador es que se intenta que estos tratamientos sean breves, por lo que las terapias más recomendables son las focalizadas en el problema como las cognitivo-conductuales, que funcionan muy bien para los trastornos relacionados a la ansiedad. Como complemento, generalmente los pacientes deben tomar psicofármacos en pequeñas dosis.

Pero para que todo esto sea posible y funcione es fundamental que quienes rodean al hipocondríaco entiendan que está enfermo y que no tiene que ir al médico sino al psiquiatra o psicólogo. “No hay que prestarle atención a las dolencias biológicas y hay que evitar que busque en Internet o en los libros información relacionada a posibles síntomas”, refuerza Martínez Castro.

Una vez dado ese paso por la familia, llega el turno de convencer al paciente para que se anime a pisar un consultorio, pero psicológico. ¿Cómo? Según la especialista, una buena manera es mostrarle una y otra vez la cantidad de veces que acudió a un médico sin razón alguna (algo para lo que es recomendable llevar un registro).

El trabajo en equipo, entonces, es fundamental para lograr la cura y para poner en evidencia esta situación. Por eso es importante estar siempre atentos. Por ejemplo, en el caso de los niños, la hipocondría se presenta en rasgos como el temor a estar enfermos o cuando comienzan a asustarse en forma exagerada cada vez que les pasa algo. De todos modos, esta enfermedad se manifiesta con más frecuencia entre los 18 y los 50 y se presenta más en las mujeres que en los hombres. ¿Por qué? “Por el estrés ocasionado por los diferentes roles sociales que deben cumplir y por los cambios hormonales producen un aumento de la ansiedad, entre otras cosas”, finaliza la médica.

texto. Verónica Salatino

Tengo miedo a estar enfermo por Lic. Ileana V. Fischer, psicóloga y miembro de AEAPG.

El término hipocondría es utilizado frecuentemente por las personas para expresar la continua y excesiva preocupación por su salud. El “tengo miedo a estar enfermo” constante es un modo de expresión de ansiedad y angustia intensas y trae como consecuencia una búsqueda permanente de dolores, sensaciones y enfermedades graves en alguna o todas las partes del cuerpo.
Lo característico de esta desmedida preocupación es que no se registran en la exploración médica manifestaciones orgánicas, sino que el acento está puesto en el intenso malestar psíquico por el temor a la enfermedad.
La hipocondría debe su nombre al “hipocondrio”, que es una parte del cuerpo en la zona abdominal debajo de las costillas. Antiguamente, se creía que esa era la sede de ciertas sustancias que causaban enfermedad.
En el ámbito de la salud mental, el uso específico de este término, está circunscripto a afecciones muy severas de la personalidad en las que se presentan ideas delirantes acerca del cuerpo (se siente el movimiento de los órganos internos) y está comprometida la integridad psíquica de toda la persona.
Entonces, cuando las personas dicen: “Soy hipocondríaca” se refieren a temores vinculados al cuerpo, como se describió al inicio y no a la afección severa; y que pueden presentarse en cualquier persona con más o menos intensidad y frecuencia en algún momento de la vida.
Los miedos corporales corresponderían, en general, a estados de ansiedad, fobia a las enfermedades, manifestaciones en personalidades obsesivas y compulsivas. También pueden presentarse en estados de extremo agotamiento o “surmenage”. Esto es frecuente en personas muy sobrecargadas de responsabilidades que sobrepasan sus posibilidades y que muestran habitualmente síntomas de desconfianza, falta de motivación o voluntad, explosiones emocionales inadecuadas (ataques de furia) y otros.
Las personas con temores hipocondríacos suelen ser “doctor shopping”, ya que tienen una visión catastrófica de sus signos corporales (el descubrimiento de un lunar nuevo es rápidamente interpretado como la posibilidad de cáncer de piel). En estas permanentes peregrinaciones al médico clínico y a especialistas el paciente busca el diagnóstico de la enfermedad que cree tener. Al no encontrarse un registro orgánico de la enfermedad supuesta, el paciente se frustra y siente que no es tenido en cuenta o que debe buscar a un “mejor” profesional, y así se inician las agotadoras y frustrantes consultas.
Las ansiedades vinculadas a la enfermedad se diferencian de la “somatización”. En ésta sí hay un aspecto físico comprometido, provocado por un estado mental. Por ejemplo: la diarrea o el dolor de estómago previo a rendir un examen o tener una entrevista de trabajo. En el caso del temor hipocondríaco podríamos mencionar a la persona que cree que tiene una enfermedad grave de corazón porque le aumentaron los latidos luego de recibir una noticia desagradable, o cree que en ocasión de haber tosido seguramente enfermará de neumonía porque hace dos meses atrás le contaron que el hijo de un conocido había sufrido de los pulmones.
Que no haya un daño orgánico comprobable no quiere decir que este tipo de sintomatología no requiera de tratamiento, sino muy por el contrario. Luego de hacer la consulta y descartar el registro médico, sería beneficioso que estas personas pudieran tratar psicológicamente los motivos que ocasionan tan altos niveles de ansiedad que luego son derivados a preocupaciones por el cuerpo.

Fuente: revistamaru.com
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