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La Revista Tierra Santa publicó en 1994 un artículo en el cual el padre Romaní Zago manifestaba haber curado a muchos enfermos de cáncer desahuciados ya por los médicos.
Quizás algún lector sonreirá ante la pretensión y declaraciones oficiales, sigue siendo incurable y sigue segando las vidas de miles de seres humanos. Sin embargo la revista citada proporciona los datos de algunas de las personas que con este remedio a base de Aloe se libraron para siempre de ella entre ellas un septuagenario, desahuciado siete años antes a causa de su cáncer de próstata, la hermana Silvana, monja franciscana del Inmaculado Corazón de María y también enfermera y secretaria de una escuela que padecía de cáncer de garganta.
En unas recientes declaraciones a la revista Health Naturally, el Dr. M. Moss, con una experiencia de más de veinte años en la lucha contra el cáncer, manifestaba que el actual tratamiento de quimioterapia definitivamente no confiere más años de vida al paciente. ¿Por qué entonces la investigación médica no vuelve sus ojos hacia el chaparral, el ginkgo biloba o el Aloe? Existe tal cúmulo de evidencias anecdóticas sobre estas plantas que en un estudio serio e imparcial con seres humanos está ya sobradamente justificado. Pero por supuesto, un estudio honesto, no de los que se preparan de antemano para hacer ver que la planta es inefectiva. Se ha demostrado una vez y otra que estas plantas rehabilitan y potencian el sistemaza inmunológico, mientras que la quimioterapia lo debilita y lo destruye.

En lo que respecta al Aloe Vera, las evidencias sobre los efectos anticancerígenos de algunos de sus componentes no son nuevas ni tampoco anecdóticas.
Hace ya cincuenta años se descubrió que al ser inyectados a un grupo de ratones afectados de sarcomas ciertos polisacáridos del Aloe, mostraban una notable actividad antitumoral (Diller, 1947). Las investigaciones realizadas en la universidad de Texas por los doctores Ian Tizard (inmunólogo) y Maurice Kemp (virólogo) han demostrado que los polisacáridos mucilaginosos del Aloe –sobre todo el acemanano- afectan benéficamente a los macrófagos, estimulando la liberación de citokinas (interferones, interleuquinos, prostaglandinas, factor de necrosis tumoral y factores de control del crecimiento celular) substancias todas ellas claves en la artillería corporal anticáncer. Según las propias palabras de Tizard, “existe abundante evidencia demostrando que algunos ‘mananos’ y ‘glicanos’ son potentes agentes anticancerígenos.
Los trabajos de Tizard y Kemp han venido a confirmar los anteriores de Borecky (1967) y Lackovic (1970). El Dr. Gribel y sus colegas, decían textualmente en la conclusión de un estudio, publicado en 1986: “... el tratamiento con jugo de aloe contribuye a reducir la masa tumoral y el tamaño y la frecuencia de las metástasis en diferentes fases del crecimiento del tumor...”
Los efectos antitumorales del acemanano están ampliamente documentados. En uno de los estudios realizados (Harris, 1991) se utilizaron 32 perros y 11 gatos cuyas edades oscilaban entre los 3 y los 17 años, todos afectados de tumores malignos. Todos los animales habían sido desahuciados y en muchos de ellos su salud estaba ya demasiado deteriorada como para poder intentar tratamiento alguno. Siete murieron a los pocos días de iniciado el tratamiento con acemanano, lo cual es un claro indicio de que la enfermedad estaba en ellos ya demasiado avanzada como para participar del estudio. Catorce no mostraron reacción significativa y veintidós manifestaron una notable y clara mejoría, ya fuera una disminución de la masa tumoral, la desaparición total de ésta o bien una prolongada e inesperada supervivencia. Los resultados más positivos coincidieron con los animales aquejados de fibrosarcomas.
En otro estudio (Peng et. al. 1991) un grupo de ratones hembras fueron inoculados con células de sarcoma. Usualmente dicho tipo de ratones muere entre 20 y 40 días después de la inoculación. En este caso, los ratones tratados con acemanano comenzaron a presentar una disminución de la masa tumoral entre 12 y 15 días después de iniciado el tratamiento. La efectividad del mismo varió según las dosis administradas. Al suspender el tratamiento cesó también la reducción tumoral. La supervivencia entre los ratones tratados fue de un 40%. Aunque la cifra pueda parecer baja, debemos tener en cuenta que los ratones del grupo de control, no tratados con aloe, murieron en su totalidad.
Experimentos in vitro y con animales en los que el jugo de aloe o alguno de sus componentes demostraron una notable actividad cancerígena fueron también realizados por Imanishi et. al. (1981), Winters (1981), King y Pierce (1992) y Tsuda et. al. (1993).
Cada año se diagnostican en los EEUU 28.000 nuevos casos de leucemia, siendo el tipo de cáncer más frecuente en la edad infantil. No se puede operar y no existe tratamiento alguno que pueda considerarse efectivo. Una vez más, el aloe nos trae una esperanza. Un grupo de investigadores encabezados por el Dr. Mark Sets realizaron un estudio con 44 gatos afectados de leucemia. Normalmente un 40% de los gatos mueren dentro de las ocho semanas siguientes a la manifestación de la enfermedad y un 70% antes de cumplidas las ocho semanas.
El estudio de Sets duró sólo 6 semanas, aunque muchos de los animales llevaban ya tiempo enfermos. Al terminar dicho estudio –en el cual se estuvo inyectando acemanano a los animales- 29 de los gatos seguían vivos. Dos meses después de concluido el estudio 21 gatos seguían vivos y aparentemente sanos, pues habían vuelto a sus actividades normales. En la conclusión dicen los investigadores que “el significativo incremento experimentado en cuanto a vitalidad y estado de salud general de los animales sugiere que el acemanano de aloe puede constituir un tratamiento efectivo para la leucemia...” El Dr. Tizard consideró este resultado importante pues “por primera vez tenemos indicios de un posible tratamiento para esta enfermedad".
Hace ya más de treinta años el Dr. Vorontsov de Leningrado manifestaba que había logrado resultados positivos tratando con aloe cánceres intestinales, de esófago, de mama, de piel, de las mucosas bucales, de los labios y de los órganos genitales femeninos. Posteriormente el también ruso Dr. Sadychow, informó que 13 de 27 pacientes cancerosos tratados con inyecciones subcutáneas de aloe presentaron un notable incremento en anticuerpos, lo cual se manifestó en diversos grados de mejoría. Wolfang Wirth, autor de libro Healing with Aloe trata el cáncer aplicando una inyección subcutánea diaria de 1 ml de extracto de aloe bioestimulado durante 30 días consecutivos, a los cuales sigue una pausa de otros 30 días, reanudando seguidamente el tratamiento. Al mismo tiempo el enfermo debe tomar grandes cantidades de jugo de zanahoria recién exprimido. Las curaciones logradas por Wolfang Wirth y por otros médicos que siguen el método de Filatov, están popularizando esta terapia en los países del centro de Europa.
En unas declaraciones realizadas en septiembre de 1996 a la revista Hitech, Steve Orndorff, vicepresidente de Univera Phytoceuticals, Inc. De Broomfield, Colorado, anunciaba que muy pronto van a empezar a producir un agente anticancerígeno derivado del aloe. Univera es filial de la gigantesca empresa farmacéutica Nam Yam International, que con sede en Seúl, Corea, es también propietaria de la compañía texana Eloecorp, la cual es nada menos que el mayor productor mundial de aloe procesado.
Quizás después de todo, las manifestaciones del padre Romain Zago a la revista Tierra Santa no sean tan absurdas.


Fuente: Aloe Vera, Neil Stevens. Editorial Sirio.
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