Los melanomas crecieron 600% en 30 años. Por su alta incidencia, ayer, en el Día Mundial del Melanoma, se presentó el Consenso Nacional de Intersociedades sobre Melanoma Cutáneo, una herramienta vital para los médicos. Enfatiza la prevención.



En los últimos 30 años, la incidencia del melanoma –la causa más frecuente de muerte por enfermedades de la piel– creció un 600%, el doble de los demás cánceres que más se han incrementado. Como contraparte, ahora se lo conoce en detalle, como para indicar tratamientos específicos para cada paciente, ya que tomado a tiempo es altamente curable . Por eso, ayer, en el Día Mundial del Melanoma, se presentó el Consenso Nacional de Intersociedades sobre Melanoma Cutáneo, herramienta insoslayable para los médicos.

El melanoma es un tumor maligno que nace de los melanocitos, las células que producen el pigmento llamado melanina, responsable del color de la piel. Los melanomas cutáneos (los hay también oculares, muy raros) son negruzcos ; sin embargo, hay un 8% de melanomas que no tienen color.

“Hay mil manchas negras que no son melanoma. El ojo entrenado tiene cierto grado de sospecha y es ahí cuando debe hacerse el estudio histológico: cuando aparece una mancha negra donde no había nada, o donde había un lunar cuya forma se modificó” , explica el doctor Mario Marini, profesor titular de Dermatología en la Facultad de Medicina (UBA) y jefe de ese servicio en el Hospital de Clínicas, quien representó a la Sociedad Argentina de Dermatología en el Consenso.

Un melanoma de un milímetro de profundidad parece algo inofensivo. Sin embargo, “tiene gran capacidad para generar metástasis: en los ganglios, el cerebro, el hígado, los pulmones, los huesos, y en la propia piel”, advierte Marini.

Lo positivo es que en ese estadio, es casi siempre curable. Un melanoma in situ (que aún no atravesó la epidermis) es curable en el 99% de los casos. Un paciente a quien se le extrajo un melanoma fino (menos de un milímetro de espesor) tiene entre un 95 y un 97% de sobrevida a cinco años. La probabilidad de sobrevida va reduciéndose a medida que aumenta el espesor: con un tumor de 2 milímetros, la sobrevida se reduce a un 50%. “La morbilidad es poca, pero la mortalidad es alta”, subraya Marini.

Contrariamente a lo que podría pensarse, el melanoma cutáneo afecta por igual a hombres y mujeres. Sin embargo, la mortalidad es menor en las mujeres, porque tienen el hábito de observarse y porque consultan antes.

En las personas de etnia blanca, el riesgo de tener un melanoma cutáneo ha crecido casi exponencialmente: en los Estados Unidos (en Argentina no hay estadísticas), de un caso en 1.500 personas en 1930, se pasó a 1/600 en 1950. En 1980 era 1/250; en 2000, 1/74. Y en 2010, 1 caso cada 35 habitantes. Estas cifras corresponden a las personas de etnia blanca, en quienes la incidencia es mayor.

¿A qué se debe este aumento? “Por lo que conocemos, por el sol, por la cultura solariega de la población –señala el dermatólogo–. También está incrementándose en las personas de riesgo: las pelirrojas, las de piel muy blanca, con lunares, que se queman con facilidad”. No obstante, la exposición indebida a los rayos ultravioletas – sol o camas solares – no es la única causa de melanoma cutáneo.

Si bien requiere siempre de cirugía, tanto el pronóstico como el tratamiento dependen de sus características. “Hoy se estudia qué genes están alterados en el melanoma primario – cuenta Marini –. Existen más de 140 genes mutados, pero estudiando una veintena, se puede decirle si un melanoma es familiar o esporádico; si se debe al sol o no; si tiene alta capacidad de generar metástasis o no; si es quimiorresistente o no. Además de la clasificación clínica (hay cuatro variedades) hay una clasificación biomolecular”.

“El futuro del melanoma es una clasificación biomolecular, y una terapéutica biomolecular dirigida al blanco. Un melanocito, en melanoma con capacidad de producir metástasis, necesita pasar por distintos peldaños, en los que va mutando un gen, y otro, y otro. Hoy se reconocen esos peldaños, esos genes, y se bloquea cada uno con una terapia distinta”.

A instancias de la Academia Nacional de Medicina, las sociedades científicas vinculadas con el melanoma elaboraron una serie de pautas para su diagnóstico y tratamiento.

El oncólogo y académico Gonzalo Rubio coordinó este trabajo de referentes de las áreas de cirugía, oncología, dermatología, patología, radiología y terapia radiante, entre otras. Está disponible en http://www.acamedbai.org.ar/pagina/academia/consensos.htm.


Recomendaciones
Cuidarse del sol
“El sol es bueno. Lo malo son las exposiciones indebidas”, precisa el doctor Julio Marini. Hay que evitar las exposiciones solares intermitentes, que dan lugar a quemaduras intensas periódicas, como cuando las personas toman sol durante el verano, varias horas por día y en los horarios de mayor radiación ultravioleta.

Autoexaminarse
Los médicos recomiendan realizar un autoexamen periódico de la piel y, ante cualquier anomalía o duda, consultar al dermatólogo.

Por las dudas

Según los especialistas, aun cuando no se haya detectado ninguna mancha sospechosa, es conveniente consultar periódicamente a un dermatólogo, para que controle en detalle toda la piel y los lunares. Esa revisación no lleva más de diez minutos.

Colores sospechosos
A simple vista, los especialistas aconsejan tener en cuenta cualquier lesión de la piel, lunar o mancha que sean asimétricos o de bordes irregulares, y cuyo color vire desde el negro hacia distintas tonalidades de marrón y azulado, más allá de que puedan o no causar picazón.

Prevención
La mayor parte de los melanomas cutáneos es prevenible: basta con no exponerse al sol entre las 10 y las 16. Si hay que hacerlo, es preciso colocarse bloqueador solar, cubrirse la piel con ropa (preferentemente oscura), ponerse sombrero y usar anteojos de sol. Los niños son más sensibles a las quemaduras, en especial los bebés.
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