Cuando la columna de mercurio en el termómetro comienza a subir y marca 38 grados, 39 o más, los padres comienzan a preocuparse. “Rápido, debo bajarle la fiebre”, piensan. Y enseguida muchos buscan cómo hacerlo. La fobia a la fiebre es un miedo común y, mayor aún, cuanto más pequeños son los chicos. Mantener la temperatura a raya suele ser una batalla que dura varios días y largas horas de la noche.




Sin embargo, en la mayoría de los casos, la fiebre no es una enfermedad en sí misma. Se trata en realidad de un mecanismo normal o fisiológico del cuerpo para defenderse de las infecciones. Se sabe que las altas temperaturas retrasan el crecimiento y la multiplicación de bacterias y virus en el cuerpo, también que activan al sistema inmunológico, estimulando a las células de defensa, llamadas neutrófilos y linfocitos. De esta manera, ayuda a una recuperación más rápida de la enfermedad.

Es por esto entonces que, la mayoría de las veces, los episodios de fiebre son cuadros benignos y tienen corta duración. La temperatura no es muy elevada y el niño se siente relativamente bien. En estos casos, antes de actuar, conviene esperar.





¿Cuándo es necesario tratar la fiebre?



Si el niño se encuentra decaído o irritable, bajarle la temperatura con un antifebril lo ayudará sentirse mejor. Para saber si la temperatura está acompañando una situación más seria, es importante vigilar otros signos que pueden presentar los chicos con fiebre: el estado de alerta y reactividad, la aparición de manchas en la piel y la cantidad de líquidos que beben. El decaimiento, la irritación, el dolor, la deshidratación y las manchas indican que hay un cuadro de mayor gravedad, que requiere la evaluación de un médico y un tratamiento rápido.

Una de las mayores preocupaciones de los padres es que la fiebre se mantenga alta por un tiempo y pueda causar convulsiones, daño cerebral y muerte. Hasta ahora, no hay evidencia de que la fiebre provoque daño cerebral, tampoco hay pruebas de que el tratamiento con medicamentos para la fiebre disminuya la aparición de convulsiones febriles.



¿Cuáles son las formas de bajar la fiebre?



Hay varias drogas que bajan la temperatura. Los antitérmicos más utilizados son el paracetamol y el ibuprofeno. La aspirina se dejó de utilizar desde que se vio que, en niños con infecciones virales (principalmente varicela), su uso producía síndrome de Reye, una enfermedad grave que causa la inflamación del cerebro y del hígado.

Como es muy común usar estos medicamentos para bajar la temperatura, es importante saber cuánto puede tomar un niño. Si el paracetamol se toma en cantidades mayores a las recomendadas, puede ser tóxico para el hígado. Esto ocurre muy frecuentemente cuando se les da a los chicos remedios para adultos que contienen mayor concentración de la droga. En niños muy enfermos, con deshidratación severa, enfermedades cardiovasculares o problemas de riñón, el uso de ibuprofeno puede dañar este órgano. Por eso es importante consultar al médico sobre estos tratamientos.

Algunas veces, los pediatras recomiendan combinar ambas drogas, alternando el uso de una y otra. Esta práctica puede resultar más efectiva para bajar la temperatura, pero aumenta el riesgo de que el padre o la madre se equivoquen en las cantidades. Por lo tanto, es fundamental que los padres se informen con precisión sobre cómo administrar las drogas y que tengan en claro, para cada una de ellas, la cantidad que deben tomar los chicos, la presentación más conveniente (gotas, jarabe, pastilla) y el intervalo de tiempo que debe trascurrir entre las tomas de medicamentos. Usar un dosificador también ayuda a dar la cantidad necesaria.

Además de los medicamentos, la temperatura del cuerpo se puede bajar con medios físicos. Un baño de agua tibia o paños tibios colocados sobre el cuerpo ayudan a controlar la fiebre. No se deben usar paños embebidos en alcohol porque se absorbe a través de la piel y produce intoxicación.



Para recordar


dijo:
•La fiebre no es un riesgo para el niño enfermo, puede ser un aliado, ayuda a combatir los gérmenes que producen las infecciones.

•En el niño con fiebre es importante observar otros signos de gravedad: somnolencia, escasa reacción a los estímulos, rechazo a los líquidos y deshidratación, cambio de coloración y manchas en la piel.

•No es imprescindible bajar la fiebre y mantener la temperatura corporal por debajo de 38 grados.

•Los antitérmicos paracetamol e ibuprofeno son efectivos y seguros si se administran en cantidades apropiadas.

•Los antitérmicos no previenen las convulsiones febriles.

•No utilice aspirina en un niño con fiebre.

•Mantenga los medicamentos en un lugar seguro, fuera del alcance de los niños.
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