Las estimaciones locales indican que 4 millones de argentinos sufren asma, una enfermedad inflamatoria crónica de las vías aéreas. Sus principales síntomas son sibilancias (silbidos en el pecho), falta de aire, sensación de opresión pectoral y tos.




Pero para el experto, que también se desempeña como Coordinador Referente del PROBAS (Programa Bonarense de Asma Infanto-Juvenil) del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, la falta de control de la enfermedad representa un problema mayor.

Es por ese motivo que en el marco del Día Mundial del Asma tres sociedades científicas del país - la que él preside junto con la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria y la Sociedad Argentina de Medicina – se suman a un objetivo planteado por la organización internacional Global Initiative for Asthma (GINA): reducir en un 50% las hospitalizaciones a causa de la afección para 2015.

“Las internaciones suelen darse a causa de una exacerbación, que es un período donde los síntomas se vuelven más graves. Estas crisis pueden durar desde una hora hasta días. Para evitarlas o reducirlas, el paciente debe realizar un seguimiento estricto de su enfermedad, aunque crea sentirse bien”, explicó el médico.


El porqué de la falta de controles


“La gente es poco conciente de cómo le afecta su asma”, indicó Ghiani. Es por eso que la gravedad de la afección debe estar determinada por el médico y el que la sufre “siempre tiene que obedecer las indicaciones del profesional”.

Según explicó el experto, la enfermedad intercala episodios de broncoespasmos con períodos de intercrisis, en los cuales el individuo no presenta síntomas. “Es entonces cuando piensa que está bien, pero en realidad necesita controlarse”, remarcó el experto.

Ghiani enumeró dos tipos de medicación disponible para el asma:



dijo:
• La de rescate: se usa ante una crisis, para aliviar los síntomas con celeridad. Son los broncodilatadores de acción rápida, que deben usarse en forma periódica

• La de control: son medicamentos que se usan de manera continua para la prevención de futuros síntomas. Entre ellos están los corticoides inhalatorios (más seguros que los de administración oral o inyectable), los broncodilatadores de acción prolongada y los antileucotrienos.


Por otra parte, Ghiani relató que las guías internacionales clasifican el asma según su gravedad en leve intermitente, leve persistente, moderada persistente y severa. “Sólo en el primer caso se requiere únicamente medicación de rescate, mientras que para las otras tres categorías se deben usar remedios de rescate y de control”, apuntó.

Sin embargo, un estudio demostró que a pesar de que la gente que sufría asma moderada creía estar bien controlada, sólo utilizaba medicina de rescate, por lo que el afectado “no percibía cuán mal se encontraba”.

El trabajo, denomidado Asthma Insights and Reality in Latin America (AIRLA), coordinado por el Dr. Hugo Neffen, también concluyó en que sólo el 2,4% de los pacientes latinoamericanos (específicamente el 2,3% de los adultos y el 2,6% de los niños) cumplían todos los criterios correspondientes a un control total del asma.




Claves para un buen diagnóstico y tratamiento



Los síntomas de esta enfermedad respiratoria puede confundirse con los de otras afecciones, según expresó Ghiani. Es por eso que una detección correcta debe realizarse en varios pasos:


dijo:
• Anamnesis: son aquellas preguntas que se le hace al paciente (o los padres si es un niño pequeño), como por ejemplo, con qué frecuencia tiene brocoespasmos.

• Análisis de laboratorio general

• Dosaje de la Inmunoglobulina E: se realiza porque la principal causa del asma es la alergia y su nivel será elevado si presenta intolerancia a algún tipo de alérgeno, como los ácaros. Si se confirman estas reacciones, se ordenan test cutáneos para determinar qué agente las provocan.

• Espirometría: estudio de la función pulmonar.



Los tratamientos, según explicó el referente del PROBAS, varían de acuerdo si el paciente es alérgico o no:

dijo:
• Si no lo es, el afectado debe seguir su esquema farmacológico y tomar medidas de control ambiental, como evitar hidrocarburos (por ejemplo, esmalte de unas y pinturas), ácidos (como la lavandina) y el frío intenso.

• Si lo es, además del esquema farmacológico, debe sumar a las medidas de control ambiental evitar en la medida de lo posible el alérgeno que provoca su reacción. Esto se puede hacer totalmente (como con un perro) o parcialmente (como con los ácaros). Por último, también debe realizar inmunoterapia, orientada a que los agentes provoquen menos alergia.



Por último Ghiani destacó que un buen tratamiento siempre debe ser multidisciplinario, lo que significa que tampoco se debe olvidar el aspecto psicológico del que sufre la afección. Son también los profesores de educación física los que deben ayudar con rutinas especiales.
Comparte este artículo con tus amigos
 
Top