Esta referido a la problematica de los residentes en Cordoba, Argentina, aunque es una contingencia que se observa en toda Argentina y otros paises



Trabajan un promedio de 12 horas por día. Algunos no cobran y otros perciben becas básicas. Tienen bajo su responsabilidad la vida de sus pacientes. Son médicos en formación y reclaman condiciones dignas.

¿Sabrán los pacientes que las personas que los atienden muchas veces están más de un día sin dormir?

¿Qué pensaría si, al salir del quirófano, supiera que el cirujano que acaba de operarlo hace 30 horas que no duerme? ¿Y si se enterara que por tal “trabajo” no recibe un solo peso? Probablemente le resultaría poco creíble, pero es una realidad diaria para los casi 2.000 médicos en formación de nuestra provincia.


Ana Godoy tiene 25 años. Es residente de medicina familiar en el Hospital de Clínicas. Sin entrar en cuestiones etimológicas, encontramos una paradoja. Una persona que reside es alguien que vive en un determinado lugar, por lo que podríamos deducir que los médicos residentes viven en un hospital. Ésta conclusión no resulta disparatada si se comienza a conocer la situación de éstos jóvenes.

Un médico residente es un profesional que obtuvo su título de médico y que decide realizar una carrera de especialización. Para ello, realiza sus prácticas en algún hospital privado o público. De acuerdo a la ley de contrato de trabajo, existe una relación laboral. Pero, según Ana, no todos cobran un salario ya que “la mayor parte de los residentes recibe una beca muy básica y sólo a algunos les cubre obra social y aportes jubilatorios”.

Del total de médicos en formación que realizan prácticas, un 30 por ciento son concurrentes: tienen la misma carga horaria que los residentes pero no son pagos. Tanto las concurrencias como las residencias tienen una duración aproximada de entre tres y cuatro años.

“Somos los únicos giles que pedimos trabajar 12 horas”, dice la joven con una risotada irónica. Mientras que el artículo 1 de la ley 11.544 determina que la jornada laboral no puede exceder las ocho horas diarias y las 48 horas semanales, estos profesionales cumplen horarios que llegan a triplicar el límite establecido legalmente: “el contrato clásico de un médico tiene 35 horas semanales. Un residente o concurrente tiene una carga horaria semanal de entre 60 y 100 horas”, cuenta y ejemplifica la joven.

“Entrás entre las siete y las ocho de la mañana. Tu horario de salida es entre las cinco y las siete de la tarde, de lunes a viernes. Además tenés que cumplir con un régimen de guardias obligatorias”, relata. Las guardias tienen una duración de 24 horas seguidas y deben cumplirse mínimamente con cuatro guardias mensuales. “Si un lunes te tocó hacer guardia, cuando terminás no te vas a dormir a tu casa. La jornada sigue, son 32 horas trabajando sin dormir”, explica.

No se respeta la ley, se vulneran las condiciones dignas de trabajo presentes en el artículo 14 bis de la Constitución Nacional y se juega con la salud: tanto la salud física y mental del profesional, como la vida del paciente que está a disposición de ellos. Ana califica la situación sin pelos en la lengua: “al fin y al cabo es una forma amable de llamar a la esclavitud”.

“El paciente pasa a ser una víctima de todo el sistema. Es muy grave, un error en medicina puede significar la muerte de un paciente”, agrega la médica. “Conozco casos de chicos que han llegado a rogar para que les acomoden las guardias infantiles primero para estar más despiertos. Imaginate, es como estar eligiendo a quién matar”, manifiesta.

Un calmante

Ana, junto a otros colegas integra la Asamblea de Médicos en Formación de Córdoba, un espacio conformado por residentes, concurrentes y alumnos de pos grado. “La idea de la asamblea es discutir nuestra situación y mejorar las condiciones”.

Desde hace ocho meses, debaten y realizan intervenciones. “Nuestro objetivo es sensibilizar a los compañeros, hacerles tomar conciencia que somos trabajadores”. También participan representantes de distintas instituciones sanitarias que trabajan para la creación de una comisión interna por un proyecto de ley que se viene discutiendo.

“Somos conscientes de que con una ley no se acaba todo. El sistema de salud está enfermo, entran en juego otras cuestiones más complejas como la educación”, siente Ana, que no quiere dar el brazo a torcer.

Esta problemática no es sólo a nivel nacional: un estudio llevado a cabo en México reveló que residentes de ese país padecen de altos niveles de estrés y depresión y por ello están expuestos al consumo de drogas y alcohol.
Comparte este artículo con tus amigos
 
Top