Hoy, 19 de Mayo, se celebra el Día Mundial de la Hepatitis, tipo B y C, con el objetivo de concienciar a la población en general sobre estas afecciones cuyo virus está presente en 1 de cada 12 personas.




Los virus de la hepatitis B exhiben unas características genéticas bien diferenciales, así fueron descriptos ocho genotipos: A, B, C, D, E, F, G y H. El virus de la hepatitis B es 100 veces más infeccioso que, incluso, el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Además puede sobrevivir fuera del organismo durante 7 días.
A su vez, el genoma del VHB presenta una tasa de mutación 100 veces mayor que otros virus ADN, la gran familia a la que pertenece.
Como consecuencia de esta variabilidad genética, el virus circula como una mezcla complejísima de variantes. Y evoluciona, es decir se modifica, durante el transcurso de la infección según la presión evolutiva que ejerzan sobre él factores, como la respuesta inmune que desarrolle el paciente en el intento de librarse de su presencia. También se modifica frente a los tratamientos antivirales, como estrategia para seguir sobreviviendo, y hasta llega a hacerse resistente a las drogas disponibles.

La hepatitis C generalmente no presenta síntomas, por eso se la llama la “enfermedad silenciosa”. El virus C (HCV) destruye lentamente células hepáticas y puede, con el transcurso de los años, unos 20-30 años después de producida la infección, entre un 25 y un 30 % de personas desarrolla cirrosis. De ellas, a su vez, un porcentaje significativo tiene altas probabilidades de generar cáncer de hígado, que en la actualidad es la principal causa de trasplantes hepáticos.
La hepatitis C se transmite cuando se produce un contacto entre sangre sana con sangre infectada por el virus C (transmisión vía parenteral), como puede resultar por no adoptar medidas asépticas adecuadas para la hepatitis C. Han ocurrido transmisiones en el ámbito de la Sanidad pública y privada, mediante transfusiones o la utilización de hemoderivados para el tratamiento de otras enfermedades, así como también por compartir jeringas, en centros odontológicos, lugares de aplicación de piercings y tatuajes, podólogos, etc.

La hepatitis C, debido a sus características de ser una enfermedad mayormente asintomática, suele ser diagnosticada de manera fortuita en controles médicos de empresas, en las donaciones de sangre o en análisis prescritos por facultativos en búsqueda de otras patologías. Quizá por la fecha relativamente reciente del descubrimiento del virus C (año 1989) y por la propia complejidad de la función hepática, no todos los profesionales de la medicina están capacitados para el adecuado tratamiento de la enfermedad, y así sucede que o bien se le restan importancia, con las consecuencias negativas que tal actitud puede acarrear, o, por el contrario, aconsejan a los afectados pautas de comportamiento erróneas, lo que contribuye a incrementar el estado de depresión que genera la propia enfermedad y a intensificar el sentimiento de soledad en que viven muchos de los afectados.

Peticiones que realizan las asociaciones de enfermos de hepatitis C está la de:


• Realizar un mayor número de campañas de difusión para conocimiento y prevención de la enfermedad.

• Formar a médicos de atención primaria en el conocimiento genérico de esta enfermedad.

• Seguimiento integral multidisciplinar de los afectados por los problemas psicológicos que puedan derivarse de este padecimiento y un reconocimiento por parte del Estado del carácter crónico de la hepatitis C.

A todos los efectos, tanto laborales como sociales, estas son sólo algunas de las piedras angulares necesarias para garantizar una vida digna a estos enfermos.
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