Veinte años pasaron desde la aparición de los primeros teléfonos móviles. Aquellos dispositivos, hoy considerados prehistóricos, despertaron una preocupación que los sofisticados modelos actuales mantienen vigente: ¿el uso del celular puede causar cáncer de cerebro?




Aparentemente no. Las investigaciones hechas hasta el momento parecen coincidir, en su mayoría, en que estos teléfonos no producen tumores cerebrales.

El último y más relevante de estos estudios, llamado Interphone, involucró a 13 países y fue coordinado por la Agencia Internacional para la Investigación en Cáncer, miembro de la OMS.

Los investigadores de Interphone entrevistaron a personas sanas y pacientes con tumores para elaborar, en cada caso, un historial de uso de celulares que incluyó, por ejemplo, la cantidad de horas de exposición. Al comparar los registros, concluyeron que usar teléfonos móviles no aumentaría el riesgo de desarrollar cáncer en el cerebro.

Esta observación concuerda con los registros de incidencia de esta enfermedad obtenidos en los últimos años. En EE.UU., por ejemplo, se diagnostican unos 7 casos cada 100.000 habitantes, una cifra que se mantiene casi constante desde el año 1990, aún cuando el número de usuarios de celulares en ese país aumentó de 4 a 135 millones sólo durante la década de los 90.



Las ondas de radio bajo la lupa


El temor al celular gira en torno al efecto dañino que pueden tener las ondas de radio sobre los organismos vivos. Si bien se sabe que las radiaciones de alta energía, como los rayos X o los UV, pueden producir mutaciones en el ADN y, eventualmente, causar cáncer, en el caso de las radiaciones de baja energía que emiten los teléfonos móviles, la duda persiste.

Para intentar aclarar esta cuestión, varios grupos de investigación realizaron experimentos de irradiación directa de células aisladas y animales de laboratorio. Estas investigaciones tampoco proporcionaron evidencias de que las ondas de radio puedan dañar el ADN y aumentar el riesgo de cáncer.



Celular: ¿culpable o inocente?


En este contexto, no parece estar equivocado quien compara la identificación de un agente causante del cáncer con la tarea de un detective diestro, que debe hacer encajar las evidencias para hallar al culpable de un crimen.

Dada la complejidad de la tarea, los científicos que estudian la asociación entre el uso de celulares y el cáncer intentan mantenerse críticos y cautelosos.

Coinciden en que los estudios realizados, incluido Interphone, tienen puntos débiles que deberán ser corregidos para llegar a conclusiones confiables sobre los posibles efectos a largo plazo del uso intensivo del celular. Es así que, por lo pronto, la pregunta del millón seguirá abierta.
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