Los síntomas psiquiátricos como la depresión y la ansiedad, y los trastornos del sueño son síntomas no motores que suelen ser poco reconocidos y tratados en personas con Parkinson, un mal que afecta a unos 80 mil argentinos.




Esta enfermedad es el segundo trastorno crónico neurológico más común, después del Alzheimer, y su prevalencia se calcula en 1 a 2% en mayores de 65 años, pero también puede manifestarse a edades más tempranas.


En el marco del Día Nacional y Mundial de la Enfermedad de Parkinson, la Sociedad Neurológica Argentina promueve la difusión de esta dolencia, donde el diagnóstico precoz y el tratamiento temprano son clave para mejorar la calidad de vida de los pacientes.

El Parkinson es un padecimiento crónico que afecta gradualmente a los músculos y a la capacidad de movimiento de la persona. Quienes lo padecen, además de desarrollar los clásicos síntomas de temblor, rigidez o trastornos de la marcha, sufren de síntomas no motores que afectan su calidad de vida.


Según investigaciones recientes, estas manifestaciones no motrices, especialmente la depresión, los trastornos del sueño REM, la disminución del olfato o la constipación pueden anteceder por años al diagnóstico.


Cuanto más precoz sea la consulta del paciente y la intervención por parte del médico especialista, menor será el impacto de la enfermedad sobre la calidad de vida y el aislamiento social al que puede conducir la enfermedad, por el manejo inadecuado de los síntomas.


El Grupo de Movimientos Anormales de la Sociedad Neurológica Argentina empleó el Registro Nacional sobre la Enfermedad de Parkinson para realizar un estudio sobre cómo los síntomas no motores afectan a los afectados en el país.


Sobre un total de 415 pacientes portadores del mal, identificados entre los años 2009 y 2011, la mayoría de ellos habían comenzado con la enfermedad a edades habituales, es decir entre los 55 y 65 años (48%), un grupo menor antes de los 55 (34%), y otro menor aún, luego de los 70 años (18%).


La distribución según edad, demuestra que esta enfermedad crónica afecta habitualmente a personas en edades medias de la vida, en pleno desarrollo laboral y personal, donde cualquier impacto sobre la calidad de vida se percibe en forma mayor.


El estudio reveló, además, que la mayoría de los pacientes presentó en algún momento síntomas no motores (92%), independientemente de la duración de la enfermedad. En forma llamativa, los síntomas psiquiátricos como la depresión y la ansiedad, y los trastornos del sueño como el insomnio o los trastornos del sueño REM, ocurrieron muy frecuentemente.


Un dato destacable fue la asociación observada entre la depresión y la edad de comienzo de la enfermedad de Parkinson, siendo la depresión claramente más frecuente en personas jóvenes que en aquellos mayores de 70 años.


Otro dato significativo del estudio, fue la asociación entre la depresión y las caídas, un problema que sin dudas afecta la calidad de vida de la persona, además de exponerla a sufrir complicaciones asociadas como fracturas, reposo prolongado o intervenciones quirúrgicas.


En el estudio se observó que las personas deprimidas experimentaban mucho más frecuentemente caídas que las personas que no la padecían, destacando que este síntoma no motor puede afectar o empeorar un síntoma motor como la marcha.


El trabajo sobre manifestaciones no motrices en la enfermedad de Parkinson en la Argentina, revela que estos problemas afectan la calidad de vida de personas con la dolencia y que están presentes a lo largo de la enfermedad.

Sin embargo, la depresión puede afectar más frecuentemente a personas jóvenes con la dolencia y vincularse con mayor riesgo y ocurrencia de caídas.


La causa del Parkinson aún es desconocida, pero se cree que existiría una combinación de factores genéticos y ambientales. El diagnóstico es clínico y se basa en una correcta historia médica y en un exhaustivo examen físico neurológico.


Si bien aún no se conoce una cura definitiva, existen múltiples tratamientos farmacológicos como la levodopa, los agonistas dopaminérgicos, los inhibidores enzimáticos, la amantadina, entre otros, que han demostrado ser efectivos para alivianar los síntomas, mejorar la evolución de la enfermedad y disminuir su morbi-mortalidad.


El diagnóstico tardío del Parkinson posterga el inicio del tratamiento adecuado que permite mejorar las manifestaciones clínicas y retardar el progreso de la dolencia.

El crecimiento de la expectativa de vida de la población está directamente vinculado a una mayor incidencia de la enfermedad, que seguirá aumentando en los próximos años.

Según el Programa Nacional de Parkinson, Parkinson en Movimiento. Sociedad Neurológica Argentina y Grupo de Movimientos Anormales, la importancia y la necesidad de una difusión sobre los síntoma y sobre cuáles pueden ser los indicadores tempranos del padecimiento permitirán realizar un diagnóstico precoz y demorar la evolución de la dolencia, mantener la calidad de vida en el largo plazo y evitar el aislamiento social.
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