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Primer Documento de Consenso Español sobre el consumo de grasas y su efecto en la salud cardiovascular


El documento recomienda priorizar la calidad de las grasas que consumimos por encima de la cantidad y destaca la necesidad de equilibrar la ingesta entre saturadas e insaturadas y aumentar el consumo de los omegas 3 y 6. En cuanto a la grasa ingerida, esta no debe proporcionar más del 35% de la energía total diaria. Los menores de cuatro años podrán alcanzar hasta un 40%



Expertos de cuatro sociedades médicas nacionales (SEDCA, SEA, AEP/ SEGHNP y SEMFYC), en colaboración con el Instituto Flora, han elaborado Grasas de la alimentación y salud cardiovascular, el primer documento de consenso sobre la importancia del consumo de grasas dentro de una alimentación variada y equilibrada, y su papel en la prevención de enfermedades cardiovasculares.
El documento destaca la importancia de incluir grasas de calidad en nuestra alimentación diaria, priorizando el consumo de pescado azul, frutos secos, aceite de oliva virgen y derivados de aceites y semillas.
Por primera vez, se desmitifica el consumo de grasa, dándole un valor añadido a su aporte energético. Según el Dr. Francisco Pérez Jiménez, “la relación entre salud e ingesta de grasa no depende tanto de la cantidad sino de la calidad de la misma”.
Se insiste en la necesidad de consumir grasas cardiosaludables en detrimento de las grasas saturadas presentes en mayor cantidad en las carnes grasas, lácteos enteros, productos de pastelería, snacks.
Mientras se sigue apostando por la dieta mediterránea y el aceite de oliva como su ingrediente estrella; también se ponen de manifiesto los beneficios de los Omega 3 y 6, los cuales funcionan como reguladores metabólicos en los sistemas cardiovascular, pulmonar, inmune, secretor y reproductor.
El estudio se detiene también en las edades de los consumidores prestando especial atención en los niños y adolescentes, cuya alimentación no puede obviar los beneficios de una correcta ingesta de grasa. Entre otros ejemplos, la calidad de ésta influye en la prevención de la aterosclerosis hasta conseguir una óptima agudeza visual y un mejor desarrollo cognitivo en niños prematuros y recién nacidos.

PRINCIPALES CONCLUSIONES

La grasa ingerida no debe proporcionar más del 35% de la energía total diaria. Los menores de cuatro años podrán alcanzar hasta un 40%.
Los ácidos grasos insaturados, presentes en alimentos como el aceite de oliva, de semillas o la margarina, deben ser la fuente principal de energía aportada por la grasa. Los ácidos grasos saturados deben aportar menos del 10% de las calorías diarias y el colesterol debe ser inferior a 300 mg.
Hay que reducir al máximo el consumo de ácidos grasos trans (1%). Los aperitivos salados o la bollería industrial son algunos de los alimentos que incorporan esta grasa.
Para mejorar el perfil graso de la dieta, es preferible consumir pescado (mínimo dos veces por semana) y elegir carnes magras. Niños y embarazadas deberían elevar el consumo de pescado hasta tres o cuatro ingestas a la semana, evitando aquellos con concentraciones elevadas de mercurio (atún grande, pez espada…).
Se recomienda tanto para los adultos como niños con exceso de peso o dislipemias el consumo de leches descremadas y sus derivados. La leche de vaca entera sin modificar debe ingerirse a partir de los 12 meses. Los neonatos que no reciban lactancia materna, deberán ingerir fórmulas enriquecidas con ácidos grasos poliinsaturados.
La preparación de las comidas debe ser sencilla (hervido, plancha, vapor, etc.).
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