15 participantes muestran que unos minutos de reflexión tienen beneficios.




En 2007, una encuesta del Gobierno de EEUU reveló que el 9,4% de los estadounidenses había practicado la meditación en el último año. Esta técnica milenaria de origen oriental, podría ser útil en un amplio abanico de campos de la salud, aunque sólo poco a poco comienza a demostrar sus beneficios de manera científica. La última, para controlar el dolor.

Como siempre que se habla de medicinas alternativas, los más reacios se aferran a la falta de evidencias cuantificables para dudar de sus beneficios. Sin embargo, cada vez son más las instituciones y revistas de prestigio que ponen sobre la mesa su utilidad. Como acaba de hacer un grupo de investigadores de la Universidad Wakeforest (en Carolina del Norte, EEUU) en las páginas de la revista 'The Journal of Neuroscience'.

Sus trabajos con 15 voluntarios jóvenes acaban de demostrar que unos minutos de meditación, incluso sin ninguna experiencia previa con esta técnica, pueden tener un amplio efecto contra el dolor (incluso superior en algunos casos a los de analgésicos y opiáceos clásicos, como la morfina).

Los participantes, con una media de 26 años, sólo recibieron cuatro días de 'formación' para familiarizarse con la meditación antes de comenzar el ensayo. Lo hicieron guiados por un monitor con 10 años de experiencia que fue introduciéndoles en esta técnica, que consiste en ir centrándose en el ritmo de la respiración hasta lograr dejar la mente en blanco de cualquier otro pensamiento.

Posteriormente, y observando su reacción cerebral mediante un tipo de resonancia magnética, les provocaron un dolor 'tolerable' en la pierna mediante calor intenso. Las imágenes cerebrales tomadas después del estímulo mostraron una reducción del 40% del dolor (aunque con un amplio rango de unos sujetos a otros, desde el 11% de algunos voluntarios hasta el 93% en el mejor de los casos). Aunque como destacan los autores, dirigidos por Fadel Zeidan, la media está por encima del 25% de reducción del dolor que se logra habitualmente con la morfina.

La clave de este éxito, destaca, radica en que la meditación actúa a distintos niveles cerebrales al mismo tiempo, por lo que no se puede ceñir su acción a un sólo punto del cerebro, sino más bien a varias áreas. Concretamente, las resonancias mostraron un descenso de la actividad en la córteza somatosensorial primaria, implicada en la intensidad con que se percibe el dolor; al tiempo que aumentaba en otras regiones (como la ínsula anterior o la corteza orbitofrontal) implicadas en procesar la información que llega al cerebro procedente del área dolorida.
Comparte este artículo con tus amigos
 
Top