La viruela ha sido una de las enfermedades más desconocidas, antiguas y mortales de todos los tiempos; un virus que tiene su origen hace 10.000 años y cuya mortalidad llegó al 30% de los afectados por ella.




Sin embargo, tras una intensa campaña de vacunación llevada a cabo por la Organización Mundial de la Salud (OMS) esta enfermedad consiguió erradicarse por completo un 8 de mayo de 1980. Este hecho representa, hasta la fecha, el mayor hito de la medicina moderna por tratarse de la primera vez que el ser humano consigue eliminar totalmente una enfermedad de la naturaleza. Pero ¿entonces ya no queda más viruela que pueda afectar mortalmente a los humanos?

La respuesta se encuentra en dos laboratorios de alta seguridad gubernamentales: los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EEUU (CDC en sus siglas en inglés) situados en Atlanta y Vector, su homónimo ruso situado en Koltsovo, al sur del país. Ambas instalaciones son las únicas que conservan almacenadas 451 y 120 cepas respectivamente de este virus, hecho que lleva años levantando más de una crítica por el miedo ante un hipotético accidente o acción bioterrorista que volviera a convertir a la desaparecida enfermedad en rabiosa actualidad.

Precisamente por ello, la OMS volverá a reabrir en mayo el debate sobre la eliminación total de este virus a través de la incineración de las muestras, debate cuya conclusión más que probable será la de conservarlas para alargar el plazo de investigación.



Mejor si somos precavidos



La viruela es causada por un virus llamado variola que se transmite de persona a persona a través del contacto directo y prolongado o por manipular objetos infectados. La causa de que muchos de los afectados muriesen se debía a la dificultad de distinguir sus primeros síntomas -fiebre, malestar, dolor de cabeza- de otras enfermedades como la varicela. Cuando se reconocía que era viruela -por las características lesiones por todo el cuerpo-, para muchos ya era demasiado tarde.

Sin embargo, este virus causaría su última víctima mortal en 1977 y desde entonces no se ha vuelto a encontrar otro caso. ¿Cómo se consiguió erradicar? La solución, aunque sólo preventiva, era antigua. En 1796 el investigador Edward Jenner descubrió que al inocular el virus vaccinia (parecido a la viruela, pero de origen animal) a las personas, éstas no desarrollaban la temible enfermedad. Este experimento sería la base para desarrollar una vacuna que conseguía mantener fuera de peligro al 95% de las personas no infectadas y reducir los síntomas de aquellos que, teniéndola, estuvieran en su primera fase.

Tras tres décadas después de su desaparición, muchos interrogantes quedan abiertos. Es perfectamente factible con la tecnología que existe hoy en día, rescatar y resintetizar un patógeno de este virus. También es posible que aparezcan mutaciones, una situación severa teniendo en cuenta que las personas menores de 35 años nunca han sido vacunadas.

Y luego está la amenaza terrorista. En 2005, Washington (EEUU) fue el escenario de un ejercicio ficticio dirigido por el Centro de Bioseguridad de la Universidad de Pittsburgh para analizar la coordinación y rapidez ante una amenaza bioterrorista cuyo protagonista era la viruela. Los resultados no fueron optimistas. Se calculó "de forma muy conservadora", según Tara O'Toole, organizadora de este simulacro, que mes y medio después de la primera exposición habría 400.000 afectados en todo el mundo, 100.000 muertos -con proyecciones de millones que seguramente fallecerían a mediano plazo- y un enorme caos en la economía mundial.

Aunque no exista una amenaza real es necesario ser precavidos y defendernos si el virus volviera a reaparecer. Actualmente la OMS cuenta con 32,6 millones de vacunas almacenadas en Ginebra (Suiza), además de los 27 millones de dosis que Francia, Alemania, Nueva Zelanda y EEUU se han comprometido a donar en caso de necesidad. La respuesta al futuro de la viruela, el próximo mes de mayo.
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