Cuanto más sabemos sobre los tumores más claro parece que para vencerlos habrá que atacarlos por varios frentes a la vez. Por eso, la apertura de una nueva vía para combatir esta enfermedad es siempre una buena noticia. Eso es lo que han hecho científicos del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL), que han demostrado cómo un antibiótico puede combatir el cáncer estimulando la producción de unas pequeñas moléculas llamadas microARN.




Los miARN son fabricados por el llamado 'genoma oscuro', que es la parte del ADN que no se dedica a la síntesis 'típica' de las proteínas de nuestro cuerpo. No se sabe mucho del trabajo que realiza esta parte de nuestro material genético, que representa más del 90% del total, pero interviene en la regulación de la expresión de los genes del 10% restante, en la estabilidad de los cromosomas, etc.

Estas pequeñas moléculas de ARN "intervienen en importantes procesos celulares como la proliferación, la diferenciación, la apoptosis y el desarrollo", explican los autores en las páginas de la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences'. Algunos de estos miARN tienen un efecto antitumoral y varios estudios muestran que las células cancerígenas tienen alterada su expresión, en comparación con las células sanas.

"Por eso -continúa el estudio-, restaurar los niveles normales de miARN podría ser una estrategia atractiva para tratar el cáncer" y la enoxacina parecía un buen candidato para comprobar esta hipótesis. Este compuesto es un antibacteriano que se emplea en ocasiones para tratar infecciones del tracto urinario que atrajo la atención del equipo del IDIBELL por "su estructura química, que nos hacía sospechar que podría actuar sobre los miARN", explica a ELMUNDO.es Manel Esteller, Director del Programa de Epigenética y Biología del Cáncer del centro catalán.

Así que decidieron estudiar los efectos que tenía este antibiótico sobre varias líneas celulares tumorales y sobre modelos animales. Y funcionó. "Hemos demostrado que estimula la producción de miARN y que esto tiene un efecto antitumoral", afirma Esteller. La aplicación de esta sustancia inhibió el crecimiento de las células cancerosas y restauró sus niveles de miARN, "haciendo que éstas adoptaran un aspecto similar al de las células sanas", continúa.

Los resultados de este estudio, que ahora deberán corroborarse en pacientes, "tienen un doble interés. Por un lado, sabemos mucho de la farmacocinética de este principio activo porque ya se utiliza como antibiótico y, además, es interesante porque actúa contra el cáncer por una vía completamente nueva", asegura el investigador catalán.

Así que, aunque la enoxacina no llegue a ser un fármaco antitumoral, este trabajo "abre la puerta para el diseño de nuevos fármacos que tengan como diana los microARN que sí que puedan llegar a la clínica", concluye Esteller.
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