Todos seremos ‘cyborgs’

Distribuido por The New York Times News Service



En Casino Royale, la película de James Bond, al agente le implantan un microchip que le permite al cuartel general seguir su ubicación y registrar sus signos vitales. Si un experto británico en cibernética está en lo correcto, ese día llegará cuando la mayoría de la gente tenga implantes de chips; y los chips de la vida real harán mucho más de lo que Bond hace en la película.
Kevin Warwick, catedrático de cibernética en la Universidad de Reading (Inglaterra), tiene conocimiento de primera mano. En 1998 le insertaron quirúrgicamente un chip en el brazo izquierdo, convirtiéndose, según cree, en el primer ser humano en la historia al que se le implanta un chip informático.

Desde entonces, ya le conectaron un chip más sofisticado, directamente a su sistema nervioso. Aún trabaja con miras a su máximo experimento: lograr que le implanten un chip en el cerebro.

“Quiero convertirme en un cyborg”, dijo, con una sonrisa contagiosa. “Puedo ver las ventajas”, agregó.

¿De qué se trata?

Un cyborg es una mezcla de hombre y máquina, mientras que la cibernética es el estudio de la comunicación y el control entre seres humanos y computadoras. Warwick, quien tiene 52 años, preside, emocionado, lo que al parecer es el caos en el laboratorio MAD de la universidad. (El nombre no significa loco en inglés, sino Aparatos Autonómicos Móviles.)



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Kevin Warwick es un catedrático de cibernética en la Universidad de Reading, en Inglaterra.
Cables y partes de máquinas ocupan los bancos de trabajo. En el suelo, dos robots del tamaño de automóviles a escala compiten por cartografiar su ambiente y aprenden a no tropezar con los objetos. Cerca de ahí, un robot con un cráneo por cabeza trabaja en la combinación de energía de sus diversos sensores -audio, video, ultrasonido, radar e infrarrojo - para interpretar qué está ocurriendo a su alrededor. Y en otro laboratorio universitario, las computadoras están siendo controladas por tejido viviente tomado de los cerebros de ratas. Sin embargo, los experimentos más osados de Warwick han sido sobre sí mismo.



El 24 de agosto de 1998, según lo filmado por la BBC, un grupo de médicos hizo una pequeña incisión en el brazo izquierdo de Warwick, deslizó una delgada cápsula de una pulgada de longitud, y lo cosió. Dicha cápsula contenía microchips de sílice que anunciaron la presencia de Warwick a otras computadoras.

Las puertas de su oficina se abrieron de par en par a medida que él se acercaba. Las luces se encendieron cuando él entró. Su computadora lo saludó y le informó cuántos mensajes de correo electrónico habían llegado. Se dejó ese chip por dos semanas. Ahora está expuesto en el Museo de Ciencia de Londres.

Antecedentes

En 2002, otro grupo de médicos abrió la muñeca izquierda de Warwick e implantó un aparato mucho más pequeño y sofisticado. Durante tres meses, sus 100 electrodos estuvieron conectados a su nervio mediano, uniendo su sistema nervioso a una computadora.

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Los pacientes de rehabilitación muestran a los científicos su desenvolvimiento tras mantenerse conectados directamente a máquinas.
“Yo movía mi mano y mis señales neuronales eran enviadas a través de la internet para abrir y cerrar la mano de un robot”, dijo. No sólo eso: La mano robótica tenía sensores. Mientras sujetaba una esponja o un estuche de anteojos, enviaba información a Warwick.

Fue en verdad excitante, dijo Warwick. “Lo experimenté como señales en mi cerebro, mismas que mi cerebro se sintió muy conforme de reconocer como retroalimentación de las puntas de las manos del robot”.

Efectos

La investigación ha tenido significativas implicaciones en la esfera médica. Personas que están paralizadas pudieran recuperar cierto movimiento si un chip fuera implantado encima de la división de los nervios y otro se implantara debajo, para recibir los impulsos, explicó Warwick.

Chips más inteligentes en los cerebros de personas con el mal de Parkinson pudieran percibir la aparición de temblores y enviarle una señal al cerebro para que los detenga. “Es como un cerebro de computadora superando en pensamiento al cerebro humano”, afirmó.

No obstante, el experimento más grande de Warwick, en el cual él se hará implantar un chip en el cerebro, está a siete u ocho años de distancia. Probará la comunicación a través del pensamiento: “Literalmente, la primera comunicación cerebro a cerebro”, comentó.

“Nada va a impedirme hacerlo”, mencionó.

Rechazo

No todos aprueban la investigación de Warwick. De cuando en cuando, él recibe misivas de personas a las que llama “extremistas religiosos”, en las cuales le dicen que él se está metiendo con la obra de Dios. Además, en un comentario de opinión publicado en el Toronto Star, Kevin Haggerty, catedrático adjunto de criminología en la Universidad de Alberta, se refirió a Warwick como uno de los integrantes de la “guardia de avanzada” que intenta expandir la tecnología de los chips tanto como sea posible.

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Una vista del interior de un brazo biónico.
Llegará el día, advirtió Haggerty, en que toda la gente tendrá chips y el gobierno será capaz de localizarlos todo el tiempo, registrando sus más mínimas características conductuales. Warwick reconoce que la tecnología hace surgir interrogantes éticos. En las manos de un gobierno maligno, dijo, podría ser usada con efectos horrendos. Sin embargo, también puede emplearse para buenos fines, destacó. “Yo le muestro a la gente lo que la tecnología puede hacer”, enfatizó.

Pese a diferir con respecto al grado de deseo hacia los implantes, Warwick y Haggerty coinciden en muchos aspectos. Para empezar, el procedimiento, que era desconocido hasta hace poco, se está volviendo más común.

Cada vez más propietarios de mascotas están aprovechando las ventajas de los implantes de chips en perros y gatos, los cuales transmiten su identificación a veterinarios y refugios de animales. Clientes de los clubes VIP Baja Beach en Barcelona y Róterdam pueden someterse a un microchip inyectado en sus brazos para tener acceso a salones VIP, pagando así bebidas sin esperar en una fila.

Además, una de las primeras aplicaciones de los chips para seguir a humanos pudiera relacionarse con criminales involucrados en delitos sexuales. Haggerty ve lo anterior como una forma de acostumbrar a la gente al seguimiento humano.

Warwick puede imaginar a oficiales tratando de resolver un crimen con sólo presionar un botón y ver instantáneamente las ubicaciones de todos los delincuentes sexuales en un área dada.

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Una de las primeras aplicaciones de los chips para seguir a humanos pudiera relacionarse con criminales.
Ambos pronostican una era en la que la mayoría de la población tendrá chips implantados. Para Warwick, eso se debe a que las ventajas serán tan claras: mejor memoria, mayor capacidad de análisis y comparación, la habilidad de pensar en más dimensiones y la posibilidad de percibir el mundo en formas diferentes.

Sin embargo, habrá, dijo, importantes preguntas que responder. “¿Está bien actualizarse? ¿Qué hay de la gente que no se actualiza?”, preguntó. “Si ellos no se actualizan, podrían convertirse en algo similar a una subespecie”.

Mayor información en la internet: www.kevinwarwick.com
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