Cuando se trata de la salud de tus hijos/as, ¿no harías todo lo que fuera necesario para protegerlos? Creo que conozco tu respuesta a esa pregunta. Todos los padres quieren que sus hijos/as estén sanos. Sin embargo, en ese afán de buscar lo mejor para ellos/as, también pueden equivocarse. Hablo específicamente de muchos padres de familia que, preocupados por los rumores infundados de que las vacunas pueden causar enfermedades como el autismo, dejaron de vacunar y aún no vacunan a sus hijos/as.

El pánico entre los padres con relación a las vacunas y el autismo surgió en 1998, cuando el gastroenterólogo inglés Andrew Wakefield publicó un estudio en la revista médica Lancet, en donde afirmaba que había una conexión entre la vacuna contra las paperas, el sarampión y la rubéola (conocida como la Triple Vírica) y la incidencia del autismo en los niños pequeños. Aunque en su momento varios médicos pusieron en tela de juicio esta investigación, y desde entonces varios estudios y varias organizaciones médicas comprobaron que no existía esta correlación.

Sin embargo, para muchas personas, no fue hasta el año 2010 en que este estudio oficialmente perdió su validez y el Dr. Wakefield perdió su licencia para ejercer como médico. Esto se debe a que recientemente, el British Medical Journal publicó un artículo refiriéndose a dicho estudio como un “gran fraude basado en datos falsos”.

De acuerdo al British Medical Journal, Wakefield falsificó los datos diciendo que 12 niños en el estudio estaban normales antes de recibir las vacunas y que desarrollaron autismo después de que los vacunaron contra el sarampión, la rubeola y las paperas, a pesar de que todos tenían problemas de desarrollo previo. Lo hizo porque un abogado le ofreció $675,000 con la idea de demandar a los fabricantes de la vacunas. Esto obviamente no es ético. Es fraude.

Cuando el reportero que hizo la investigación reciente buscó los expedientes originales de donde se obtuvieron los datos para el artículo reportado en 1998 en la revista Lancet, el Dr. Wakefield había cambiado cosas para que se vieran más convincentes. Es más, en 2009, diez de los autores del estudio pidieron que el artículo original se retractara, el Lancet, lo retiró de entre sus publicaciones…. pero el daño ya estaba hecho.

Desgraciadamente muchos padres dejaron de vacunar a sus hijos. Por ejemplo, de acuerdo a estadísticas por el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades, en Estado Unidos únicamente hubo más casos de sarampión en 2008 que en ningún otro año desde 1997. Además, las personas con autismo también se vieron perjudicadas, porque ese dinero que se invirtió para demostrar que el estudio era falso, podía haberse invertido para tratar de encontrar tratamientos y la cura de esta condición.

Actualmente mucha gente utiliza a la red para buscar y resolver dudas sobre temas de salud, que fue lo que hicieron muchos padres y madres cuando surgió esta controversia. Por más que se vean elegantes y llamativas, muchas de las páginas sobre salud en el Internet no tienen la información correcta, hay que tener precaución. A veces no es con mala intención, en otras ocasiones, el propósito es vender algún producto.

Como la ciencia médica no es perfecta y muchas veces no tenemos todas las respuestas, muchos padres y madres de familia terminaron convencidos de que si vacunaban a sus hijos, tal vez éstos podrían desarrollar autismo. ¡Grave error! Primero porque científicamente nunca se ha probado que dicha conexión exista, y segundo, porque la mayoría de los médicos y todas las organizaciones importantes incluyendo la Organización Mundial de la Salud, la Academia Americana de Pediatría, la Asociación Americana de Médicos y muchas otras, recomiendan que se vacunen a los niños para disminuir e incluso para erradicar varias enfermedades infantiles que llevan a discapacidades permanentes e incluso a la muerte. Esto no es una opinión, esto se ha demostrado científicamente y estadísticamente.

Nada más hay que recordar que las enfermedades como las paperas, el sarampión y la polio, por mencionar algunas, pueden tener efectos devastadores como: sordera, ceguera y parálisis, respectivamente. Esto sin contar que pueden causar la muerte.

El Internet es una herramienta estupenda mientras se sepa utilizar y se sepa recurrir a los sitios que basen su información en estudios científicos. Siempre que tengas dudas sobre estos temas, consulta con tu pediatra. Y, si visita el Internet, ve de dónde proviene la información. No porque se llamen doctores significa que lo que presentan es serio. No te dejes enredar por mentiras que pueden costarte la salud de tus hijos/as.
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