A menudo embarazarse no es tan sencillo como parece. Las estadísticas muestran que un 25% de las parejas tienen problemas para concebir.

Sin embargo, las investigaciones sobre fertilidad han avanzado enormemente y hoy se cuenta con pruebas y estudios para detectar cuál podría ser la dificultad por la cual no ocurre un embarazo y qué hacer para superarlo.

Hay varios factores que pueden influir en la fertilidad, como edad, problemas de ovulación, trastornos del esperma o lesiones en las trompas de falopio.


¿Cuándo consultar al especialista?


Tal como le explica a la BBC Heather Welford, especialista de la ONG National Childbirth Trust del Reino Unido, si usted ha estado tratando de embarazarse y no ha tenido éxito o está preocupada, lo mejor es consultar a su médico.

"Su médico deseará conocer detalles sobre su historial médico, como sus menstruaciones, cuándo comenzaron y cuán regulares son", dice la experta.

"También le preguntará sobre embarazos previos o si ha sufrido una infección pélvica o una infección sexualmente transmitida".

Lo más probable es que el médico lleve a cabo exámenes, que incluirán una palpación interna, y la someta a análisis de sangre para revisar su conteo sanguíneo y sus niveles hormonales.

También su pareja podría ser sometida a pruebas, que incluirán tomar una muestra de semen para análisis.

El siguiente paso será derivarlos a una clínica especializada. En el Reino Unido, este proceso se lleva a cabo cuando la pareja ha estado tratando de concebir sin éxito durante al menos 18 meses.


¿Qué puede hacer el especialista?


La clínica especializada en medicina reproductiva se encargará de investigar la causa de su infertilidad.





El tratamiento que se le ofrezca dependerá de esa causa y puede variar desde terapias hormonales y uso de esperma u óvulos donados, hasta técnicas de reproducción asistida como fertilización in vitro (IVF, por sus siglas en inglés) o inyección intercitoplasmática de espermatozoide (ICSI).

Para las mujeres que no están ovulando, el primer tratamiento pueden ser los fármacos para estimular la ovulación que funcionan de la misma forma que las hormonas, estimulando a los ovarios para que liberen óvulos.

Este método a menudo ayuda a la concepción después de unos meses y no son necesarias más intervenciones.

Y estos son los mismos fármacos que utilizan para la inducción de ovulación en tratamientos más complicados, como la IVF.


¿Qué son la IVF y la ICSI?


La fertilización in vitro involucra la extracción de óvulos de los ovarios de la mujer para combinarlos en una probeta del laboratorio, ya sea con el esperma de su pareja o de un donante.

Si los óvulos resultan fertilizados con éxito se vuelven a implantar en el útero.


"Éste es un tratamiento muy exigente para la pareja", dice Heather Welford.


"Sólo una de cada tres mujeres logra embarazarse con el primer ciclo de IVF. Y algunos de estos embarazos se perderán en las primeras etapas de la gestación", agrega.




"A menudo se requieren varios ciclos de IVF para poder lograr un embarazo exitoso. Y aun así, no todas las parejas tienen éxito a pesar de someterse a numerosos intentos", dice la experta.


La ICSI (inyección intercitoplasmática de espermatozoide) a menudo se recomienda a las parejas que no tuvieron éxito con la IVF.

Este tratamiento involucra inyectar un solo espermatozoide en el óvulo y, si se logra desarrollar un embrión sano se implanta en el útero, igual que con la IVF.

El problema es que estos tratamientos, como son muy costosos, son muy limitados en muchos países.

Un solo ciclo de IVF en una clínica privada del Reino Unido puede costar US$5.000.

En América Latina, las regulaciones varían de país a país y no todos los servicios de salud ofrecen la fertilización de forma gratuita o, si lo hacen, se limita el número de ciclos, por lo general a tres, a los que puede ser sometida una mujer.

También hay otros tratamientos, con menos tasas de éxito que la IVF, como la inseminación artificial o la transferencia intratubaria de gametos, que a menudo se ofrece a las parejas cuya IVF fracasa.


¿Derecho humano?

Se ha abogado para que la reproducción asistida sea un derecho universal, pero lo cierto es que las parejas que tienen problemas de fertilidad enfrentan enormes desafíos en todo el mundo.

No sólo por las enormes diferencias en la accesibilidad a estos tratamientos entre un país y otro, sino por el estricto control que muchos países siguen ejerciendo en los métodos de reproducción asistida.

Sólo una de cada tres mujeres logra embarazarse con el primer ciclo de IVF. Y algunos de estos embarazos se perderán en las primeras etapas de la gestación



Un estudio del 2010 de la Federación Internacional de Sociedades de Fertilidad (IFFS, por sus siglas en inglés) encontró que muchos países católicos siguen teniendo estrictos controles sobre el uso de embriones y, por lo tanto, sobre los tratamientos de fertilidad.

La Iglesia Católica declaró en 1987 que "la IVF era ilícita" y, como resultado, países como Costa Rica han declarado que la IVF es inconstitucional porque "el embrión es una persona desde el momento de la concepción".

Tal como señala el profesor Ian Cooke, director de educación de la IFFS, "lo que es considerado aceptable varía de país a país".

"Estas enormes diferencias en la práctica clínica no ocurren en otros campos de la medicina, lo que indica que el control de lo que debe permitirse está en manos de las actitudes sociales o religiosas, más que de la mejor práctica de la medicina".

En América Latina sólo Chile, Cuba, México y Venezuela cuentan con guías específicas sobre cómo y cuándo utilizar técnicas de reproducción asistida. Otros países de la región las utilizan "a discreción".

"Lo cierto -como señala Heather Welford- es que someterse a un tratamiento de fertilidad, cualquiera que sea, es una experiencia cargada de emociones y dificultades".

"De manera que es importante buscar ayuda y aprovechar todo el apoyo que se le brinde".
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