Cuando lo que comemos genera adicción



Tortas, galletitas dulces, frituras, helado, comida chatarra…forman parte de una larga lista de las llamadas carbograsas y proteograsas. Un especialista explicó a Infobae.com que “son de alto poder estimulante al paladar y generan adicción por la liberación de endorfinas que provocan”. Cómo frenar la compulsión




Quien no haya comido una papa frita sin sentir que hasta el final del paquete no podía parar, que tire la primera piedra.

Es que los snacks son uno de los muchos alimentos de los que, por menos conocimientos que alguien posea de nutrición, podrá decir que “tienen algo que hace que no se los pueda dejar de comer”.

Si bien no puede hablarse de una adicción al nivel de la que se produce frente a sustancias tóxicas, su impacto no deja de ser importante en el organismo.

Para saber por qué la voluntad parece no tener nada que hacer frente a un pote de dulce de leche, Infobae.com consultó al doctor Rubén Salcedo (MP 17.181), quien es médico Internista especializado en Obesidad y director médico adjunto de Sanatorio Diquecito.


¿Hay alimentos adictivos?



Sí, los industrializados especialmente. La naturaleza no produce alimentos adictivos, sino que es la industrialización la que logró generar alimentos que generan un fuerte estímulo a nivel gustativo, y eso es precisamente lo que produce una conducta adictiva posterior.

¿Qué causa el fenómeno?

Los alimentos adictivos son los que tienen un alto tenor de carbograsas. Éstos producen mediadores neuroquímicos similares a los de la morfina. Los mediadores derivados de los lácteos, por ejemplo, se [b][/b]llaman “lactorfinas”. Éstos son ni más ni menos que morfinas derivadas de la caseína de la leche.

La comida es el primer antidepresivo que encontró el ser humano ante situaciones angustiantes. Quién no conoce el dicho “panza llena, corazón contento”, que ejemplifica esto que estamos diciendo.

Esto se da porque las carbograsas presentes en estos alimentos adictivos estimulan la liberación de morfinas endógenas, las que hacen que las personas se sientan reconfortadas después de una buena comida.

Por carbograsas se entiende a la presencia de hidratos de carbono mezclados con algún tipo de grasa, generalmente saturada. También pueden ser proteograsas, como es el caso de la carne, es decir proteína combinada con grasa. No es lo mismo comer un bife de lomo que un bife de chorizo. El bife de lomo es rico en proteínas pero el bife de chorizo tiene además grasa de manera significativa.

En el caso de los helados, por ejemplo, no es lo mismo comer frutilla al agua que frutilla a la crema. Habitualmente los helados más ricos son los que tienen más crema de leche. Igualmente sucede cuando se come algo salado de alto tenor graso: no es lo mismo comer papa hervida salada que papa frita salada.

¿Por qué producen compulsión a consumirlos?

La compulsión está dada justamente por la presencia de estos componentes carbograsos. Cuando alguien dice que le gusta el dulce de leche, en realidad no es simplemente lo dulce lo que le gusta, porque no es lo mismo comer miel que dulce de leche. Es difícil que me coma un kilo de miel y que tenga un atracón. Pero sí me puedo dar un atracón de dulce de leche, por lo que éste genera a nivel endorfinas.
¿A quiénes afecta más?

A nivel del hipotálamo (el centro regulador del apetito) es donde se produce la modulación de la ingesta de comida. En las mujeres es mediada por sustancias químicas que son elevadas a partir de las carbograsas. En los hombres es mediada por las proteograsas.

Estas sustancias elevarn la serotonina (cada producto por su lado), que es la molécula química que modula el estímulo del apetito en el cerebro a nivel del hipotálamo.

Por esto es, en general, que las mujeres gustan más de los productos dulces con grasa (dulce de leche, helado, bombones, etc) y el hombre de las comidas saladas con grasa (choripán, asado, maní, papas fritas, etc.). Pero esta predilección por la comida, se puede dar en “viceversa” en menor proporción.

En general, el sexo femenino tiende a comer más las carbograsas dulces. Los hombres, en cambio, suelen sufrir adicción a las proteograsas saladas. Eso se explica en la constitución química del cerebro.

¿Cuáles son estos alimentos?

La lista es muy larga, pero los siguientes son algunos de los alimentos que más adicción producen:

Dulces: tortas (pastafrola, mil hojas), galletitas dulces de alto tenor graso, masitas secas, bocaditos de copetín, chocolate dulce (no el amargo, que no es muy adictivo), bombones, el helado en general (a la crema).

Salado: todos los fritos (papa frita, huevo frito y empanadas a la cabeza), comidas rápidas (“chatarra”), pizzas, copetín (chizitos, nachos), asado muy grasoso (especialmente las achuras porque son de alto contenido graso y tienen poca proteína).

Cuando uno come un asado, en término medio, está consumiendo unas 3 mil calorías en una sola ingesta, siendo que un varón promedio necesita por día 2 mil calorías para un peso sano, mientras una mujer necesita 1.800.

* Las empanadas fritas, en tanto, tienen 400 calorías cada una.

* El vacío gordo, cada 100 gramos, tiene 615 calorías, sin contar el acompañamiento.

* Una porción de papas fritas bastón, tiene 545 calorías.

* Un balde grande de pochoclo, o popcorn, tiene 1.300 calorías

* Una hamburguesa doble cuarto de libra tiene 1.400, sin contar las papas.

Todos estos alimentos, que son de alto poder estimulante al paladar, tienen esa capacidad de producir adicción por la liberación de endorfinas. El gran problema es que, si uno estimula el cerebro todos los días, después de un tiempo, en caso de cortarse esta generación de endorfinas la persona empieza a tener la conducta de compulsión, es decir la necesidad de generarlas a través de alimentos que tengan esa capacidad.

Es allí cuando ocurre lo mismo que cuando uno deja de fumar y después de un tiempo da una pitada: la recaída es casi inevitable. Por eso es importante no exponerse.

En definitiva, todo alimento que estimule la liberación de endorfina tiene capacidad adictiva.


¿Hay manera de impedir la compulsión o la única “prevención” es no comer esos alimentos?

Insisto en que esto es como el tabaco: la única manera de no tener más ganas de fumar es no exponerse. Es un error cuando el que deja de fumar se guarda un paquete de cigarrillo por si alguna vez le da un ataque.

Entonces, haciendo un paralelismo, lo bueno es no exponerse directamente a los alimentos de alto tenor graso. Si uno desea, es preferible tener siempre a mano una barrita de chocolate amargo, si le gusta lo dulce. Cuando uno sabe que le está por venir el deseo de comer, hay que anticiparse mediante la ingesta de estas alternativas no adictivas. Al que le gusta lo salado, que haga lo mismo con una porción de queso magro, pero siempre antes de que llegue el ataque de hambre, porque una vez que se dio ya no se lo puede parar.

Lo otro que es importante tener en cuenta es que la persona no debe esperar a tener hambre, sino comer con apetito.

En medicina nutricional es muy importante trazar la diferencia entre hambre y apetito: el hambre se hace manifiesto cuando alguien pasa más de cuatro horas sin comer, y es muy difícil de frenar. El apetito, en cambio, es discriminativo, o sea, la persona es capaz de no comer cualquier cosa sino que su cabeza puede decidir qué comer.

Si al hambre se le suma la compulsión, no se frena con nada. En cambio, al apetito se soluciona mucho más fácil. Por eso es clave no pasar más de cuatro horas sin comer.
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