El 'Fenómeno' que cautivó al mundo con sus galopadas, quiebros y golazos colgó las botas el lunes con una despedida emocionante, pero no exenta de polémica. A sus 34 años, Ronaldo anunció ante la prensa brasileña y extranjera que había decidido "adelantar" su retirada por "motivos importantes". A nadie sorprendió el primero y principal: "Todos conocéis mi historial de lesiones. Van de un lado para otro, de una pierna para otra, de un músculo para otro..." El segundo, en cambio, levantó una montaña de sospechas.

"Hace cuatro años, en el Milan, descubrí que sufría de hipotiroidismo, un trastorno que desacelera el metabolismo. Y que para controlarlo tenía que tomar unas hormonas que en el fútbol no están permitidas porque sería dopaje", se justificó el último 9 del Corinthians antes de mandar un recado a quienes, como el ex presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva, llevaban todo este tiempo mofándose con insistencia de sus kilos de más. "Muchos deben de estar arrepentidos por haber bromeado con mi peso", dijo, "pero no guardo rencor a nadie. Sólo quería explicarlo en el último día de mi carrera".



El ex delantero del Barcelona y del Real Madrid intentaba así tapar uno de los puntos más oscuros de su exitosa trayectoria, la evidente derrota en su lucha contra la balanza que llevó a sus más ácidos críticos a rebautizarlo como 'El Gordo'. No sin buena parte de razón: R9, que en sus momentos más brillantes pesaba en torno a 83 kilos, se presentó rebasando los 100 en el Mundial de Alemania en 2006. Y aun así, parecía una bailarina comparado con la imagen que llegó a exhibir en estadios y playas tras su regreso a Brasil dos años más tarde.


Una alteración leve


El argumento del 'Fenómeno', sin embargo, tardó poco en ser contestado por los expertos. "El tiro le ha salido por la culata", contraatacaba esta semana el diario 'O Estado de S. Paulo'. En declaraciones a ese periódico, el médico del Corinthians, Júlio Stancati, reconoció que el futbolista desembarcó en el club en 2008 con una disfunción en la glándula tiroides pero matizó que los resultados de los exámenes "no justificaban" por entonces la puesta en marcha de ningún tratamiento específico.



El pasado enero, en cambio, los análisis periódicos a los que seguía sometiéndose el máximo goleador de la historia de los Mundiales reflejaron que había sufrido alteraciones en el nivel de hormonas que regulan el metabolismo y el funcionamiento de los órganos. "Necesitábamos iniciar el tratamiento, porque la falta de cuidados con esa enfermedad puede llevar a la persona a sufrir problemas cardiacos en algunos casos", explicó Stancati.

El corazón no es el único que puede padecer complicaciones. Según Gisah Carvalho, presidenta de la Sociedad Brasileña de Endocrinología y Metabología (SBEM), la falta de reposición de la tiroxina (T4) puede aumentar el cansancio, dificultar la concentración, incrementar la sensibilidad al frío, resecar la piel, debilitar los cabellos e incluso provocar estreñimiento.



¿Y qué hay de la báscula? "El aumento de peso debido a la lentitud del metabolismo no es significativo", avisa Carvalho. "Si una persona que sufre ese problema rechaza tomar los medicamentos, puede tener alteraciones en el colesterol", añade su colega Celso Melo dos Santos, del Servicio de Endocrinología del Hospital de Belo Horizonte, quien considera normal una ganancia de dos a cuatro kilos. "Si es mayor, se necesita complementar el tratamiento con una dieta", aconseja.


Un tratamiento admisible


Sirva o no como excusa válida para los más de 100 kilos con los que Ronaldo ha convivido el último tercio de su carrera, lo cierto es que el hipotiroidismo no tendría por qué haber perjudicado su desempeño. El Código Mundial Antidopaje deja claro en su artículo 4.4 que los deportistas "pueden solicitar una autorización para el uso terapéutico de sustancias o métodos prohibidos" cuando dispongan de un "historial médico documentado" que lo justifique.

Además, la levotiroxina sódica que se emplea para mitigar los efectos del hipotiroidismo no figura entre los productos vetados en la actualidad por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA). "La reposición hormonal no está en la lista de sustancias dopantes de ninguna entidad deportiva. Y si lo estuviera, el Corinthians, el médico del club o el propio Ronaldo sólo habrían tenido que presentar un informe junto a los exámenes para conseguir la autorización", asegura el responsable de antidopaje de la Federación Paulista de Fútbol, Fernando Solera. "El jugador es un empleado como cualquier otro y no se le puede impedir trabajar por sufrir una enfermedad", opina.



Parece claro, por tanto, que la jubilación del goleador carioca después de casi dos décadas sobre el césped no puede atribuirse a la cuestión hormonal, aunque quizá ese factor sí contribuyó a precipitar su decisión cuando todavía le faltaba casi un año de contrato por cumplir en su país. "Sabemos por experiencia que los deportistas no paran por un único motivo", valora el director de la Sociedad Brasileña de Medicina del Ejercicio y del Deporte, Ricardo Nahas. "Ronaldo padecía problemas en las rodillas y ya tenía una cierta edad. No lo dejó por el hipotiroidismo, pero seguro que influyó".
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