Aunque los científicos han sabido desde hace tiempo que hay alrededor de 500 millones de células nerviosas en nuestro intestino, la gran complejidad que esto representa se traduce en que es poco lo que se sabe sobre las diferentes clases de células nerviosas intestinales y sus funciones.

Ahora, un equipo de investigadores dirigidos por la Dra. Irene Miguel-Aliaga, de la Universidad de Cambridge, ha utilizado a la mosca de la fruta, Drosophila melanogaster, para investigar las funciones de estas células nerviosas intestinales.

Los investigadores han descubierto que estas células nerviosas intestinales tienen funciones muy importantes y especializadas, como regular el apetito o ajustar el balance de agua intestinal durante el proceso de reproducción.

Las moscas de sexo femenino sufren de estreñimiento en su etapa reproductora. La velocidad de vaciamiento de sus intestinos se reduce, aunque estén consumiendo más comida. Al mismo tiempo, retienen más agua y el contenido de sus intestinos se vuelve más concentrado.

Los investigadores han demostrado que estos cambios intestinales son provocados por una hormona que los machos inyectan en la hembra durante la copulación. Esta hormona activa un pequeño grupo de células nerviosas intestinales.

Los seres humanos nos reproducimos de un modo muy distinto a como lo hacen las moscas de la fruta, pero los síntomas asociados al estreñimiento, y su causa, una hormona reproductora, son básicamente los mismos. Esto sugiere que el mecanismo ha sido conservado a través de la evolución. Estos cambios intestinales pueden resultar beneficiosos en el periodo reproductivo, porque durante el mismo hay una alta demanda nutricional, y los cambios intestinales descritos maximizan la absorción de nutrientes.
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