Trucos para que los niños controlen esfínteres y no mojen la cama




Su demora no significa una enfermedad, pero sí un proceso lento del desarrollo.


Sentar al niño en la mica hasta que haga sus necesidades, ya no es una estrategia para que ellos aprendan a controlar sus esfínteres. Sin duda, la mejor forma de lograrlo es conociendo a su hijo. Esto se obtiene entendiendo que ese es un proceso normal, que no debe ser negativo en ningún momento y que se puede conseguir si se hace con amor y tranquilidad.

Según la pediatra María Isabel Uscher, no existe una edad específica para iniciar el control de esfínteres. “Usualmente, el momento es entre los 18 y los 24 meses. Sin embargo, cada niño tiene un ritmo de desarrollo diferente y es por eso que el momento no puede ser definido en forma uniforme”, afirma Uscher.

En algunos casos, el niño se demora en mostrar interés por el control de esfínteres o retrocede en el proceso que ya se inició. Esto ocurre, en general, porque no se tiene en cuenta el desarrollo individual de cada niño.

“El menor puede mostrar signos de estar listo, pero si hay otros factores que le dificulten iniciarlo, puede haber más posibilidades de fracaso. Un niño que acaba de tener un hermano, que sus padres se están separando o se está adaptando al jardín va a requerir un momento diferente para iniciar además el control de esfínteres”, explica Uscher.

Es importante recordar que los niños tienen el límite de controlar esfínteres hasta los 5 años de edad. Y esto no quiere decir que si no lo hacen en este tiempo implique una enfermedad. Esto está asociado al proceso individual de maduración física (del control de la musculatura de la vejiga) y de la tranquilidad que sienta con el proceso.
Según el médico pediatra Gonzalo Franco, este proceso es más difícil de lograr cuando los padres desafían y se portan de manera intranquila frente a sus hijos.

“Se debe evitar no comenzar el entrenamiento cuando se encuentra en una fase negativa y nunca en contra de la voluntad del pequeño. No le recuerde permanentemente a su hijo y nunca utilice la violencia en el entrenamiento. Mejor, transfiera toda la responsabilidad al niño con amor y cariño dándole incentivos”, explica Franco.


Cuando mojan la cama

El control de esfínteres nocturno varía mucho más. Mientras algunos niños lo aprenden casi simultáneamente con el del día, algunos se demoran un poco más.

“Para ellos es más difícil en la noche, porque tienen que mantener la orina por mucho más tiempo en la vejiga y, al estar profundamente dormidos, a algunos les cuesta trabajo despertar y buscar el baño para no mojarlo”, indica la pediatra Uscher.

Un indicativo de que el niño está listo para dejar el pañal en la noche es cuando pase más del 70 por ciento de las noches amaneciendo con el pañal seco. Casi el 50 por ciento de los niños mojan la cama a los 3 años. Se considera normal que se presenten accidentes en la noche inclusive hasta los 6 años, en donde hasta el 12 por ciento de los niños los presentan y, en general, se relacionan con historia familiar.

Algunos niños se rehúsan a usar el baño porque es ruidoso, frío y nuevo, porque en algún momento se pueden haber asustado, o porque se sintieron intimidados por alguna reacción en caso de accidente.

“Algunos trucos que funcionan, para que lo logre, son el de darles mucha importancia a los logros que muestren como “ya saltas, estás muy grande; ya sabes montar en triciclo”, acentúa el pediatra Franco.

Otra forma de ayuda es darle un sitio cómodo, y donde se sienta seguro para entrar al baño (una mica o bacinilla que sea apropiada para su tamaño, segura y que usted lo acompañe).

En caso de encontrar mucha resistencia o no ver resultados en el control de esfínteres, es importante consultar con el médico tratante para hacer los estudios que sean pertinentes y recibir las recomendaciones de un experto que conoce a su hijo.


Pautas del momento adecuado

Es importante resaltar algunos signos que se deben tener en cuenta para iniciar el proceso, ya que lo ideal es tratar de buscar el momento en el que realmente lo esté, para evitar frustración en los padres y el niño. “No es necesario que el niño cumpla todos los criterios para empezar, pero sí que muestre signos de entender de independencia y de saber de qué se trata el proceso, para que lo haga más fácilmente”, dice la médica Uscher. Las habilidades que sirven para definir si está listo son las siguientes:

• Moja menos seguido los pañales: tiene periodos de pañal seco por tres o cuatro horas y orina una cantidad significativa de una sola vez.
• Tiene deposiciones bien formadas y se puede predecir el momento de la deposición.
• Puede caminar solo con estabilidad, inclusive correr.
• Se sube y se baja solito los pantalones.
• Puede sentarse en un solo sitio por varios minutos.
• Tiene interés en imitar el comportamiento del adulto y le gustaría intentarlo.
• Le molesta sentirse mojado o sucio con la deposición.
• Muestra interés en ser más independiente y satisfacción con los logros.
• Da señales verbales o no, de tener la necesidad de ir al baño.
• No muestra resistencia para entrar al baño.
• Sigue órdenes sencillas.
• Entiende la importancia de poner las cosas donde deben estar.
• Sabe decir palabras que signifiquen popó o pipí.
• Quiere quitarse el pañal.


Tengan en cuenta los padres:

• Póngase de acuerdo con todas las personas que tienen que ver con el cuidado del niño (padres, cuidadores, abuelos, niñeras, empleadas,) para que todos transmitan el mismo mensaje y, así, el manejo sea coherente.
• Explíquele a su hijo, en forma sencilla, el proceso que va a iniciar y motívelo a conseguir ese logro.
• Muéstrele las ventajas de dar ese paso, de crecer, de ser independiente.
• Mantenga la calma en los momentos de crisis, no haga del ‘accidente’ un drama o un fracaso. Haga una reflexión tranquila y motívelo para avisar la próxima vez.
• Recuerde que es mucho más importante hacer énfasis en los logros, que en los fracasos. Frases como “No pasa nada, recuerda que ayer lo hiciste muy bien y en la próxima me avisas para que no nos pase” pueden ayudar a pasar rápido el accidente, sin generar mucha ansiedad.
• Tenga en cuenta que si los fracasos son muchos más que los éxitos, puede volver al pañal y retomar el proceso cuando los signos de que está listo se cumplan.
• No comience el entrenamiento sino hasta que el niño esté listo y manifieste el deseo de ir al baño por incomodidad.
• Enséñele lo que es ‘popó, chichí, estar mojado, limpio o sucio.
• Compre una silla de ir al baño, de tal modo que pueda poner los pies en el piso. Esto le ayuda a mover sus esfínteres por presión, a pujar y a tener seguridad. Hágalo participar en la compra y téngala en la habitación de juegos.
• Al sentarlo, puede hacerlo después de comer en la mañana, distráigalo con libros y juegos durante 5 minutos.
• Cada vez que avisa y controla, recompense al niño con objetos y caricias.
• Vístalo con pantalones de entrenamiento y acostúmbrelo a estar con otros niños que ya controlan.
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