Las personas que tienen más de cuatro resfríos al año, y con una duración mayor a 10 días, podrían en realidad sufrir de rinitis alérgica





Las personas que tienen más de cuatro resfríos al año, y con una duración mayor a 10 días, podrían en realidad sufrir de rinitis alérgica, e incluso de rinosinusitis, dos afecciones cuyos síntomas persisten a menos que se siga un tratamiento adecuado. Así lo advirtieron especialistas en alergia y otorrinolaringología durante el “Simposio sobre Rinitis Alérgica, Rinosinusitis y Poliposis nasal”, organizado por la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica (AAAeIC) y la Federación Argentina de Sociedades de Otorrinolaringología (F.A.S.O.), hace pocos meses..

La rinitis alérgica (RA) es una afección nasal cuyos síntomas son provocados por la exposición a alergenos y es debida a una inflamación mediada por anticuerpos de la clase IgE en la mucosa que reviste la nariz. Los síntomas de RA incluyen rinorrea (secreción nasal acuosa), obstrucción nasal (congestión), picazón de nariz y estornudos, los que son reversibles espontáneamente o con tratamiento.

Actualmente la RA es un problema de salud en todo el mundo debido a su alta prevalencia, que parece estar en aumento. La RA se ha convertido en la enfermedad alérgica más frecuente tanto en niños como en adultos jóvenes y puede producir síntomas de intensidad variable, desde molestias leves hasta un cuadro severo que disminuye la calidad de vida y puede tener impacto en la vida social, el rendimiento escolar y laboral. A pesar de ello es una enfermedad sub-diagnosticada y sub-tratada.

Como la mayoría de los pacientes tienen síntomas que en un inicio son leves y se expresan durante las primeras horas de la mañana pudiendo quedar totalmente asintomáticos hacia la tarde, generalmente no perciben que su enfermedad va empeorando progresivamente tanto en intensidad como en frecuencia. Es decir, que parafraseando a “el Mendieta” del inolvidable negro Fontanarrosa, el paciente está “mal, pero acostumbrado”.

La demora en la atención médica correspondiente, frecuentemente hace que esta patología se complique. La RA habitualmente está asociada a otras afecciones tal el caso de asma, sinusitis, otitis, pólipos nasales, obstrucción nasal persistente, aumento en la susceptibilidad para las infecciones virales, etc. Llega a afectar en forma considerable la calidad de vida y producir dificultades para el aprendizaje, alteraciones del sueño, pérdida del sentido del gusto y del olfato. En general, todas esas enfermedades que aparecen con el tiempo y muchas veces por no tratar la RA en el inicio de la enfermedad, implican un tratamiento mucho más complicado, costoso y en ocasiones cruento como la cirugía de cornetes, de pólipos, de senos, entre otras.


Epidemiología y factores de riesgo


La RA es la enfermedad alérgica más frecuente y constituye un problema de salud pública en todos los países del mundo. Afecta a personas de cualquier grupo étnico, de cualquier condición socio-económica y de todas las edades.

Se estima que más de 600 millones de pacientes sufren esta enfermedad a nivel global, existiendo diferencias entre áreas rurales y urbanas, tanto en los países desarrollados como en vías de desarrollo, posiblemente por diferencias en las reacciones inmunológicas y/o condiciones medioambientales, socio-económicas y culturales.

Los datos de prevalencia de RA en el estudio ISAAC (Estudio Internacional de Asma y Alergias en Niños, ISAAC es su sigla del inglés) realizado en Argentina en 2007, muestra que el 16,7% de los niños entre 13 y 14 años y el 7,3% entre los 6 y 7 años, la padecen. Según un sondeo nacional efectuado por la AAAeIC, aproximadamente el 15% de los argentinos adultos tiene rinitis.

Los principales factores de riesgo para padecer esta afección son el antecedente personal y familiar de alergia y la contaminación atmosférica. En este sentido, se ha relacionado el grado de contaminación atmosférica, especialmente la generada por los vehículos a motor, y la polución del aire del interior de los edificios de los países industrializados con una mayor prevalencia de RA.

El diagnostico de la RA es fundamentalmente clínico y ofrece muy poca dificultades. Los síntomas característicos de RA (bloqueo nasal, prurito naso-ocular, estornudos en salva y rinorrea) constituyen el eje del diagnóstico en la práctica clínica.

El otro pilar diagnóstico es conocer si la RA es de origen alérgico o no. Para ello, las pruebas cutáneas son el método de elección y la modalidad más usada es la prueba de la puntura. Esta técnica consiste en aplicar gotas de extractos de alérgenos (pelo de animales, pólenes, hongos, ácaros, etc) en la parte anterior del brazo o en la espalda y luego, realizar una pequeña puntura en la piel a través de la gota con una lanceta que tiene una punta de 1 mm. Dado que es una prueba que causa muy poca molestia, es que se puede realizar en niños pequeños.


Tratamiento de rinitis alérgica


El tratamiento de la rinitis alérgica se basa en cuatro pilares: la farmacoterapia, la educación del paciente, la evitación del alérgeno y en algunos casos, la inmunoterapia. Al igual que en el asma, contamos con medicación de ‘rescate’ cuando el paciente está en una crisis alérgica, y otra ‘controladora’, como es el caso de los corticoides tópicos en forma de spray.

Para un correcto uso de la medicación, el paciente tiene que ser consciente de su enfermedad, saber que se trata de una afección crónica, y que necesita comprometerse con el tratamiento.

En cuanto a la “evitación”, es posible en algunos casos (sacar a la mascota de la casa si su epitelio es el que produce la alergia), pero muy difícil en otros (por ejemplo, en el caso de alergia al polen).

Actualmente existen guías internacionales que proponen un tratamiento escalonado de acuerdo a la severidad de los síntomas y según el grado de control alcanzado con el la medicación inicial. El tratamiento siempre será recomendado de acuerdo a cada paciente en particular, teniendo en consideración el espectro clínico y la severidad de los síntomas, las co-morbilidades, la preferencia del paciente, la seguridad de los tratamientos y el costo, especialmente en pacientes de bajos recursos o sin cobertura.

Un párrafo aparte merece el tratamiento farmacológico. Los antihistamínicos y los corticoides intranasales son las drogas de primera elección.

Con respecto a los antihistamínicos, lamentablemente se siguen utilizando los que se denominan de primera generación. Éstos NO son recomendados cuando se dispone de los de la segunda generación debido a los potenciales efectos adverso que poseen los primeros, tales como sedación excesiva, dificultad en el aprendizaje, aumento de riesgo en los pacientes que trabajan con maquinaria o conducen, etc.

En cuanto al uso de los corticoides en el tratamiento de la RA, debo mencionar que se recomiendan para el tratamiento de rinitis en adultos y niños a partir de los 2 años de vida. Indudablemente son los medicamentos más efectivos, sobre todo para el control de la congestión, uno de los síntomas más molestos y difíciles de resolver con el resto de los medicamentos disponibles. Tanto como en el asma, siempre deben ser utilizados por tiempo prolongado, nunca menor a tres meses. Sus efectos indeseables NO se deben comparar a los corticoides utilizados por vía oral o inyectable y esa NO debe ser una excusa para suspenderlo o utilizarlo por un período de tiempo corto, actitud que frecuentemente toman muchos pacientes sin escuchar las advertencias del médico que se lo indicó.

NO se deben utilizar las gotas descongestivas ya que producen una rápida adicción y contribuye a empeorar el cuadro. Los descongestivos, solos o combinados con antihistamínicos, son recomendados pero no se deben utilizar más de 5 a 7 días y hay que estar atentos a los efectos indeseables.

Por último, hay que tener en consideración que en algunos pacientes pueden persistir con síntomas o alcanzar bajos niveles de control clínico a pesar de las medidas terapéuticas instauradas con el consiguiente deterioro de la calidad de vida e implicancias socio-económicas. Esos casos requieren de inmunoterapia o ‘vacunas para la alergia’, que consiste en aplicarle al paciente la sustancia a la que es alérgico en dosis muy bajas, que van creciendo progresivamente, a fin de que el paciente vaya perdiendo o atenuando la sensibilidad a ese mimo alérgeno.

Las vacunas con alérgenos han demostrado ser capaz de reducir marcadamente la necesidad de medicación y mejorar la calidad de vida del paciente. Parecen ser la única intervención terapéutica potencialmente capaz de prevenir nuevas sensibilizaciones y a diferencia de todos los fármacos, tienen un efecto a largo plazo incluso después de discontinuar el tratamiento.

Podemos dejar como conclusión que “cuando un resfrío dura más de quince días, es mejor consultar a un especialista, alergólogo u otorrinolaringólogo, ya que probablemente se trate de una rinitis alérgica”
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