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Sunday, January 16, 2011

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Qué es una infección intrahospitalaria?

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Cuando uno va a un hospital a internarse espera mínimamente salir mejor de lo que ingresó. Es decir, que lo curen. Sin embargo, hay casos en donde sucede lo contrario.

Se estima que en Estados Unidos se produce una infección intrahospitalaria en aproximadamente el 10% de los pacientes, entre los que se incluye los servicios de atención a largo plazo o las instalaciones de rehabilitación.

En general, se puede contraer infecciones en el hospital porque los cuerpos están en un estado de debilidad debido a la enfermedad o su tratamiento, y muchas personas tienen heridas quirúrgicas o tubos que aumentan la probabilidad de infección que ocurren.


Los principales tipos de infecciones nosocomiales que pueden presentarse abarcan, en orden de frecuencia, la infección del tracto urinario, infecciones en un área de entrada de la cirugía, las diversas formas de la neumonía y las infecciones que afectan a la sangre (sepsis).

Vale decir que la mayoría de las infecciones intrahospitalarias se propagan por el contacto entre ciertos gérmenes y el paciente, ya sea a través de un visitante o un cuidador, o por entrar en contacto con el equipo del hospital que no se haya higienizado correctamente.

Desde esta óptica en general dos serían las causas más frecuentes de inserción de gérmenes durante una intervención: a) los llevados en material quirúrgico incorrectamente esterilizado (vestimenta, guantes, instrumental, etc.); o b) pertenecientes al ámbito del quirófano en sí mismo, inadecuadamente aseptizado.




Las infecciones nosocomiales pueden causar la muerte. Por eso, es probable que las personas que las padezcan necesiten permanecer en el hospital por más tiempo.

Se acepta -en general- que la infección intrahospitalaria puede derivar de tres causas:


a) por extensión de un proceso de vecindad que contacta con tejidos no protegidos por las barreras mucosas (vecindad anogenital v.g.)

b) por mala técnica de antisepsia preoperatoria local en la pincelación del campo quirúrgico al cual se aproximan gérmenes de cavidades vecinas o de la piel, que se llevan al contacto con los tejidos celular, musculares y óseos (enterococos, colibacilosos, etc.);

c) por gérmenes asentados en material quirúrgico indebidamente esterilizado que se introducen en el organismo durante el acto quirúrgico.

d) por falta o deficiencia en la asepsia del cirujano y/o de los miembros del equipo quirúrgico y/o de los integrantes del equipo paramédico y/o del personal a cargo del post-operatorio.

Se consideran , aparte de las endoinfecciones que derivan de procesos orgánicos, las exoinfecciones, imputables a factores extraños en principio al cuerpo humano.

En la mayor parte de estos casos, , la complicación séptica sólo se explica por la inserción durante el acto operatorio de gérmenes o bacterias que llevados en materiales quirúrgicos inconvenientemente esterilizados, o pertenecientes al ámbito del quirófano inadecuadamente aseptizado, provocan un proceso infeccioso.

Desde esta óptica en general dos serían las causas más frecuentes de inserción de gérmenes durante una intervención: a) los llevados en material quirúrgico incorrectamente esterilizado (vestimenta, guantes, instrumental, etc.); o b) pertenecientes al ámbito del quirófano en sí mismo, inadecuadamente aseptizado.


No dejamos de tener en cuenta las inherentes a la persona en sí; entre ellos nariz, cabellos, barba, bigotes, fuera de los elementos de contención.

En consecuencia, y desde el punto de vista legal, demostrada la relación de causalidad entre el acto quirúrgico y un proceso infeccioso nosocomial, se configura -en principio- la culpa del establecimiento sanatorial, porque se trata del incumplimiento de la obligación que le cabe a éste de otorgar servicios que brinden seguridad asistencial al paciente por la propia organización sanatorial, sus auxiliares y técnicos. Además, medio ambiente quirúrgico adecuado: quirófano, higiene de techos, paredes, lámparas, etc.

En base a estos principios, la Jurisprudencia ha declarado que "si la infección que padeció el paciente revistió la condición de intrahospitalaria, es decir proveniente del medio ambiente, no atribuible a patología propia del paciente, la responsabilidad por las consecuencias recae sobre el hospital, aún cuando resulte imposible llevar a cero la posibilidad de una infección hospitalaria y cualquiera sea el fundamento de tal" (Cámara Civil, 20-10-94 Autos "Maciel, Amanda E. c/Sociedad Italiana de Beneficencia s/Daños).

Analizado el problema desde otro ángulo, o sea desde la óptica de la responsabilidad del cirujano y su equipo, si se ha de juzgar un caso de infección intrahospitalaria contraída en un establecimiento asistencial, o en un quirófano en ocasión de una intervención quirúrgica de las llamadas "limpias", resultar apropiado y conveniente probar y deslindar la responsabilidad de la actividad del cirujano por su hecho propio, en cuanto al perjuicio o daño sufrido por el paciente.

Recordemos que la responsabilidad contractual del equipo de cirugía, en la persona de su jefe, se fundamenta legalmente en la existencia de una obligación siempre de medios, pero que comporta y conlleva una obligación tácita de seguridad en virtud de la cual el jefe de equipo se compromete por el hecho propio y de sus auxiliares, aunque no como una obligación de resultado exitoso.

Pero, además, debemos precisar que esta obligación de seguridad que asume el jefe de equipo garantiza solamente aquellas prestaciones o actos que realizan sus dependientes o auxiliares y que el jefe haya tenido la obligación de controlar o supervisar (ley 17.132).


En sentido lato, podría hablarse jurídicamente de una "culpa in-vigilando" pero en rigor es lógico admitir que el cirujano jefe de equipo no puede garantizar -repetimos- sino aquellas prestaciones que realizan sus dependientes, pero que él ha tenido la posibilidad de controlar o ha controlado o supervisado efectivamente.



La "culpa invigilando" como fundamento de responsabilidad no puede extenderse pues a las prestaciones de otros dependientes y colaboradores por actos o hechos que sean ajenos a aquella posibilidad de actuación tutelar del jefe.

En otro orden, tampoco la responsabilidad del cirujano podrá extenderse hasta donde éste no puede ejercer algún control o supervisión estando fuera de la órbita de la responsabilidad del jefe de cirugía, el lavado, la desinfección, esterilización y la preparación de los quirófanos, como de todo el instrumental y demás elementos que allí se utilizan, sometidos a procesos técnicos especiales de preparación, confiados a auxiliares o personal fuera del control del cirujano, que por lo general se llevan a cabo en otros lugares que no son los quirófanos en sí (ver "Normas de Organización y Funcionamiento de Centros de Esterilización y procesamiento de materiales en los establecimientos asistenciales". Res. N° 393 del 20 de mayo de 1994 - Ministerio de Salud y Acción Social).

Sobre este particular, y en congruencia con lo expresado, la Cámara Nacional en lo Civil en la causa caratulada "González, Juan Carlos c/Corporación Médica del Sur s/Daños", dejó sentada como doctrina a aplicar en casos similares que "La responsabilidad del lavado, desinfección, esterilización y preparación tanto de los quirófanos como de todo el instrumental y elementos que allí se utilizan, implica procesos técnicos especiales y personal idóneo a tal fin, proceso que se encuentra fuera de la esfera de la responsabilidad del jefe del equipo quirúrgico en tanto éste no es quien ejerce un control directo o supervisión sobre tal actividad".

Resaltamos que todos estos elementos y circunstancias deberán ser objeto de la debida atención y desarrollo en una eventual defensa judicial y motivo esencial de las pruebas pertinentes y oportunas, ante una posible acción reparatoria de daños, en cuyo debate habrán de formularse las alegaciones correspondientes para deslindar la responsabilidad de quienes hubieren actuado en las distintas etapas e instancias del acto médico-quirúrgico-asistencial.

En cuanto al grupo de las exoinfecciones, cuyo número crece a diario y cuyas causas muchas veces derivan en casos graves y fatales, creemos necesario llamar la atención sobre estudios e investigaciones llevados a cabo en recipientes de desperdicios, material de limpieza, estropajos, cepillos y trapos de pisos, etc., que actúan en los establecimientos asistenciales como material de contaminación.

Aún y aunque parezca sobreabundar, suele mencionarse que la colocación del termómetro clínico en un recipiente con o sin desinfectante se ha reconocido como un medio de contaminación y portador de la infección nosocomial.

Asimismo se ha atribuido a los vasos con flores, admitidos en las salas de enfermos, el ser portadores de ciertos gérmenes de tipo específico cuya erradicación es luego difícil de lograr.

También, la instalación de aparatos de acondicionadores de aire en habitaciones y quirófanos, pueden actuar como elementos de difusión y expansión de gérmenes diversos.

En otro orden, también se han señalado a los estetoscopios y los equipos de reanimación -que muchas veces no pueden desinfectarse convenientemente de uno a otro paciente, en las salas de urgencia-, como elementos de frecuente trasmisión de gérmenes que luego actúan a su vez como factores de resistencia a los medicamentos, antibióticos, etc., todo lo que configura un cuadro de situación cada vez de mayor espectro e importancia para ser tenido en cuenta en los procesos que analizamos.

Finalmente, el incremento del riesgo operatorio del enfermo que ha de someterse a una intervención quirúrgica por mediar otros factores como ciertas hepatitis y lesiones renales causadas al parecer por algunos agentes anestésicos, o la posible electrocución o quemaduras por una inadecuada toma a tierra de las conexiones o los aparatos electroactivados, complementan una gama de elementos a tener muy en cuenta en la prevención de los daños que pueden generarse al paciente en todo ámbito hospitalario.

A estos efectos preventivos, recientemente -al parecer- en la Universidad de Wisconsin (EE.UU.) considerando como medio de contagio al cateter intravenoso, tan indispensable para administrar nutrientes, fármacos y líquidos, se ha probado un nuevo tipo de cateter provisto de antisépticos con cuyo uso se habría demostrado la existencia de casi un 80% menos de casos de infección en los pacientes.

Los distintos factores que hemos citado, inciden profundamente en el ámbito del análisis y valoración de la responsabilidad profesional del médico, quien deberá tenerlos en cuenta y evaluar su trascendencia.

En este trabajo nosotros nos hemos permitido analizarlos desde la doble óptica médica y legal por la relevancia que reviste su consideración y la toma de razón que se hace menester para prevenir un resultado no buscado y desgraciado que puede derivar en un hecho dañoso de naturaleza culposa por haberse omitido involuntariamente aquellas diligencias que exige la naturaleza de la obligación médico-asistencial, de acuerdo a las circunstancias de la persona del paciente asistido, considerando siempre todo ello en orden al tiempo y lugar como define la ley.


EL MÉDICO, COMO CUALQUIER PERSONA, RESPONDE EN PRINCIPIO DE LAS CONSECUENCIAS INMEDIATAS DE SUS HECHOS PERO COMO DEJA SENTADO EL CODIFICADOR EN EL ARTÍCULO 902 DE NUESTRO CÓDIGO CIVIL, "CUANTO MAYOR SEA EL DEBER DE OBRAR CON PRUDENCIA Y PLENO CONOCIMIENTO DE LAS COSAS, MAYOR SERÁ LA OBLIGACIÓN QUE RESULTE DE LAS CONSECUENCIAS POSIBLES DE LOS HECHOS".

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