Es un síndrome muy común en los tiempos que corren, tanto que hasta se han naturalizado frases como “esto me quema el bocho” o “estoy limado”. Cuándo prestar atención


Para que alguien esté “quemado” o dicho con palabras más técnicas, para que alguien padezca el síndrome de “burnout” la primera condición que debe cumplir es que “que esté trabajando y que sufra estrés laboral”, asegura el Dr. Luis Mariani, médico psiquiatra, presidente de la Sociedad Iberoamericana de Salud Mental en internet y director del portal Eutimia.com.

Lo que “quema” es trabajar y sentir displacer con la tarea, es decir, manifestar malestar laboral. Esto produce un conjunto de signos y síntomas clínicos que describió el psiquiatra estadounidense Freudemberg en 1974, basado en lo que ocurría en el hospital donde se desempeñaba: el personal mostraba un agotamiento progresivo, desmotivación, mal trato a los pacientes y síntomas de ansiedad y depresión.

Si bien se pensó para el ámbito médico, este cuadro hoy se da en distintos rubros o actividades. Aunque puede decirse que el burnout se produce con mayor frecuencia en aquellos sectores donde se está atendiendo permanentemente a personas, por ejemplo, en el ámbito educativo o en atención al cliente.

“El tema de atender necesidades ajenas unido a otra serie de factores y a cómo es el ambiente laboral, pueden conducir a un agotamiento por estrés laboral. La persona refiere sentirse muy cansada a nivel mental, falta de energía, desgano, apatía, tensión, insomnio, dificultades en la concentración, de memoria y hasta síntomas de ansiedad o depresivos”, explicó Mariani y agregó que "la persona que sufre de burnout suele identificarse con la siguiente frase: 'no doy más con este trabajo'".

Las 3 características de la “cabeza quemada” son:
1) Síndrome de agotamiento emocional y físico
2) Deshumanización (que se manifiesta cuando la persona comienza a tener actitudes negativas, de insensibilidad hacia quienes los rodea o con quienes se relaciona).
3) Sentimiento de baja realización personal.

En esta patología ocurre generalmente que quien la padece comenzó a desempeñarse en su actividad con altas perspectivas en cuanto a plan de carrera, crecimiento, salario y no alcanzó a cubrirlas. Se habla también de un desequilibrio entre la cantidad de demandas o su nivel y los recursos de afrontamiento de las mismas.

“Influye el ambiente laboral, el clima, los compañeros, la remuneración, la cantidad de horas diarias que se trabaja. También el tema de atender a los demás. Hay una cuestión de empatía. Trabajar con la angustia ajena desgasta. El permanente ‘ayúdeme, tengo este problema’ produce desgaste emocional”, dijo el experto.

Hay distintas etapas del burnout. “Existe un nivel que es irreversible y la persona se ve obligada a abandonar su trabajo, esto se da cuando no es tratado. Hay un nivel tratable, con psicoterapia y puede combinarse con medicación en caso de presentarse también ansiedad con insomnio discapacitante por ejemplo”, dijo.

La detección temprana del síndrome es fundamental para evitar la prolongación del sufrimiento que conduce a la persona a un círculo vicioso de baja en el rendimiento, frustración, desmotivación y luego agotamiento, vacío, desinterés: todo, con sus lógicas consecuencias sobre la salud física.
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