Para el médico, la enfermedad tiene un significado particular independiente del que tiene para el paciente. El médico ha adquirido a lo largo de su formación, desde que era un estudiante, una enorme cantidad de conocimientos, algunas habilidades y destrezas y también, aunque con menos énfasis y mayores dificultades, actitudes éticas.

Con todo este bagaje logrado con gran esfuerzo, persigue el objetivo de desempeñarse lo mejor posible en esta profesión-arte elegida por razones individuales diversas, sobre una base general de vocación de servicio y afinidad por los desafíos.

El médico se encuentra con el paciente en una posición distinta a él, ya que no sufre la enfermedad sino que cuenta con la preparación para resolverla, atenuarla o prevenirla.

Pero en la concepción que del paciente y de la enfermedad que lo afecta tiene el médico, influyen también numerosos factores personales: su propia situación emocional y afectiva, su autoestima, la confianza en la propia preparación profesional, sus creencias y concepciones, su personalidad, su historia individual y familiar con respecto de la enfermedad de que se trate y de la medicina misma, las características de la enfermedad que enfrenta y las dificultades para el diagnóstico y/o tratamiento, la etapa de la vida por la que está atravesando, su situación social y económica, el grado de malestar o de bienestar en el ámbito laboral, etc.



Significado de la enfermedad para el médico


En las Escuelas de Medicina, se enseña a ser un médico científico pretendiendo que la Medicina es una ciencia, ni siquiera se la conceptualiza como una disciplina científica.

Lo humanístico tiene cabida casi como “cultura general” y lo subjetivo por parte del médico se desalienta y descalifica porque hay que preservar “la máxima objetividad”.

Es así como nos han enseñado que en las historias clínicas no debe aparecer el lenguaje del paciente y las molestias y dolores que éste nos relata deben ser traducidos al lenguaje técnico correspondiente, ya esta es la forma “para que nos entendamos” y porque la Medicina “no es literatura”.


Ejemplo:

-Versión I: :”científica-objetiva”


Paciente de 65 años, con adenocarcinoma de endometrio Estadío III.a.
Trastorno Fóbico de la Personalidad, (cancerofobia severa).
Consulta por metrorragia hace un mes.
Ultimo control ginecológico hace 25 años, al nacer su tercer hijo.

-Versión II: “personalizada”

Julia, paciente de 65 años, cuando habla del diagnóstico, (adenocarcinoma de endometrio, Estadío III.a), se angustia y dice “no puedo pronunciar la palabra… tengo un cancirema”. Padece cancerofobia “desde que tiene memoria”. Está muy asustada. La acompaña su hijo mayor, “no me digan nada…todo díganselo a él…”.
A pesar de pertenecer a una clase media acomodada, no realizaba ningún control ginecológico ni médico en salud. Solamente concurría a la consulta médica frente a síntomas que no podía resolver con las medicaciones caseras habituales. En este caso, hace un mes, concurre al ginecólogo a raíz de una metrorragia.

Al entrevistador le produjo primero enojo la conducta de la paciente y luego le generó mucha pena.

Es difícil sobreponerse a este paradigma, sobre todo porque la concepción de una Medicina más humanística, requiere, además de la formación, de más tiempo de consulta en general y de una preparación personal para manejar la distancia operativa y construir la alianza terapéutica.

Por otra parte, la tarea médica es de una alta responsabilidad ya que implica actuar con rapidez, tomar decisiones y evaluar riesgos que involucran la salud de otras personas.

Algunos factores, además de los que previamente se han mencionado, pesan especialmente en la forma en la que un médico ejerce su profesión, como los relacionados con el desarrollo de la carrera médica, como la necesidad de estar actualizado, de lograr títulos de especialización, de realizar posgrados, de presentar trabajos de investigación, etc, que son importantes especialmente en algunas instituciones que exigen un mayor nivel académico.

Además existen factores económicos que influyen en el desempeño profesional tales como la sobreocupación, que en la actualidad es evidente y también alarmante, que implica no solo atender a más pacientes de lo que sería conveniente, sino realizar actividades laborales en diversos ámbitos, cada uno de los cuales tiene normas y reglas diferentes, lo que exige del profesional de la salud, gran flexibilidad y capacidad de adaptación.

También son factores estresantes la subutilización de habilidades adquiridas por el profesional, cuando éste, no puede aplicarlas en su lugar de trabajo; la rutinización de la tarea, el número excesivo de pacientes atendidos y el tiempo breve de consulta, las carencias en la infraestructura y los insumos insuficientes o de menor calidad y eficacia.
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