Treinta minutos de exposición al humo de un cigarrillo ajeno bastan para que las arterias de nuestro organismo registren alteraciones en su funcionamiento




“Existen estudios clínicos y de laboratorio que demuestran que luego de 30 minutos de exposición al humo del cigarrillo las arterias de los no fumadores sufren alteraciones funcionales y estructurales”, señaló el doctor Joaquín Barnoya, director de investigación de la Unidad de Cirugía Cardiovascular de Guatemala (UNICAR) y Profesor de la Universidad Washington en San Luis, Estados Unidos.

Según explico el doctor Barnoya el endotelio, una capa de células en la arteria vital para su adecuada distención y contracción, es el órgano cardiovascular que se daña con la exposición breve al humo de un fumador. Con el objeto de estudiar las posibles alteraciones que produce el humo en fumadores pasivos se ha expuesto a personas y animales de laboratorio, durante lapsos equivalentes a media hora, a niveles similares a los que se respiran en un bar. Barnoya afirma que “los efectos se han medido de diferentes maneras y todas concuerdan con el mismo resultado”.

A nivel celular, se ha medido el daño y recuperación de las células de la arteria. Estos estudios están publicados en revistas de cardiología como “Circulation”, “Journal of the American College of Cardiology” y “Heart”. Recientemente el Instituto de Medicina en Estados Unidos publicó un informe que arrojaba conclusiones coincidentes.

Según informes de la Organización Mundial de la Salud cada año mueren cerca de medio millón de personas como resultado de la exposición pasiva al humo de tabaco.

Los daños que produce el tabaquismo pasivo se van acumulando a lo largo del tiempo. “Un estudio demostró que la sangre de fumadores pasivos expuestos repetidas veces a humo de cigarrillo durante 12 días tenía las mismas características de la sangre de los fumadores regulares. Esto es, es más propensa a formar coágulos que pueden producir un infarto o derrame cerebral”, aseveró Barnoya. Y agregó: “Se han identificado varios compuestos del humo de tabaco que dañan las arterias como acroleína, plomo, cadmio, benzo-a-pireno, partículas suspendidas, e hidrocarbonos aromáticos policíclicos, entre otros compuestos del humo de tabaco. La nicotina, contrario a lo que comúnmente se cree, tiene un rol pequeño o nulo en el daño cardiovascular.”

El daño que producen esos compuestos del humo del tabaco tienen lugar directamente sobre la célula endotelial y en particular su estructura “incluyendo la mitocondria, que es una estructura celular que genera energía dentro de la célula y que facilita su respiración”, puntualizó Barnoya. Y agregó que “aparte de las implicaciones cardiovasculares obvias, el endotelio también es parte fundamental de las arterias del cerebro por lo cual eso también puede incrementar el riesgo de derrames cerebrales.”

Asimismo el especialista destacó que dado que en general las paredes de las arterias están dañadas respecto de las funciones asociadas con su contracción y dilatación, “el proceso de cicatrización y procesos vasculares en general también están afectados. Por último, la impotencia sexual masculina, consecuencia del daño endotelial, también es – en algunos casos- consecuencia de la exposición al humo de tabaco, ya sea activo o pasivo.”

El tabaco es la principal causa de enfermedad crónica no transmisible en el mundo, afirmó Barnoya. “Para los países en vías de desarrollo es particularmente importante un programa integral de control de tabaco. Estos países se encuentran en las etapas tempranas de la epidemia de tabaco por lo que hay una ventana para prevenir la mayor parte de las muertes. Por otra parte el tratamiento de las enfermedades crónicas es una carga económica y social que estos países no soportarán en un futuro cercano. En ese sentido es de crucial importancia que se implementen programas de control de tabaco que impacten en forma positiva tanto en la salud pública como en las economías de los países”, concluyó el especialista.
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