Al igual que fiebre o dolor, la tos es una manifestación del organismo que ha sido invadido y tiene la necesidad de expulsar al agresor. No obstante, hay formas de solucionar el problema y evitar complicaciones mayores, ¿quiere saber cómo?

La tos es una reacción común que manifiesta el organismo con el propósito de expulsar cuerpos extraños presentes en el tracto respiratorio, el cual incluye a garganta o faringe, laringe, senos paranasales (cavidades ubicadas en los huesos que están alrededor de ojos y nariz), y fosas nasales, así como traquea, canales auditivos, bronquios y pulmones.

Los elementos irritantes bien pueden ser contaminantes ambientales (por ejemplo, polen, ozono, polvo o dióxido de sulfuro, entre otros), o bien producidos por el propio cuerpo (moco y sangre), así como virus, bacterias y hongos causantes de infecciones.

Aunque a simple vista pareciera sencillo, el mecanismo de operación de la tos está cuidadosamente coordinado, de manera que en una fracción de segundo se libera aire comprimido a una velocidad de 160 kilómetros por hora.

El proceso se inicia cuando una sustancia irritante alcanza a uno de los receptores de la tos —ubicados en nariz, garganta y tórax—, y envía un mensaje al cerebro, el cual a su vez indica al organismo que tosa, acción que comprende tres fases: la primera corresponde a la entrada de aire a los pulmones, luego los músculos abdominales y torácicos se contraen con energía y al final empujan al diafragma, con lo cual se provoca la salida del aire y con ello que se eliminen sustancias y microorganismos invasores y que las vías respiratorias se despejen para que podamos respirar.

Cabe destacar que la naturaleza de la tos también varía, por ejemplo, puede ser húmeda y acaba, en general, con la expulsión de moco, sangre u otro tipo de material orgánico; en cambio, se torna seca cuando es provocada por estímulos externos, siendo casi siempre irritante y, a menudo, una vez cesado el estímulo, continúa por simple mecanismo nervioso.


¿De dónde viene?


Pese a que la tos inicia abruptamente y dura pocos días —en la mayoría de las personas—, hay ocasiones en que se prolonga durante semanas, y puede clasificarse sencillamente en dos tipos:


dijo:
* Aguda. Se caracteriza por durar entre 3 y 7 días y ser manifestación de gripe, resfriado, introducción de un cuerpo extraño al organismo o inhalación de humo y sustancias irritantes.

* Crónica. Se prolonga por varias semanas y, en algunos casos, puede durar meses, lo cual obedece a padecimientos más severos, como asma, sinusitis, tos ferina, bronquitis, bronconeumonía, neumonía, alergias, cáncer de pulmón y enfisema pulmonar, entre otros.


Ahora bien, como se ha mencionado anteriormente, la tos es manifestación de que algo anda mal en el organismo, es decir, de que hay alguna enfermedad que la origina, siendo las más importantes:


dijo:
Alergias. Al consumir ciertos alimentos o medicamentos, por inhalación o a través de la piel ingresan al organismo sustancias a las que reconoce como peligrosas, provocando una reacción negativa y exagerada del sistema inmunológico, el cual produce una sustancia llamada histamina, principal responsable de la tos, así como de comezón, ojos llorosos, ronchas, obstrucción nasal, mareo y dolor de cabeza.



Asma. Enfermedad crónica que obstruye al aparato respiratorio al inflamar los conductos que llevan aire a los pulmones, lo que puede suceder cuando se sufre alergia o infecciones ocasionadas por virus, si se tiene exposición al clima frío o humedad, al fumar en exceso o presentar estrés; las principales manifestaciones del asma son tos, opresión en el pecho, sensación de ahogo y silbidos al respirar.



Bronquitis. Padecimiento ocasionado por virus o bacterias que se extiende a los bronquios (conductos que transportan el aire hasta los pulmones) y los inflama, como consecuencia de enfermedades de las vías respiratorias, ya sea porque el padecimiento no se atiende adecuadamente o porque las defensas del organismo son débiles.



Cáncer de pulmón.
Las células de los pulmones pueden verse dañadas y reproducirse sin control, llegando a formar tumores e invadir a los tejidos que se encuentran cerca de ellas. El principal factor de riesgo para desarrollar esta enfermedad es el tabaquismo, ya que el humo del cigarro altera las estructuras celulares, aunque también se presenta al exponerse frecuentemente a contaminantes ambientales y sustancias tóxicas (arsénico, berilio, cobalto, selenio, alquitrán, alcohol isopropílico, asbesto, aceite mineral y materiales radiactivos).



Enfisema pulmonar. Fumar en exceso y exponerse a sustancias tóxicas como las mencionadas anteriormente provocan que las paredes de alvéolos o sacos aéreos (estructuras de los pulmones) se inflen de manera excesiva y se destruyan paulatinamente, afectando considerablemente la función respiratoria y, por ende, siendo casi imposible transferir oxígeno al torrente sanguíneo.



Faringitis. La faringe se encuentra en la parte posterior de la boca y por ella transitan los alimentos al esófago. Cuando este órgano se inflama e irrita la mucosa protectora provoca tos, además de dolor al tragar saliva, fiebre y malestar general. El problema se origina por microorganismos que aprovechan los cambios de temperatura y problemas del sistema inmunológico para atacar nuestro organismo, así como por ambiente contaminado, fumar o gritar demasiado.


Gripe. Al igual que el resfriado (aunque éste con menor intensidad), se trata de una infección común en las vías respiratorias y garganta causada por un virus, el cual encuentra las vías de manifestación ideales en cambios bruscos de temperatura (principalmente cuando ésta va a la baja). Se caracteriza por tos, así como por escurrimiento nasal, dolor de garganta, estornudos, escalofríos, fiebre y/o dolor en las articulaciones.



Laringitis. La laringe es un órgano de las vías respiratorias donde se produce la voz; está ubicada entre la faringe (tubo muscular situado en la parte posterior de la boca) y la tráquea (conducto respiratorio), y cuando se inflama el tejido mucoso que la reviste en su interior, da pie a la tos. No es raro que la laringitis sea un síntoma de otras enfermedades, como gripe, bronquitis o neumonía, ocasionadas a su vez por virus y bacterias, bajas en la temperatura ambiental o bien por inhalación constante de sustancias irritantes o a las que se es alérgico, como polvo, humo del cigarro o químicos (silicio, azufre, carbono y más).



Neumonía. También se le conoce como pulmonía y es una infección en pulmones que regularmente se presenta como complicación de algunas enfermedades, como resfriado, gripe, tos ferina, bronquitis, asma o bien, cuando el sistema inmunológico (aquel que nos defiende del ataque de microbios) se encuentra debilitado. Además de la tos pueden presentarse otros síntomas, como escalofríos repentinos, fiebre, respiración rápida y corta con pujidos o silbidos, coloración azul (cianosis) en la piel, sudoración, dolores de pecho, cabeza, articular y muscular, presencia de moco color amarillo, verde o con sangre, debilidad y palidez.



Sinusitis. Resfriados y alergias mal cuidados dan origen a inflamación en senos paranasales, estructuras que cuando sufren daño evitan que el aire que respiramos se caliente, humedezca y filtre, manifestándose, además, dificultad para vocalizar ciertos sonidos. Aunada a tos, hay acumulación excesiva de secreciones espesas, fiebre, cansancio, congestión nasal, sensación de hinchazón en rostro, dolores de cabeza y dientes, hemorragia, malestar general, ardor e irritación de ojos, pérdida del olfato y ronquera.



Tos ferina. Enfermedad respiratoria que puede presentarse a cualquier edad debido a la infestación de cierto tipo de bacterias en nariz y garganta. Las molestias se presentan generalmente entre 6 y 20 días después de haberse contagiado, las cuales incluyen secreción nasal, estornudos, fiebre leve y tos, la cual llega a agravarse al grado de ser incontrolable.



Tuberculosis. Infección ocasionada por la bacteria Micobacteryum tuberculosis que normalmente afecta a los pulmones, pero puede extenderse a otros órganos. Se contagia al tener contacto con pequeñas gotas de secreciones o saliva de personas infectadas. Se manifiesta mediante tos persistente, además de fiebre alta, cansancio constante, pérdida de peso, sudor nocturno, pérdida del apetito, sensación de ahogo y, en casos graves, expulsión de sangre por la boca, así como palidez y coloración azulosa en labios y uñas.



10 consejos


Aunque la tos es un mecanismo de defensa, su persistencia ocasiona fatiga, interrumpe el sueño, interfiere con la alimentación y puede propiciar vómito, así como producir irritación de laringe, tráquea y bronquios. Es por ello que a continuación le ofrecemos algunas sugerencias para evitar que la tos lo haga su presa:


dijo:
1. Se recomienda abrigarse adecuadamente al salir de casa o de un lugar donde la temperatura sea más alta que en el exterior; haga todo lo posible por no inhalar aire frío.

2. Evite los ambientes con humo, sea de tabaco, industrial o el de la cocina, pues tienen compuestos que invaden las vías respiratorias; procure, a toda costa, aire puro y limpio.

3. Por la noche, duerma con la cabeza a mayor altura para evitar ataques de tos, utilizando una almohada un poco más alta.

4. Las gárgaras ayudan a combatir la tos, pero deben realizarse con agua con sal que se habrá dejado hervir previamente durante cinco minutos. Igualmente ayuda mantener la boca limpia, para lo cual se recomienda usar enjuagues y antisépticos bucales, los que además de desinfectar esta área dejan fresco el aliento.

5. No fume, para ello puede recurrir a deshabituantes del tabaco; manténgase alejado de quien lo hace.

6. Incremente el consumo de alimentos ricos en vitamina C (naranja, toronja, guayaba, tangerina y mandarina, por ejemplo) e incluir en la dieta suplementos alimenticios que contengan este nutriente, pues de esta manera se fortalece el sistema inmunitario.

7. Practicar ejercicio fortalece los pulmones.

8. Solicite la vacuna contra el neumococo, causante de tos ferina, y en los menores aplique la denominada BCG para prevenirlos de la tuberculosis.

9. La inhalación de vapores calientes es un remedio de la abuela que resulta más efectivo cuando se prepara a base de aceites esenciales, eucalipto o menta, compuestos naturales que ayudan a la expulsión de flemas (acción expectorante). El mismo efecto logra el humidificador, aparato que además consigue que el ambiente sea húmedo y libre de impurezas para una mejor salud de los pulmones.

10. Si somos víctimas de gripe o resfriado, podemos proceder a un lavado de fosas nasales a base de agua con sal, sobre todo por la mañana, con lo cual conseguiremos que las paredes se humedezcan y se facilite la expulsión de moco, cuya presencia motiva al organismo a expulsarlo, mediante la tos. El mercado farmacológico ofrece aspersores que realizan la misma función de manera más eficaz, lo cual también mejora notablemente la respiración.

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